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La búsqueda de Carcedo

El técnico aún no ha encontrado la tecla exacta que haga del Real Zaragoza un conjunto fiable y ganador. Frente al Éibar, volvió a darle una vuelta al equipo.

Entrenamiento del Real Zaragoza
Entrenamiento del Real Zaragoza
Toni Galan

Al Zaragoza de las primeras ocho jornadas de la temporada lo han definido la inconsistencia, la discontinuidad y la vaguedad de su fútbol. No es aún un equipo de identidad reconocible y concreta, y eso se ha traducido en una dinámica de irregularidad, con solo 9 puntos sumados de 24 posibles y una situación clasificatoria muy alejada de los objetivos establecidos. En su camino hasta este punto del curso, representado por el descorazonador empate del lunes contra el Éibar, Juan Carlos Carcedo ha conducido al equipo por diferentes fases en su evolución. Una búsqueda del modelo de juego ideal para su plantilla en la que aún no ha encontrado todo aquello que cualquier entrenador pretende para su equipo: un estilo, una estabilidad competitiva, una defensa regular y fiable, un ataque productivo y eficaz… Pero, sobre todo, un equipo que gane partidos.

En estas ocho primeras jornadas, Carcedo aún no ha pulsado la tecla exacta, y la sensación que dejó el empate contra el Éibar, más la derrota previa contra el Mirandés, es que ese momento, ese punto en el que la mezcla general de futbolistas, su correcto orden y organización, las pequeñas relaciones y sociedades dentro del campo o la cohesión entre líneas entran en funcionamiento, aún no queda cerca. Al contrario, en este proceso durante el cual el Zaragoza se ha puesto a competir, su juego ha sido menos estable, cada vez más alejado de los preceptos de su prometedora pretemporada.

Ha habido una premisa básica en esta búsqueda de Carcedo. Aunque el equipo ha mantenido la misma fórmula táctica incluso repitiendo alineación tres jornadas consecutivas, los mecanismos, principios y conceptos aplicados en cada partido han estado más condicionados por las fortalezas y debilidades del rival que por las verdaderas capacidades del Real Zaragoza.

Esta excesiva supeditación a la variables de cada partido ha convertido al equipo en una personalidad poco definida, con escasa línea de continuidad en su idea. El Zaragoza ha pasado por cuatro etapas en este proceso de formación, delimitadas, principalmente, por dos puntos de inflexión: las derrotas contra Lugo y Mirandés.

Por un lado, el Zaragoza de Carcedo arrancó la temporada muy condicionado por dos factores: un mercado de fichajes aún abierto y la lesión de Iván Azón. Esto limitó en cierto modo la puesta en funcionamiento del equipo bajo las premisas del verano. Ni Azón estuvo disponible ni Chavarría siguió en el equipo tras su traspaso al Rayo Vallecano. El lateral era una pieza básica en el engranaje ofensivo de Carcedo, pero esa línea hubo de borrarla del manual de juego. En esos partidos contra Las Palmas, Levante o Cartagena el Zaragoza se ordenó siempre en 4-2-3-1 y se distinguió por su afán de control máximo, de juntar muchos futbolistas en torno a la pelota, buscar cambios de orientación, avanzar su línea de presión e insistir en el robo tras pérdida. Por entonces, Simeone no entró en el equipo hasta la tercera jornada, reservado como recurso ofensivo desde el banquillo en un fútbol en el que la posibilidad de hacer cinco cambios ha ganado un peso notable en la concepción de los planes de partidos. Al Zaragoza se le observaba, en todo caso, un esqueleto reconocible: una defensa con Gámez, Francés y Jair, un doble pivote con Grau y Molina; Bermejo y Vada como piezas creativas. Al argentino llegó a ocuparlo de falso extremo izquierdo frente al Levante, una posición resbaladiza para él, y en Cartagena, a Francho, lo avanzó a la mediapunta, una demarcación que no terminaba de encontrar dueño. La gestión posicional de ciertos futbolistas generó las primeras dudas.

El Lugo: un antes y un después

Frente al Lugo, Carcedo le dio el primer revolcón apreciable al equipo. La baja de Grau, la ausencia definitiva de Chavarría y las características del rival empujaron al técnico a jugar con tres centrales y dos carrileros, más una nube de centrocampistas (5-4-1). La imagen de la segunda mitad y el latigazo de la derrota dejaron muy señalado el discurso de Carcedo.

El técnico desmovilizó su apuesta contra el Lugo y en Ponferrada devolvió al equipo a sus rasgos más habituales. Para ese partido, se produjeron tres novedades reseñables: una lesión apartó a Francés y Víctor Mollejo accedió por primera vez a la titularidad de la mano del recién llegado Gabi Fuentes. También Gueye, que había debutado una semana antes, ampliaba los alternativas desde el banquillo. La plantilla ya estaba rematada y la victoria le dio a esa formación un impulso para otras dos jornadas más, contra el Sporting y el Mirandés: el Zaragoza tuvo aquí una continuidad de nombres muy poco frecuente en el fútbol de hoy. Frente al Sporting, el equipo consolidó su giro hacia un fútbol más vertical, menos retórico en su gestación, atrayendo al rival y buscando la espalda de sus mediocentros, bajándole Carcedo también unos peldaños al posicionamiento del bloque. El Zaragoza, en este sentido, alteró varios de los patrones que le habían definido en las primeras semanas de temporada. Todo saltó por los aires en Miranda, donde el equipo jugó muy largo y muy ancho, dividiendo sus líneas y posiciones. Tocaba un nuevo giro. Además, ante su crisis de gol, Iván Azón estaba listo para entrar en el equipo.

Y así, frente al Éibar, el Zaragoza presentó su cuarta estación evolutiva en la temporada. Carcedo mantuvo el dibujo, pero matizó los perfiles: Francho Serrano entró por Manu Molina para estirar más el juego y darle más presencia al equipo por delante de la pelota gracias a su buena interpretación de los desmarques de segunda línea. Y Azón entró en la punta del ataque, incrementando así el tonelaje ofensivo ante la falta de gol, decisión que, en todo caso, apenas los reunió con Simeone en el frente cuando el Éibar se quedó en inferioridad, pues el argentino operó de extremo izquierdo. El Zaragoza siguió sufriendo sus problemas habituales: juego denso, predecible, aplanado, precipitado… El equipo conserva buenas facultades defensivas. La red de ayudas, vigilancias, coberturas y apoyos y relevos implementados por Carcedo es una seña de identidad en el juego sin balón. Sin embargo, al Zaragoza le sigue faltando lo sustancial de su discurso.

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