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Real Zaragoza-Leganés: el último partido sin público en La Romareda

El domingo concluye la liga 20-21, histórica por el vacío de las tribunas en una competición desnaturalizada. En Aragón, la pandemia ha acumulado más de 14 meses de fútbol en silencio.

Imagen del partido Real Zaragoza-Ponferradina, en enero, justo antes del inicio del choque en la vacía Romareda.
Imagen del partido Real Zaragoza-Ponferradina, en enero, justo antes del inicio del choque en la vacía Romareda.
Toni Galán

El domingo próximo, 30 de mayo de 2021, se jugará en La Romareda el partido Real Zaragoza-Leganés, de la jornada 42ª de la liga 20-21. El último del torneo regular, pues la competición se acaba. Será un trámite para los zaragocistas, como ya lo fue el último disputado hace 72 horas en Mallorca, tras haber consumado la salvación del descenso el jueves pasado ante el Castellón, en el estadio municipal zaragozano. No así para los madrileños, que son terceros, tienen asegurada la disputa de la promoción de ascenso a Primera División de inmediato pero que, en Zaragoza, se juegan la consolidación de esa privilegiada posición de cara a posibles empates en los dos cruces posibles en pos de su retorno a la élite, en dura lucha con el Girona y el Almería, los tres igualados a 70 puntos.

Pero, por encima y al margen de la carga deportiva que tiene este duelo que pone el broche final a un año duro para el zaragocismo, librado de problemas mayores in extremis al obrar la permanencia en la categoría en una segunda vuelta milagrosa, este Real Zaragoza-Leganés del domingo posee asimismo un carácter simbólico que tiende a dejarlo como hito en la historia. Porque, bien mirado, debe ser el último que se juegue sin público en La Romareda, algo que ha sucedido en la capital aragonesa durante todo el torneo, sin excepción. Se habrá pasado, así, toda una temporada entera sin que los accionistas, abonados, veteranos socios y simpatizantes hayan podido acceder a sus localidades en las tribunas. Ni siquiera han tenido la opción legal de ello.

Si a este año completo se suma el apéndice de la pasada liga, la 19-20 que se vio interrumpida en marzo de 2020 cuando la pandemia de covid-19 estalló en todo el orbe y dejó España paralizada, el zaragocismo (como tantas otras aficiones) habrá estado más de 14 meses alejado de su medio ambiente futbolístico habitual, su Romareda, su Real Zaragoza, sus preámbulos de los partidos cada 15 días, sus alegrías y penas in situ y al final de cada choque.

En este caso concreto, el de Aragón, los protocolos sanitarios y políticos han impedido que, en las últimas tres jornadas de la liga que concluye ya mismo, hayan podido poblar las gradas del estadio en el 30 por ciento de su aforo, con los hinchas que correspondiera al abrirse esa opción desde el Consejo Superior de Deportes hace unos días. Aquí, no pudo ser. La evolución de la enfermedad lo ha impedido. Baleares, Comunidad Valenciana y Galicia habrán sido las excepciones (Mallorca, Valencia, Levante, Villarreal, Elche, Castellón, Celta y Lugo, son los levemente aliviados en una o dos jornadas a lo sumo), con la simbólica entrada a los partidos de algunos miles de sus seguidores. El resto de autonomías, con sus decenas de equipos profesionales afectados, habrán pasado el año en blanco, más el pico añadido del torneo precedente.

El zaragocismo sueña con volver a la normalidad a partir de la próxima campaña, la 21-22, que está previsto que comience el puente de la Virgen de Agosto (13, 14 y 15 del mes de verano por excelencia). Anhela que retorne el ambiente, la pasión, el roce humano, el calor del fútbol de verdad. Que desaparezcan todas estas mutaciones que lo han alejado años luz de su esencia, pues el fútbol actual es, en su puesta en escena, postizo, cibernético, mentiroso, de probeta, desnaturalizado.

Para que esto se haga realidad es necesario un paso adelante en la vigente situación social, médica y protocolaria. Y ese paso definitivo ha de ser el que llegue cuando concluya el Zaragoza-Leganés del domingo, a eso de las 23.00 del 30 de mayo de 2021. Este tiene que ser el último del fútbol impostado en Zaragoza. Se confía en que, de aquí a mitad de agosto, en tres meses, la evolución de las cosas sea tal que los abonos, los carnés de socio, vuelvan a tener el valor que siempre tuvieron, además del sentimental: poder entrar a los estadios y ver el fútbol en su sitio, no en el sofá y por la televisión.

29 partidos con las gradas vacías

En esta temporada habrán sido 21 partidos en la más absoluta soledad de las gradas zaragocistas en La Romareda. Por el viejo santuario blanquillo habrán desfilado, uno tras otro, en partidos de decorados y atrezzos anormales, Las Palmas (en septiembre); Albacete, Málaga, Sabadell (los tres en octubre); Mallorca, Girona, Oviedo, Rayo Vallecano (estos, en noviembre); Fuenlabrada, Lugo (en diciembre); Logroñés, Ponferradina (en enero); Alcorcón (en febrero); Tenerife, Mirandés (los de marzo);Cartagena, Almería, Sporting de Gijón (en abril);y Espanyol, Castellón y este con el Leganés, en mayo.

A este episodio singular, que queda grabado a fuego para la historia de 89 años de vida, habrá que añadir los siete partidos en soledad del final de la pasada liga en La Romareda, contra Alcorcón, Almería, Huesca, Rayo Vallecano, Oviedo y Ponferradina, al que se añadió otro más, de la promoción de ascenso, ante el Elche.

Son 29 partidos, por lo tanto, los que va a concatenar el Zaragoza sin su gente al lado en el estadio. El último partido ‘normal’ fue ante el Deportivo de La Coruña (victoria por 3-1) el 23 de febrero de 2020. En agosto, si vuelve la normalidad, habrán pasado 16 meses.

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