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Real Zaragoza
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El repetido lamento

El viejo problema de la carencia de gol se está levantando esta temporada como nuevo problema con el que lidiar por parte de Jim y el Real Zaragoza.

Partido Real Zaragoza - CF Cartagena, en La Romareda.
Partido Real Zaragoza - CF Cartagena, en La Romareda.
Toni Galán

El milagro de Juan Ignacio Martínez de la pasada temporada consistió, básicamente, en salvar de un desastre colosal a un equipo carente de gol, porque sus delanteros principales, Gabriel ‘Toro’ Fernández y Haris Vuckic, nunca estuvieron donde se esperaba. Unos meses después, el problema fundamental que se le presenta al técnico alicantino viene a ser idéntico: su equipo no encuentra la portería contraria. Casi parece un misterio tan oculto como irresoluble. ¿Por dónde se halla el arco contrario?

En los metros finales de sus ofensivas, al Real Zaragoza se le hace de noche. No encuentra luz. No ve grietas. Casi todo parece lúgubre y abocado a una desesperante forma inconclusa. Los centros laterales, que es hasta dónde llegan la fuerza y el oxígeno, rara vez poseen la precisión necesaria como para facilitar un remate definitivo. Otras suertes de ataque parecen hasta impensables. Por supuesto, entrar en combinación por el centro tampoco es un registro que esté entre sus haberes.

Este lunes por la noche, el Real Zaragoza llegó, porfió, pisó el área rival y dispuso de algunas ocasiones nítidas, en las cabezas de Juanjo Narváez y Jair, en los pies de Sainz o en las botas de Eguaras; pero le ocurrió algo similar a lo visto una semana antes en el estadio José Zorrilla de Valladolid o en tantos y tantos encuentros de la pasada campaña.

De esa pesada espesura vista en los metros finales derivó un Álvaro Giménez (apuesta de este mercado de fichajes) casi inédito, prácticamente ausente, sin influencia en la trama del partido. Voluntarioso y trabajador, sufrió en primer término el problema de no disponer de balones claros de remate, de pelotas con las que definir y culminar según es debido.

Como resulta evidente, no es que haya que responsabilizar al delantero centro de alguna carga penosa que afecta al global, sino que su figura desangelada, desvanecida por la nada con que se vive en el área contraria se convierte en síntoma, en una denuncia de un problema que tiene en este momento el aspecto de ser grave. Porque llueve sobre mojado. Porque han transcurrido tres jornadas y el Real Zaragoza todavía no ha sido capaz de anotar un solo gol.

Saltó Nano Mesa en los compases finales del encuentro en un cambio de iguales, de cromo por cromo, y acerca del delantero canario se puede predicar prácticamente lo mismo que sobre su compañero. Irrumpió en el partido revolucionado, excitado; pero ese estado de hiperactividad tampoco sirvió de camino hacia el gol.

A Juan Ignacio Martínez se le está dibujando idéntico problema de fondo que durante el pasado ejercicio, cuando en una decisión muy expuesta al riesgo se atrevió a creer en una escuadra que pisó la frontera del desahucio. La diferencia es que esta vez Jim está sentado en el banquillo desde un principio y nunca podrá actuar, en consecuencia, como revulsivo, como guía de un discurso de fe. 

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