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La paradoja de Ander

Este domingo, Ander Herrera regresa a La Romareda por primera vez como jugador del Athletic de Bilbao. Sin duda, un partido especial para el que, hasta esta campaña, fuera abanderado de la cantera zaragocista.

Ander Herrera celebra un gol con la camiseta blanquilla
ander herrera
EFE

Del león rampante a la manada de San Mamés. Sin duda, Ander Herrera es, por derecho propio, uno de los grandes protagonistas del encuentro que, este domingo, enfrentará a su equipo de toda la vida, el Real Zaragoza, con la que actualmente es su casa adoptiva, el Athletic de Bilbao. Los vascos, convertidos en el conjunto de moda en el fútbol continental tras haber alcanzado la gran final de la Liga Europa, visitan el feudo aragonés en un choque dramático. Fruto de una dualidad de realidades que tienen como nexo de unión la figura del joven centrocampista.

Bilbaínos y zaragozanos representan, actualmente, las dos caras del fútbol. Los primeros, instalados en uno de los momentos más dulces de su centenaria historia, han logrado el éxito por medio de una fidelidad estricta a sus principales valores, especialmente en lo que a la formación y promoción de jugadores se refiere. Un modelo, en principio, anacrónico respecto al actual mundo del balompié que, sin embargo, los vascos han logrado desarrollar hasta el triunfo. Los blanquillos, por su parte, figuran como el ejemplo perfecto de los estragos que pueden causar una mala planificación. Tratando de sobrevivir con un equipo totalmente desnaturalizado, continuamente instalado en el presente más radical.

En la intersección, la paradoja Herrera. Canterano zaragocista y confeso seguidor blanquillo, el internacional sub 21 deberá pelear por los intereses rojiblancos. Una lucha por entrar en la Liga de Campeones cuyo efecto colateral más inmediato supondría el casi seguro descenso del Real Zaragoza.

Su último servicio

El conflicto de intereses que vive Ander reside en una promesa pasada. Lanzada y cumplida, por lo que no se puede reprochar, pero que muestra a la perfección el debate interno que, inevitablemente, debe existir en el lugar donde residen los sentimientos. Antes de marcharse al Athletic, el mediapunta prometió dejar al conjunto zaragocista en Primera División. Situación que, solo un año más tarde, podría ayudar a cambiar en caso de que Marcelo Bielsa decida utilizarlo.

Atrás queda una hoja de servicios intachable. En ella figuran desde el campeonato de España de Fútbol 7 alevín hasta la permanencia firmada la temporada pasada en el Ciudad de Valencia. Pasando, por supuesto, por un activo papel en el ascenso de 2009 o los alrededor de ocho millones de euros que su pase al Athletic ingresaron en las débiles arcas zaragozanas. Ahora, ya con las rayas rojiblancas sobre su pecho, se ha destapado como uno de los buques insignias del Athletic Club. Habiendo disputado 49 encuentros en el presente curso. Formando parte de una historia que todavía está por escribirse.

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