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Jim: "Miguel Torrecilla y yo estamos ya trabajando en el Real Zaragoza 21-22"

Juan Ignacio Martínez, el entrenador del Real Zaragoza, a falta del colofón de la temporada el domingo ante el Leganés, repasa en una entrevista para HERALDO su crucial trabajo de salvación y habla ya del futuro inmediato.

Juan Ignacio Martínez 'Jim', en la mañana de este miércoles, ante una de las porterías de la Ciudad Deportiva.
Juan Ignacio Martínez 'Jim', en la mañana de este miércoles, ante una de las porterías de la Ciudad Deportiva.
Francisco Jiménez

Han pasado ya varios días desde la consumación de la salvación. ¿Qué le dice su cerebro, ya más reposado todo?

Que he vivido una experiencia que reúne cinco temporadas en apenas cinco meses. Recuerdo la vuelta de Las Palmas, cuando ganamos 0-2. En ese momento vi que era posible lograr el éxito. Hasta entonces, yo iba al día, sin ver más allá. Faltaba ya solo un paso. Y era semana corta, jugábamos contra el Castellón el jueves, en solo cuatro días. Eso fue clave. Así, el grado de estrés y nervios se atenuó mucho para todos en el vestuario. Estábamos al límite en todo. Ganar el partido clave al Castellón nos liberó de toda la responsabilidad. Fue algo enorme.

Hubo abrazos en el banquillo incluso antes de acabar ese partido, que ya se ganaba 3-0.

Fue muy emotivo. Emocionante. Luego, llegué a casa y me derrumbé. Lloré yo solo, porque mi mujer no podía venir hasta el día siguiente. Cuando llegue a mi domicilio de madrugada me encontré con un mensaje en la puerta. Me vinieron a la memoria las muchas personas que han aportado, que han sufrido en este episodio. Esto es algo inolvidable.

Habían pasado cinco meses de su llegada, calificada de ‘kamikaze’.

Sí, sí... en diciembre hubo gente cercana que me dijo «¿adónde vas, irresponsable?». Ha sido una experiencia contundente, desde su principio, desde que Miguel Torrecilla me ofreció el puesto y yo dije que sí, sin condiciones. No había otro reto más difícil, por lo que sucedía entonces con el equipo y por la grandeza de la ciudad, de la afición, del calado de este club. La dimensión del Real Zaragoza hacía de aquello una responsabilidad grandísima. Haberlo salvado con éxito es para mi un honor.

Recogió un equipo muerto.

Mire... un detalle. Yo intenté hacerme el cercano, el simpático, el primer día cuando entré en la caseta, cuando el equipo venía de perder en Gijón. Y el capitán (Zapater) me dijo:«míster, no estamos para nada, estamos de luto». Yo venía a levantar el ánimo del equipo y me encontré con esa frase de primeras, lapidaria. Ahí vi lo que tenía que lidiar. Tuve que ponerme manos a la obra sin perder un segundo. Esa frase de Zapater fue determinante para orientarme. Supe adónde había llegado.

Y entró con buen pie, algo clave.

Fundamental. Ganamos en Torrelavega en mi debut, en Copa. Si ese día pierdes ante un Tercera, y pudo ocurrir porque nos fuimos a la prórroga, hubiera sido otro martillazo más en el mismo clavo de la desgracia. Pero ganamos 0-2. Y en el estreno en liga, lo hicimos por 1-0 al Lugo. Son dos pasajes decisivos para que los chicos empezaran a confiar en mí y en ellos mismos. En estas circunstancias, todos los detalles son vitales. Y ganar esos dos días fue psicológicamente crucial.

Esta remontada, sin un grupo sano y profesional –al margen de sus cualidades futbolísticas–, es imposible.

Este equipo es responsable. Ha sabido decirse las cosas a la cara, ser muy sinceros consigo mismos. El grado de compromiso de todos ha sido el máximo. No tengo ni un solo reproche para nadie, los que jugaban y los que no. Y esto no tiene precio en estos casos. Esta actitud de los futbolistas era importantísima para tener opciones de salir del atolladero y todos la aportaron desde mi llegada.

¿No ha tenido ni un roce con ninguno, de esos que hay que solucionar internamente?

No. Ni uno. En una situación tan crítica, el ‘yo’ desapareció del equipo. Desde que yo llegué, aquí solo hubo la voluntad de ponerse al servicio del equipo. Todos.

Hay ejemplos palmarios.

Sí. Fíjese, Narváez lleva muchos partidos sin marcar gol. Y hemos tenido varios penaltis a favor en las últimas jornadas. Él podía haber cogido el balón y querer tirara alguno. Y no lo ha hecho por respeto a sus compañeros. Y qué decir del capitán, Zapater. No jugaba cuando yo llegué. Ni lo hizo en los primeros partidos conmigo. Pero su actitud era la de ayudar cada día, en cada momento. Cuando llegó su oportunidad, con su rendimiento ha dicho: «ahora, a ver si tienes narices, míster, de quitarme del campo». Son dos ejemplos, pero hay muchos más.

Pero este equipo ha caducado. Su rendimiento global ha sido deficiente y no caben sentimentalismos una vez acabe la liga.

Estoy teniendo reuniones diariamente con Miguel Torrecilla, como director deportivo, bajo la tutela de Cuartero, el director general. Es evidente que hay varias finalizaciones de contrato, de cesiones... y que hay que hacer una valoración profunda de lo que tenemos. Hay que volver a colocar al Real Zaragoza donde, por historia, se merece.

Su mente está ya sumida, por lo tanto, en la planificación del Real Zaragoza del año que viene.

Lo que ha hecho el director general (Cuartero) es, al día siguiente de lograr la salvación contra el Castellón, reunirse con Miguel Torrecilla y conmigo y transmitirnos el sentir del club de contar con nosotros. Le transmitimos nuestra inquietud por que pudiera haber cambios societarios. Y él nos dijo que planificáramos la pretemporada porque estamos y vamos a seguir en el club.

Y en eso están.

Sí, ya vamos planificando fechas, partidos amistosos, cuestiones médicas con el doctor... y, luego, llegará el momento de hablar de las llegadas de jugadores nuevos, algo que inevitablemente sucederá, está claro. Yo tengo cero dudas sobre mi continuidad en el Real Zaragoza y el máximo compromiso con el futuro proyecto del equipo 21-22, al igual que Miguel Torrecilla. Y así estoy trabajando.

En el diente de sierra que es el Real Zaragoza en Segunda desde 2013, ahora toca año bueno.

Yo no voy a nombrar nunca la Primera División, como nunca nombré la Segunda B. Lo tenía prohibido. Sé que ese es el objetivo final, pero no podemos estar todo un año con una presión añadida que siempre es perjudicial. Poco a poco es como conseguirá un día el Real Zaragoza su objetivo. Cuando firmé mi contrato en diciembre no lo hice para salvar al equipo del descenso. Lo hice para lograr la permanencia y, después, el año siguiente, pensar ya en cotas mayores, en jugar los ‘play off’, en lo máximo. Ojalá se logre.

Se viene de unas épocas con mucho intervencionismo de la dirección deportiva en la construcción de las plantillas. ¿Usted va a tener poco o mucho que ver en las decisiones de Torrecilla?

Los años que hemos trabajado juntos los dos, tanto en Cartagena como en Salamanca, Miguel, siempre, antes de firmar a un futbolista, me ha consultado. A mí me gustaría que, en dos o tres años, fuésemos capaces de hacer un equipo con un once inicial que se recordara de carrerilla. Eso es, para mí, sinónimo de éxito. Creo que me explico claramente.

El milagro de la salvación lo ha logrado usted en un fútbol sin público, postizo, de plató. El método utilizado, con aficionados en las gradas, hubiera generado chispazos por su máxima especulación. Eso deberá cambiar.

Punto uno, sobre eso: yo, con público, hubiera actuado estos meses de igual manera porque lo que interesaba era salvarse, sumar muchos puntos. Y punto dos:en mi trayectoria, el mayor éxito lo logré con el Levante, jugando en Europa, utilizando el repliegue y el contraataque. Colgado del larguero, metidos atrás siempre y al pelotazo, no ganas siete partidos consecutivos como hicimos con aquel equipo, y no ganas partidos internacionales. En el Cartagena, en el Salamanca, en Valladolid, mis equipos fueron ‘jugones’. No quiero llevar ningún sambenito que no se ajusta a la realidad.

Su Cartagena estuvo a punto de subir a Primera.

Sí, jugando con Antonio Longás de medio centro y enganche. Y con Quique de Lucas arriba, Toché... A mí me gusta mirar siempre la portería rival. Y para eso confeccionaremos la plantilla, porque el fútbol tiene que ser un disfrute para la gente. Y disfrutar, se hace ganando, no solo con ‘tiquitaca’. Pero quiero que todo el mundo tenga claro que lo de este año ha sido excepcional por muchas cosas.

No quiere a ningún zaragocista asustado.

No, claro que no. Sé lo que es Zaragoza respecto del fútbol. Aquí siempre ha gustado y se ha consumido buen jamón y buen caviar en diferentes épocas. Son de ternasco tierno, de mesa buena.

Este ‘casi descenso’ a Segunda B, ¿puede ser aquel punto de inflexión que fue la promoción contra el Murcia de 1991 para todo lo bueno que vino después?

Yo lo deseo, porque el sufrimiento tan grande que ha pasado el zaragocismo este año ha de dar paso a otra fase radicalmente distinta. El Real Zaragoza ha de estar cerca de volver a ocupar el lugar que la historia le tiene guardado por naturaleza. Y todos los que estamos ahora alrededor del club debemos ser conscientes de esto.

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