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Sergio García, el último zaragocista campeón con España, en la Euro 2008: "Soy un privilegiado"

El delantero centro catalán jugó la Eurocopa 2008 en Austria y Suiza, la primera de la trilogía de oro de títulos de la selección española a las órdenes de Luis Aragonés. El Real Zaragoza acababa de descender a Segunda, un hecho insólito.

Sergio García, delantero del Real Zaragoza, en el partido España-Grecia (2-1) en el que fue titular en la Eurocopa 2008 en Austria y Suiza, donde la selección española fue campeona.
Sergio García, delantero del Real Zaragoza, en el partido España-Grecia (2-1) en el que fue titular en la Eurocopa 2008 en Austria y Suiza, donde la selección española fue campeona.
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Tuvo el acierto y la fortuna de estar en el momento adecuado y en el sitio preciso para que Luis Aragonés lo citara para la Eurocopa 2008 Austria-Suiza. Es usted uno de los campeones en esa cita histórica.

Así fue. Es algo de lo que me siento muy orgulloso. Aquella convocatoria, que me llegó de manera rápida, tras un buen año en lo personal en el Real Zaragoza que, sin embargo, había acabado con un triste e increíble descenso a Segunda División, terminó siendo un premio increíble: fuimos campeones de Europa con España y, sin saber lo que estábamos haciendo, empezamos el camino de tres títulos seguidos, Eurocopa-Mundial-Eurocopa, que nadie ha hecho en la historia más que nuestra selección. 

Sergio García forma parte de esa generación de oro del fútbol español que desde 2008 a 2012, en un lustro mágico, alcanzó unas cotas de éxito que el paso del tiempo va a hacer cada vez más superlativas.

Es un privilegio poder haber contribuido a ese periodo que va a ser historia del fútbol español y mundial para siempre. Ir a la selección, cuando uno es profesional, es una de las grandes aspiraciones de todos los futbolistas. Y no, además de conseguirlo, lo hice en un momento emblemático. 

Su caso es muy singular. Tras ser un fijo en las selecciones inferiores de España desde niño en su fase de formación con el Barcelona, al final solo fue internacional absoluto dos veces: en un amistoso contra Perú en Huelva justo antes de esta Eurocopa y, después, en ella, contra Grecia. ¿Cómo fue aquella llamada de Luis Aragonés?

Aunque el Real Zaragoza acababa de bajar a Segunda, yo había sido seguido por el seleccionador porque mi año, en el apartado particular, había sido bueno. Y en el momento de preparar la convocatoria definitiva, Luis quiso verme de cerca y me llamó para el partido con Perú. Después, recuerdo el día de la convocatoria definitiva. Estábamos entrenando en la Ciudad Deportiva, en Zaragoza, y la vimos en directo. Yo no me esperaba estar en la lista. Se decía que la duda para ese puesto de la delantera era entre Cazorla o yo. Y al final nos metimos los dos en los planes del míster.

Entonces, ¿quién se quedó fuera?

Luis García, Bojan, Tamudo y Riera eran los que estaban yendo en las últimas convocatorias de aquella temporada acompañando a Villa y Fernando Torres. Finalmente, a Austria y Suiza fuimos Cazorla y yo y estos cuatro no fueron llamados por Luis Aragonés. 

Que el seleccionador llevara a un jugador que había descendido a Segunda fue motivo de comentario en el ámbito nacional. Era anómalo.

Sí, fue lógico que se hablara de ello. Pero es que aquel descenso del Real Zaragoza, con aquel equipazo, fue igual de anómalo. Algo inexplicable. Diego Milito, Oliveira, Ayala, Aimar, D'Alessandro, Matuzalem, Diogo, César, Juanfran, Celades, Óscar... Internacionales por todos los sitios, gente de primerísimo nivel. Yo jugué 38 partidos, casi todos, marque 4 goles y di varias asistencias. Luis Aragonés quería un delantero de mis características, estaba claro. Y en la Federación me conocían desde niño. Tenía ya 24 años, pero tenía detrás decenas de partidos con España en todas las categorías. Eso, al final, cuenta mucho si hay continuidad en el cuerpo técnico. 

En ese momento previo a la Eurocopa, su sensación sería rara. 

Agridulce, difícil de explicar y de asimilar. No daba crédito aún a verme en un equipo que había bajado a Segunda División contra todo pronóstico, pues estábamos diseñados para pelear por lo alto de la tabla. Y, de repente, España me llamaba para disputar la Eurocopa. Pocas veces alguien se habrá visto en esta situación. Yo me sentía miembro de un fracaso colectivo y, a la vez, premiado por mi rendimiento individual. 

No fue a la Euro como titular, evidentemente. No participó en los dos primeros partidos, con victorias por 4-1 ante Rusia y 2-1 sobre Suecia. Pero sí jugó todo en el tercero, con el triunfo por 2-1 ante Grecia. 

Claro. A ver quién les quitaba el sitio a Villa y Fernando Torres. Al ganar los dos primeros cruces del grupo llegamos ya clasificados al tercero contra Grecia. Fue un inicio de torneo excelente, inmejorable. Y Luis Aragonés decidió que el tercer día todos tuviéramos nuestros minutos y fuéramos partícipes de tan buen rendimiento general de todo el equipo. El míster confiaba mucho en todos y cada uno de los jugadores que había llevado y nos lo demostró ese día contra los griegos. Hizo una alineación totalmente diferente a la titular y los que salimos lo dimos todo para que no se notara nada ese cambio. Teníamos que ganar, responderle y redondear el tres de tres en la primera fase. Y lo hicimos: 2-1. Dimos la talla en la oportunidad que nos surgió. Fue muy bonito por todo aquel detalle. 

Y usted estuvo a punto de marcar un gol.

Sí, un remate pudo haber acabado dentro. Fue una lástima. Pero me desquité poniéndole la asistencia a Güiza para que marcase él uno de los dos goles. A mi me gustaba tanto marcar los goles como dárselos a mis compañeros, esa era una de mis virtudes y seguro que fue por lo que estuve en esa Eurocopa. Recuerdo ese partido como algo grandioso en mi carrera. 

Ya no volvió a salir al césped. Empate a cero con Italia en cuartos, con pase en los penaltis; semifinal de nuevo ante Rusia, con otra goleada por 3-0. Y la final con Alemania, el título gracias al gol de Fernando Torres en el 1-0 definitivo. 

España empezó a practicar en este torneo un fútbol distinto a todo lo visto. Nadie esperaba lo que hicimos. Fue el principio de todo lo que vino después. Dimos un golpe tremendo. Italia tenía un equipazo. Rusia también. Y, por supuesto, Alemania. Les pasamos por encima a todos, superándolos en todo, también en los pequeños detalles que durante décadas anteriores siempre penalizaban a España. Ahí cambiamos el sentido de las cosas. 

Llevó el dorsal '16', ¿por qué?

Todos los jugadores tenían su dorsal elegido de mucho tiempo antes, los habituales siempre tenían el suyo y otros ya lo habían adquirido en los meses precedentes. Cuando llegamos a última hora Cazorla y yo solo quedaban dos libres: el 12 y el 16. Decidimos el reparto así, Cazorla prefirió el 12.

Al regreso de la Eurocopa, como estaba cantado, usted dejó el Real Zaragoza de Segunda División.

Empecé la pretemporada en Zaragoza, pero estaba decidido que iba a salir. No porque yo lo dijera no porque me negara a jugar en Segunda, que no fue así, sino porque el presidente, Agapito Iglesias, me dijo que me tenía que vender para aliviar el apartado de presupuesto y adecuarlo a Segunda. Explicó que el club estaba muy necesitado en que me fuera, tanto yo como otros compañeros más. Viajé en la primera jornada de liga al campo del Levante, aún en agosto, pero no me vestí porque se estaba cerrando mi traspaso al Betis. Y esa operación se firmó unos días después y me marché. 

Pese a seguir siempre en Primera con en Espanyol y el Betis, ya no regresó a la selección española.

Era muy difícil. Primero, dejó de ser seleccionador Luis Aragonés y llegó Del Bosque. Y, además, el crecimiento de aquella España campeona fue brutal. Los delanteros, Villa y Fernando Torres, fueron indiscutibles durante largo tiempo. El bloque se hizo sólido y casi inamovible durante varios años.

Sergio García fue un goleador regular en su carrera. ¿Cómo ve el deterioro anotador de este Zaragoza actual en Segunda División?

En todos los equipos, en todas categorías, si tienes al menos a un buen goleador, un gran delantero que te mete buena parte de los goles, al final estás cerca de los objetivos. Es una pena que en el Real Zaragoza lleven cuatro años sin tener un solo goleador. De haberlo tenido, a lo mejor estarían hablando de otra cosa. Este ha sido y es siempre un asunto clave.

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