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Un Zaragoza conformista y gris

Análisis de las claves del empate (0-2) del Real Zaragoza contra la Ponferradina en el estadio El Toralín.

Imágenes del partido Ponferradina - Real Zaragoza
Imágenes del partido Ponferradina - Real Zaragoza
EP

1. Jim: al ataque sin ataque

El Zaragoza sobrevivió en Ponferrada en un partido que anuncia pocas cosas buenas de un equipo en recesión, con la identidad emborronada y un juego cada vez de ideas menos concretas. Juan Ignacio Martínez, con cinco bajas relevantes, armó uno de los onces de perfil más atrevido de la temporada. Un 4-4-2 en el que se reunieron arriba Álvaro y Narváez, flanqueados por Bermejo y Borja Sainz. El doble pivote lo conformaron Francho y Petrovic. Lo más llamativo fue la posición de Borja, infrautilizado en partidos previos: Jim lo acostó en la banda izquierda, un carril en el que resulta más sencillo defender su desequilibrio y en el que no ha destacado tanto como en la derecha, donde su fútbol se hace más simple, pero más eficaz. El Zaragoza, de este modo, le salió a la Ponferradina con un equipo de atacantes, aunque apenas le atacó. Desde el comienzo del partido, se atragantó con la pelota y se observó que no era el mejor día para desarmar el centro del campo de tres futbolistas.

2. La danza de Bolo

La Ponferradina no está donde está por casualidad. Presenta rasgos del fútbol moderno, con un juego trepidante, vertiginoso, dinámico e imprevisto. Hay artesanía táctica en su modelo, sólido en defensa y preciso con la pelota. Al Zaragoza lo cruzó a espadazos metiéndole hombres a la espalda de cada futbolista. La Ponferradina salía limpia gracias a sus variadas fórmulas y mecanismos, intercalando jugadores en pasillos interiores y filtrando pases verticales. A las espaldas del doble pivote zaragocista, especialmente en el sector derecho, Agus Medina, Saverio y Cristian organizaron un carnaval solapándose entre líneas. La Ponferradina lanzaba a sus laterales, y los hombres de la mediapunta de su 4-2-3-1 se concentraban por dentro, con Dani Ojeda, presunto extremo derecho, liberado, intercambiando posiciones, leyendo espacios, asociándose en un vibrante despliegue de automatismos. Una danza viva y fresca. Por momentos, Zaragoza y Ponferradina parecían equipos de deportes diferentes, de categorías distintas. Mientras que Jim parecía un entrenador del pasado, Bolo parecía llegado del futuro.

Real Zaragoza vs Ponferradina - Football tactics and formations

3. El viejo Cristian

Ante semejante panorama, el Zaragoza no tardó en vivir girado sobre su portería. Infinidad de ocasiones (17 remates locales por 8 visitantes dejó el partido) salpicaron a Cristian, sometido a otra de las singularidades de la Ponferradina: sus oleadas, con sus futbolistas atacando en vertical permanentemente. Frente a ese asedio, el Zaragoza se refugió en los guantes de su portero. El veterano Cristian, como en su viejas mejores noches, sacó tres balones de gol que le dieron vida a su equipo y salvó, en cierto modo, el punto obtenido por un Zaragoza especulativo, a la espera, conservador y conformista que trató de hacer largo el partido en cuanto pudo escapar del empuje berciano. En la pelota, los de Jim no encontraron soluciones: la Ponferradina, un equipo que defiende siempre -alto o bajo- en pocos metros, ahogó la salida de sus centrales y lo condenó al patadón sin un faro en el campo, con Petrovic náufrago en la dirección y Gámez poco profundo y progresivo.

4. La Ponferradina se deshincha

Jim no movió nada pese a que el Zaragoza estaba destripado en su centro del campo. No reforzó esa línea ni tampoco propuso alternativas de ataque como un cambio de banda de Borja Sainz. El reloj corría y esa pasó a ser la mejor arma aragonesa. La Ponferradina fue sintiendo debilidad física y la ofuscación natural de quien propone tanto y no obtiene nada. Bajó el pistón pese a las entradas de Baeza, Zalazar, Ríos Reina y Saúl Crespo. Los bercianos perdieron precisión con la pelota y Narváez, desaparecido y contemplativo en ataque, cerró más cerca de los pivotes, dificultando así pasillos de acceso a la Ponferradina. El Zaragoza comenzó a ganar metros, activándose Gámez y apareciendo Borja Sainz. Tuvo así su momento en el partido, superando en ocasiones a los locales. La victoria, no se sabe cómo, ya no parecía imposible.

5. Los cambios del miedo

Entonces intervino Jim. Su esencia conservadora, prudente y precavida. En cada una de sus decisiones, fue recortando al Zaragoza, retirando sus cartas ofensivas y engordando la capa de blindaje del equipo. Autorizaba así el empate como un saldo positivo en Ponferrada. Zapater relevó a Borja Sainz cuando el extremo mejor pisaba sobre el campo, activo, atrevido e incisivo. En plena ebullición, Jim le apagó el gas. El equipo captó el mensaje y replegó. Luego, el técnico retiró a Narváez y Álvaro para incluir a Adrián y Nieto en un intento final por sostener el punto e intentar atrapar algo más en un balón parado o una escaramuza. Pudo conseguirlo en un tiro final de Chavarría. El empate se daba por bueno en un Zaragoza que necesita proponer algo más que protegerse, especular y evadirse del ataque para no sufrir como lo hace.

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