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Un año con Jim

Hace 365 días que el entrenador alicantino debutó con el Real Zaragoza e inició una milagrosa salvación para la historia. Hoy es el referente emocional del equipo.

Juan Ignacio Martínez ‘Jim’, apoyado en la mítica celosía de ladrillos de la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza.
Juan Ignacio Martínez ‘Jim’, apoyado en la mítica celosía de ladrillos de la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza.
Francisco Jiménez

Hace justo un año que Juan Ignacio Martínez ‘Jim’ dirigió por primera vez al Real Zaragoza en el banquillo. Fue en Torrelavega (Cantabria), en una noche fría y lluviosa, en la primera ronda de la Copa del Rey del curso pasado, ante la histórica Real Sociedad Gimnástica de esa ciudad norteña. Aquel 16 de diciembre de 2020 el cuadro zaragocista malvivía sin control futbolístico, a la deriva, penúltimo en la clasificación de Segunda División, con solo 13 puntos tras 18 jornadas y dos entrenadores por delante ya triturados por una cruda realidad, Rubén Baraja e Iván Martínez. Era un grupo cadavérico que estaba al borde del desahucio moral y deportivo como nunca antes lo estuvo el Zaragoza en 89 años de vida.

Hoy cumple 365 días Jim desde que tomó por primera vez el pulso a este Real Zaragoza de los primeros años 20 del siglo XXI, nada que ver con el del pasado más o menos reciente, que está alejado de Primera División, de las competiciones europeas, de las finales y semifinales de los torneos coperos, de las plantillas con internacionales españoles y extranjeros, de las grandes fiestas en La Romareda y del reconocimiento del mundo del fútbol en general como uno de los referentes del fútbol nacional. Jim sabía a dónde venía, ese es su gran mérito personal y profesional. Él aceptó lo que, días antes, otros rechazaron por imposible, por desagradable, por irreconducible.

Aquella noche en tierras cántabras supuso –sin saberlo– el inicio de algo muy grande para el presente y el futuro de la SAD, el primer eslabón de una cadena milagrosa de victorias y empates, de puntos a discreción, que evitó la liquidación que hubiera supuesto descender y desaparecer del fútbol profesional. La eliminatoria de Copa ante el Torrelavega era –y fue– mera anécdota. Jim solo llevaba dos días con sus muchachos, un par de entrenamientos a martillazos, sin capacidad de mover nada tácticamente, con unas pocas horas de margen para lanzarles mensajes al corazón, al núcleo del cerebro de los más sensibles, en busca de complicidad y compromiso. No tuvo tiempo para más. Pero aquello resultó clave para lo que vendría.

Todos los resultados en liga de Jim al frente del Real Zaragoza desde su llegada en diciembre de 2020.
Todos los resultados en liga de Jim al frente del Real Zaragoza desde su llegada en diciembre de 2020.
HA

Lo importante era la liga. La vida. La elusión de la muerte segura. Y eso empezaba en La Romareda contra el Lugo, dos días más tarde, el 18 de diciembre, todo a matacaballo. Ahí sí que nació su periplo zaragocista de verdad, con un triunfo por 1-0 que, un año después, marca estilo y tendencia.

Jim une bajo su aura dos tramos de dos ligas distintas: los 24 últimos partidos de la 20-21, la pasada, y los 20 primeros de la actual, la 21-22. En un año natural, Juan Ignacio ha dirigido al Real Zaragoza en 44 partidos ligueros, dos más de los que supondría una ficticia liga del formato de la actual Segunda, dado que hay un ligero baile de fechas y jornadas este año respecto del precedente.

Y sus números, sus rentas, su balance de cifras (63 puntos en global) y en sensaciones dejan a Jim en un buen lugar. Mucho más si se envuelven en el contexto preciso: una situación desesperada en su primer tramo, con una plantilla mal pergeñada por la anterior dirección deportiva y, ya en su segunda etapa, hoy, con un equipo basado en la herencia del esqueleto con poca chicha del plan anterior, al que ha de añadir un presupuesto escaso para afrontar refuerzos de enjundia en el mercado de plata, pues la SAD ha de desenvolverse en una economía de guerra donde, por esos condicionantes tan drásticos, el papel como referente emocional y futbolístico de Jim agranda su figura. Martínez responde a lo que, con máxima precisión, necesita hoy en día este Zaragoza abollado en lo financiero y con un largo trecho de caminos llenos de minas ya transitados en la última década.

Un estilo, un volumen de rentas

Observar este último año con el veterano preparador del barrio alicantino de Rabasa al frente es descubrir un estilo propio, adecuado a las carencias –que él no esconde y reconoce con mucha mano izquierda de vez en cuando– de un Real Zaragoza de serie B hasta que el destino lo pueda devolver a la élite, su lugar natural. Jim convierte en manjar el pan y el agua. Transforma las farinetas en algo con apariencia de marisco. Saca petróleo en tierras calizas. Está exprimiendo con trabajo, esfuerzo y honradez todas las virtudes de sus dos plantillas, que existen, de modo que el resultado final sea compensación visible de los muchos defectos que también aglutinan.

Que con el Real Zaragoza del curso pasado, el 20-21, sin gol, sin una delantera digna de la Segunda División española, Jim fuese capaz de adicionar 37 puntos en 24 partidos es un paradigma asombroso que merece ser estudiado en las academias del fútbol mundial. Aquel Zaragoza catatónico hasta su llegada, bajo su batuta acabó ganando 10 duelos, empató siete y solo cayó derrotado en otros siete (contando con que los últimos dos choques perdidos eran ya materia sobrante, pues la salvación estaba lograda matemáticamente y los envites ante Mallorca y Leganés empacharon a un equipo agotado mentalmente).

Ganó 1-0 al Lugo, a la Ponferradina, al Tenerife, al Mirandés (los cuatro en La Romareda) y al Fuenlabrada, a este en su estadio. Cinco goles, 15 puntos. No hay mayor capacidad humana para obtener más con menos, aludiendo al álgebra, a la aritmética. Empató 0-0 con el Cartagena, Sporting y Espanyol (los tres en casa). E igualó 1-1 en Cartagena, en Sabadell y en Logroño (los tres a domicilio). O sea, seis puntos más añadidos a las alforjas a base de más resultados binarios, donde solo caben en el marcador el cero y el uno.

Con solo ocho goles anotados en este bloque de 11 partidos citados, aquel primer Zaragoza de Jim fue capaz de escriturar a su nombre 21 puntos. Esto es orfebrería pura. Un arte delicado al alcance de especialistas, preferentemente veteranos y de cimientos clásicos, alejado por lo tanto de ese amplio espectro de cientos de entrenadores que pululan por el neofútbol modernista de ‘Wyscout’, ‘big-data’, ‘ipad’ en los banquillos y jerga oral próxima al esperanto.

Jim hizo números el año pasado, en su milagrosa segunda vuelta que dio la vida al Real Zaragoza, asimilables con un torneo de promoción de ascenso a Primera. Con dos palos y tres cañas. Y recogiendo al grupo en la morgue. Teniendo que aguantar hasta el final a delanteros, con vitola de internacionales, que se le marcharon con cero goles en su haber en 10 meses de liga, casos del uruguayo Gabriel ‘Toro’ Fernández o el esloveno Vuckic. Lastre al que se sumaron Alegría (este, fichaje ya de su mentor, Miguel Torrecilla, que llegó días antes que Jim cuando el club decidió, seguramente con mucha tardanza, despedir a Lalo Arantegui y José Mari Barba del área deportiva de aquel desastroso proyecto) y Larrazabal. Armas ofensivas, todos, con los cañones macizos, de esos que obligan a un entrenador a preparar cada partido con una mano atada a la espalda y una bola de acero engrilletada en el tobillo derecho.

En este año, parecidas hechuras

En esta segunda fase de Jim como alma máter del Real Zaragoza el ideal futbolístico es similar. Quería mejorar las formas el técnico en su remodelación estival, ganar en plasticidad y evitar tanto sufrimiento. Lo intentó durante 13 jornadas, pero muchos fichajes de Torrecilla no han alcanzado en nivel esperado y nadie de los del viejo orden ha dado un paso firme adelante, por ahora. Solo cinco victorias, once empates y apenas cuatro derrotas es su balance hasta hoy: 26 puntos (justo el doble de lo que Jim se encontró tal día que hoy el año pasado cuando vino). Pocos goles, espectáculo limitado, pero solvencia de mínimos. No hay más cera que la que arde. Jim es hoy en día al Real Zaragoza como el anillo al dedo. Si no estuviera, habría que ir a buscarlo.

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