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Dieciocho remates al limbo

El Real Zaragoza, en un mal que arrastra desde la temporada pasada, sigue encadenando partidos sin puntería: a los futbolistas se les hace de noche en los metros finales.

Partido entre el Real Zaragoza y el filial de la Real Sociedad
Partido entre el Real Zaragoza y el filial de la Real Sociedad
Guillermo Mestre | Toni Galán

Un disparo a las nubes, un mano a mano al cuerpo del portero, un remate escorado que roza el poste, otro balón a las nubes, un tiro sin potencia, otro sin colocación... así, durante una sucesión casi interminable de 19 ocasiones, el Real Zaragoza buscó y buscó el gol ante el filial de la Real Sociedad. Llegó por las bandas, por el centro, con disparos lejanos y con oportunidades dentro del área pequeña. El único tanto que celebró la afición zaragocista nació de un disparo de Juanjo Narváez que se marchaba fuera y que el rebote en el joven Magunazelaia hizo bueno con su cambio de trayectoria. El resto, los otros 18 remates, se fueron al limbo. Al rincón del olvido. La de ayer fue una tarde aciaga para el gol en el Real Zaragoza y, el problema, es que viene siendo su tónica habitual durante las seis primeras jornadas de liga.

La temporada del Real Zaragoza ha nacido con la mira torcida, con el objetivo totalmente desenfocado. La falta de gol, el mal endémico de la temporada pasada, se ha elevado en esta al cubo. El año anterior, en el que se bordeó el descenso, el equipo aragonés no marcaba sobre todo porque le costaba un mundo generar ocasiones, llegar al marco rival. Este curso, el equipo que prepara Juan Ignacio Martínez ataca con mayor fluidez y asiduidad. Con notable regularidad. A los puntos es, de hecho, mejor que la mayoría de sus rivales. Sin embargo, ha multiplicado de forma exponencial su falta de pegada.

Los motivos de tal carencia de puntería son difíciles de explicar. A los delanteros –y los centrocampistas, los defensas...– se les apaga la luz cuando afrontan los metros finales del campo, cuando tienen que decidir la ejecución final del remate de turno. La cuestión mental es, en este sentido, una rémora que va sumando grises conforme el saco de ocasiones enviadas al limbo aumenta día a día. Da la sensación de que el Zaragoza arrastra aún los viejos fantasmas del curso anterior y no ha sido capaz de romper con el hilo invisible que conecta este año con el pasado. A pesar de la evidente mejora futbolística –el equipo ataca mucho mejor, con más orden y criterio–, el Real Zaragoza no encuentra los caminos hacia la victoria porque sigue sin recordar cómo marcar goles. 

Los cuatro que suma este año son una jugada de estrategia, un regalo del rival, un penalti y un tanto de rebote. De las decenas de –buenas– jugadas que ha trenzado hasta el momento en seis jornadas, no ha sido capaz de sacar ningún tipo de rédito. Sin un delantero de una veintena de goles en la plantilla –un Luis Suárez, un Borja Iglesias, un Ángel Rodríguez...–, Jim debe encontrar con urgencia una solución al problema con el que le ha nacido esta temporada. Si no, llegarán las curvas más pronto que tarde.

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