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análisis

Real Zaragoza: Jim y los cambios del miedo

En un arrebato de prudencia, el entrenador del Real Zaragoza fue retirando a sus atacantes conforme mejor jugaba el equipo para así blindar el empate contra la Ponferradina.

Imágenes del partido Ponferradina - Real Zaragoza
Imágenes del partido Ponferradina - Real Zaragoza
EP

A Jim ya se le conoce de sobra. Cómo es su modelo, cómo es su fútbol preferido y cuáles son sus prioridades. Es un técnico del fútbol de otro tiempo y con una carta de presentación en la que los rigores defensivos, el control de riesgos, las medidas de precaución y los modos conservadores han marcado estilo. Así salvó al Zaragoza el año pasado del descenso, sobre esos valores, sumando puntos que no se sabe bien de dónde salieron como él mismo reconoció públicamente hace unos meses en un admirable ejercicio de honestidad: "La temporada pasada ganábamos muchos partidos sin saber por qué". Más o menos, esa era la idea en Ponferrada, según se desarrolló el partido y según intervino el técnico en él.

El Real Zaragoza saltó a El Toralín con una de las versiones más ofensivas y puntiagudas de la campaña, con Bermejo y Borja Sainz de extremos y Narvaéz y Álvaro Giménez de delanteros. Pero la Ponferradina pasó sobre ellos y sobre el Zaragoza atravesándolos como un rayo de fútbol fresco, dinámico, vertiginoso, geométrico y mecánico. La única salida a esto era predicar con una de las máximas de Jim: hacer largo el partido, protegerse, esperar el detalle, aprovecharlo… Y así fue.

El Real Zaragoza fue capeando el temporal. Sobreviviendo a esa incesante lluvia azul y blanca de futbolistas bercianos. Con Cristian Álvarez poniéndole manoplas a todo. Aguardando su momento en la trama, una fase del partido que le dijera que podía ganar, en la que el campo se inclinara hacia el área de la Ponferradina. En un saque de esquina. O en una falta. O en un penalti. O, por qué no, en un gol en propia puerta de los leoneses. Un zarpazo cualquiera le servía.

Esa oportunidad la tuvo el Zaragoza en el meollo de la segunda mitad, mientras el reloj corría y la Ponferradina se desinflamaba. Sin embargo, entonces, a Jim le salió el Jim que lleva dentro.

Primero, quitó a Borja Sainz cuando el extremo más dulce se encontraba en la noche para solidificar las líneas con Alberto Zapater. El empate comenzaba a parecer un buen botín. En otro giro de tuerca más, ya casi al final, Jim retiró de golpe a sus dos principales delanteros, Álvaro Giménez y Juanjo Narváez, para sacar a Adrián y Carlos Nieto. Jim nadaba y guardaba la ropa, cauteloso, conformista, reservón, con el miedo a una nueva derrota y a los tambores de crisis metido en el cuerpo.

El Zaragoza que saltó al campo a ganar con más atacantes que nunca acabó retirándolos a todos para empatar como siempre. Jim vio el punto y no lo quiso dejar escapar. Pudo caer algo más que esa pedrea, con ese tiro final de Chavarría. Pero esta vez, no. El Zaragoza no ganó un nuevo partido sin saber por qué.

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