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Real Zaragoza: la devaluación de Narváez

Menos goles, menos asistencias, menos acciones, más pérdidas... El delantero colombiano está lejos de su notable versión de la pasada temporada.

Partido Real Zaragoza - Alcorcón, en La Romareda.
Partido Real Zaragoza - Alcorcón, en La Romareda.
Oliver Duch

Ansioso, individualista, desacertado, intrascendente, desconectado… Ningún jugador del Real Zaragoza ha sufrido un retroceso en su impacto en el equipo como el colombiano Juanjo Narváez, muy alejado de la prometedora versión con la que la temporada pasada se convirtió en uno de los salvavidas de la plantilla y en el futbolista más destacado de un curso aciago. Sus goles -9 marcó- resultaron cruciales para la permanencia, así como su rendimiento ofensivo, con también cuatro asistencias agregadas a su cartilla estadística.

No fue, pese a todo, Juanjo Narváez un atacante involucrado en los mecanismos colectivos del equipo y en la interpretación general del juego, pero era un futbolista con colmillo, con intimidación, con determinación y con el soporte de los números. Olía el gol, es (fue) intuitivo para encontrarlo. En cuanto todo esto se ha desvanecido, Narváez se ha quedado en una versión devaluada de sí mismo. A nivel futbolístico, pero también a nivel de mercado, donde el verano pasado el club recibió tanteos en el rango de los dos millones de euros que se consideraron insuficientes. Ahora, con su rendimiento de este curso y un contrato camino de la última temporada, esas cantidades se antojan sobredimensionadas.

Narváez ha involucionado en la mayoría de los marcadores estadísticos del juego respecto a la pasada campaña. Cerró la pasada temporada con nueve goles y este curso apenas suma dos. No anota desde el 16 de octubre contra el Málaga. También asiste menos: de cuatro goles servidos, a uno. Lo más llamativo es esto, su bajonazo en la productividad ofensiva, porque rematar, remata más: 2,28 tiros por partido promedió en la 2020-2021 y 2,36 promedia en la actual.

También participa menos en el juego: de protagonizar la pasada campaña 62 acciones por partido, ha pasado a hacerlo en 58. Otros registros confirman esa línea decreciente: interviene en menos duelos defensivos (de 4,4 por partido a 3,15) y vence menos (del 56% al 50%); recupera menos balones (de 3,13 a 2,8) y pierde más veces la posesión (de 9,55 a 9,74).

Otros indicadores apuntan ciertas variaciones en el juego de Narváez este año. Por ejemplo, regatea más (de 3,08 a 3,07) y recibe más faltas (de 2,7 a 3,95), más que nadie en Segunda, signo de que Narvaéz retiene más la pelota, por mucho que haya corregido su persistencia en buscar el balón al pie: esta temporada, ha crecido en carreras al espacio (de 0,85 a 1,4).

En resumen, Narváez ha dado un paso atrás. Lejos de confirmar sus apreciables condiciones como atacante y limar las asperezas de su juego, ha perdido, sobre todo, lo mejor que tenía: la determinación y el olfato. Ha dejado de ser indiscutible. No ha tenido una temporada sencilla. La comenzó con un nivel físico exuberante, pero un par de lesiones musculares -la primera coincidió con el repunte del equipo en la primera vuelta- le han lastrado el desarrollo del curso. Tampoco su apetito competitivo ha sido tan voraz con el pasado curso, ni la dinámica del equipo ha ayudado. Y por último, queda la cuestión posicional: desde la banda izquierda, Jim le abre un abanico de libertades, pero Narváez nunca ha ocultado su preferencia de jugar por dentro y lo más adelantado posible. 

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