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Álvaro Giménez encuentra la salida

El delantero, cuestionado hasta este jueves por su falta de gol, se inventó un derechazo a la escuadra para romper su sequía y, sobre todo, terminar con la cadena de nueve empates.

Partido Burgos-Real Zaragoza, 14ª jornada de Segunda División
Partido Burgos-Real Zaragoza, 14ª jornada de Segunda División
David Pérez-Cejuela / LOF

La llave para escapar del tortusoso y enrevesado laberinto de los empates la tenía escondida Álvaro Giménez en su bota derecha. El delantero valenciano, hasta ayer cuestionado por su deficiente rendimiento en las primeras 13 jornadas, se inventó un remate de bandera, un derechazo –él es zurdo– a la escuadra que sirvió para espantar –al menos de momento– los fantasmas que rondaban al Real Zaragoza en los últimos días. Y eso que Álvaro Giménez apenas llevaba once minutos sobre el césped de El Plantío. 

Había reemplazado, en el 72, a un combativo y agotado Iván Azón. Jim, que casi todo lo prueba, no tenía aún claro quién era su ‘9’ principal: Giménez o Azón. Azón o Giménez. Y en el 83, tras haber tocado antes apenas un balón previo, el delantero cedido por el Cádiz culminó un contragolpe gobernado al galope por Francho y orientado después por Eguaras. Un gol genial, el mejor de la temporada, en el momento más crítico y crucial. Un gol de esos que pueden cambiar dinámicas y temporadas. Solo el tiempo lo dirá.

Hasta ayer, Álvaro Giménez, como todos los delanteros, estaba sufriendo los días complejos que acompañan a las sequías goleadoras. No se había estrenado todavía, apenas había gozado de ocasiones claras y, la más cristalina (el penalti ante el Huesca), la incrustó en el palo. Un palo que fue un gran palo. Para él y para el equipo. Por eso, su gol de ayer fue festejado con rabia por él y por sus compañeros junto a la afición zaragocista desplazada a Burgos. Un grito de libertad, de salida –por fin– del túnel de los empates y de la sequedad anotadora del punta llamado a liderar este año la delantera del Real Zaragoza. Porque Álvaro Giménez ha llegado a Zaragoza para lo que hizo ayer: para marcar goles y diferencias en un equipo necesitado de pegada y colmillo.

Así ha sido el gol de Álvaro Giménez
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Sus 20 dianas hace tres temporadas con el Almería, que le hicieron acreedor del trofeo Pichichi, son todavía su gran aval. El reclamo por el que el director deportivo Miguel Torrecilla se fijó en él este verano tras los fiascos del curso pasado de Álex Alegría (ayer con la camiseta del Burgos), Haris Vuckic y Gabriel Fernández, estos dos herencia todavía de Lalo Arantegui.

Un ejercicio de supervivencia

Su remate a la escuadra fue la culminación de un ejercicio de puro pragmatismo. De supervencia. El gol, de hecho, fue el único remate del Zaragoza entre los tres palos. Igual que en otros partidos envió al limbo una veintena de ocasiones claras, anoche solo necesitó una para traerse de El Plantío los tres puntos. El fútbol y las victorias no entienden de merecimientos. Solo de hechos concretos y tangibles.

En este sentido, el Real Zaragoza sobrevivió gracias a Álvaro a un partido áspero, jugado con los temblores de los equipos que caminan por el alambre de la zona de descenso y con la serie de nueve empates seguidos tatuada en los fondos del cerebro. Por eso, en Burgos, el Real Zaragoza de Jim fue más de Jim que nunca. Fue su versión más original y genuina. Esa con la que amarró la temporada pasada la permanencia en Segunda cuando los números y las matemáticas invitaban a pensar que solo lo lograría mediante un milagro.

Jim preparó un duelo lleno de minas, en el que la misión principal era alejar el error de la portería de Cristian Álvarez. El gol, siendo optimistas, ya llegaría después. Los futbolistas, atenazados por los temblores de los empates y de la clasificación, apenas hilaron tres o cuatro pases seguidos en la primera mitad. Y en la segunda, con la mordiente desde el banquillo de Álvaro y Borja Sainz, el Zaragoza le dio el zarpazo definitivo a un Burgos que entonces ya estaba agotado tras el esfuerzo de los primeros 70 minutos. El plan le salió redondo a Jim gracias, por encima de todo, al acierto de un Álvaro Giménez que encontró la puerta de salida a la cadena de empates. En Burgos, el Zaragoza dejó atrás la historia de los empates para comenzar, quizá, a escribir la historia de las victorias.

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