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La Romareda se arrodilla ante Violeta

El templo zaragocista despide con honores al futbolista que en más ocasiones defendió la camiseta del león rampante.

Recuerdo a Violeta en La Romareda.
Recuerdo a Violeta en La Romareda.
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Violeta no era una planta herbácea de hojas radicales con pecíolo muy largo. Tampoco el color morado claro que ocupa el séptimo y último lugar en el espectro luminoso. Violeta, en este caso, éramos todos, todos los que amamos y sentimos el Real Zaragoza, esté donde esté, juegue donde juegue, gane, empate o pierda el club que aglutina el sentir mayoritario de los aragoneses. Hasta por encima del mejor club del mundo, del Real Madrid. Para Violeta, el Real Zaragoza siempre fue lo primero.

Este domingo, allá donde quiera que esté (bien arriba, seguro), José Luis Violeta comprobó que él también es lo primero en La Romareda, igual que es el primero en partidos disputados (473) con la camiseta del león rampante junto al gran Xavi Aguado, en el sentido homenaje que le tributó el templo zaragocista antes del inicio del careo ante el Alcorcón.

Banderas a media hasta. La de España, la primera, acompañada por la de Aragón y la de la Inmortal Ciudad, y del Real Zaragoza y del Alcorcón. En la Puerta 5 también estaba la foto del León de Torrero, acompañada de velas y de flores. Antes de saltar el primer equipo al césped, salieron los chavales del Deportivo Aragón para celebrar el ascenso a Segunda RFEF. Después pisaron por fin la hierba el Zaragoza y el Alcorcón. Zapater y Laure con el brazal, junto a Sagüés Ozcoz.

Y después, un minuto de silencio con una profundidad que ni ‘Los Sonidos del Silencio’ (‘The Sounds of Silence’), la icónica canción de Simon & Garfunkel. “Hola, oscuridad, mi vieja amiga/he venido a hablar contigo de nuevo/porque una visión arrastrándose suavemente/dejó sus semillas mientras dormía/y la visión que se plantó en mi cerebro/todavía está/dentro del sonido del silencio”.

En medio del respetuoso silencio gravitaban las imágenes que retratan porciones esenciales de la historia del Real Zaragoza. Daguerrotipos del benjamín mimado en ese equipo de locura de Los Magníficos, ese equipazo que sigue definiendo el canon que define el fútbol de La Romareda. Y ya de mozo, el defensa que capitaneaba a otro conjunto de leyenda, el de Los Zaraguayos. Y entre uno y otro, ese futbolista de bandera que solo defendió la camiseta del león rampante y otra camiseta absolutamente compatible con la del Real Zaragoza, la de España, junto a estandartes del fútbol patrio como Iríbar, Del Sol, Pirri o Amancio.

Esta fidelidad, esta pasión que no necesita de más adjetivos que la califiquen, la respetó en silencio La Romareda, para, solo cinco minutos después, partirse las manos cuando llegó el minuto 5, el mismo número que defendió como nadie ha hecho el León de Torrero. En verdad, fue un acto de reciprocidad de La Romareda en memoria del futbolista que con más ardor luchó por ella.

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