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Real Zaragoza: Las Palmas, la llaga que no cierra

Van a cumplirse seis años del partido en el que al Real Zaragoza le sobraron siete minutos para ascender a Primera.

Vallejo, Dorca y Rubén González, al final del partido decisivo de la promoción en junio de 2015.
Vallejo, Dorca y Rubén González, al final del partido decisivo de la promoción en junio de 2015.
Oliver Duch

Volver a Las Palmas cada año, después de lo vivido el 21 de junio de 2015 en este estadio de Gran Canaria, trae al primer plano del cerebro inevitablemente aquella promoción de ascenso que dejó al Real Zaragoza al borde del ansiado ascenso a Primera División en una tarde a la que le sobraron solamente siete minutos. Aquel gol fatal de Araújo (sigue el sudamericano como jugador amarillo) en el minuto 83, aquel cabezazo de Dorca que tocó en Culio, entonces jugador de los canarios y luego zaragocista, para irse a estrellar al larguero mediada la primera parte y que hubiera apuntillado a los locales tras el 3-1 favorable con el que venían los de Ranko Popovic del partido de ida...

Esta ciudad, esta isla, forma parte del presente zaragocista inevitablemente, de su pasado recientísimo. Este sábado, de nuevo, el equipo aragonés va a volver a pisar el escenario de aquel bofetón del destino. Entonces, la pugna con la UD Las Palmas era para lograr el éxito máximo. Esta vez, el Real Zaragoza se juega la vida, el futuro, su permanencia en el fútbol profesional, la elusión de un descenso que sería terrible.

Y Las Palmas se cruza de nuevo en ese camino. Este territorio insular, diferente, de vientos tropicales como el de ayer por la tarde y el que se espera durante más de medio día hoy sábado, con polvo del desierto del Sahara flotando en un ambiente de calima endogámico. Solo que esta vez las tribunas del espectacular campo grancanario no estarán abarrotadas de un público volcado, chillón, caliente como hace seis temporadas, sino vacías, mudas, frías, por el fútbol pandémico y, además, porque los amarillos están fuera de cualquier lucha en la clasificación en estas últimas cuatro jornadas de la liga 20-21, que ha sido un fiasco para ellos, que aspiraban a estar en lo más alto de la tabla y nunca lo han logrado.

El Real Zaragoza, que esta noche canaria vestirá de nuevo de tomate como en aquel episodio de imposible digestión, ha de ganar en Las Palmas para garantizar su viabilidad. Y no le pueden sobrar esta vez ni siete minutos ni siquiera siete segundos. Importante era subir a Primera en aquel verano del 2015, pero más importante es, seis años después, disolver la seria amenaza que acosa al zaragocismo desde octubre: caerse a la Segunda B, categoría que se extingue y se llamará en lo sucesivo Primera Federación.

Por lo tanto, de nuevo Las Palmas es plaza de aconteceres vitales para el Real Zaragoza. Otra vez el mismo campo. En estos seis años, los zaragocistas han dibujado en su trayectoria un diente de sierra constante, con sus temporadas de anhelos de ascenso y de requiebros al descenso (no es nuevo lo de ahora). Mientras, Las Palmas, tras subir a la élite en aquel episodio que supone una llaga sin suturar aún en el sentir zaragocista, se instaló en Primera y vivió hasta tres temporadas entre los mejores, la mitad del tiempo transcurrido. Bajaron y ya llevan otros tres años en Segunda, que serán cuatro el curso venidero. Pero su sostén económico se saneó en un buen trienio tras aquello que aconteció en junio de 2015.

Este sábado se encuentran dos clubes con planteamientos bastante lejanos en lo deportivo. De aquella final de la promoción que ganaron los canarios, en su plantilla aún siguen el central Aythami, los gemelos Dani y Javi Castellano y el goleador Araújo. Los insulares manejan, por su idiosincrasia, un modelo de mayor continuidad de su gente, de mayor estabilidad que, por ejemplo, tiene el Real Zaragoza contemporáneo en su estructura.

Hablar de Popovic, Bono, Fernández, Vallejo, Mario, Rico, Dorca, Basha, Jaime, Eldin Hadzic, Pedro, Willian José, Lolo, Álamo, Borja Bastón, Rubén González, Ruiz de Galarreta, Alcolea, Whalley, Cabrera... es generar en los archivos mentales de cualquier zaragocista la sensación de que han pasado varias vidas, una era muy larga, un mundo. En Las Palmas el tiempo pasa calmado. Hasta Pepe Mel, el actual técnico (en el ascenso estaba el exblanquillo Paco Herrera), es repetidor en el cargo. En Zaragoza, todo se ha consumido vorazmente en términos futbolísticos desde hace más de una década. Cada vez que llega el viaje a Las Palmas, este sentir rebrota. La cicatriz está abierta, tarda en curar.

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