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El mayor prodigio de Cristian Álvarez

"En la vida había vivido una situación así. Creo que le di con la cara, tocó en un defensa y entró. Estoy en un sueño", asegura el héroe zaragocista tras su gol.

Foto del partido Lugo-Real Zaragoza, jornada 37 de Segunda División
Foto del partido Lugo-Real Zaragoza, jornada 37 de Segunda División
Carlos Castro/LOF

Cuando se marche del Real Zaragoza, a Cristian Darío Álvarez habrá que despedirle con un homenaje por todo lo alto. El arquero de Santa Fe, con cuatro de las temporadas más complejas de la historia del Real Zaragoza a sus espaldas, es una de las figuras más comprometidas con el club aragonés en los últimos tiempos. Un futbolista diferente, lejos de los estereotipos clásicos. Un señor que habla en el campo con sus paradas y que tiene una ascendencia sobresaliente en el vestuario.

Un portero que, con sus estiradas, ha hecho soñar a la afición zaragocista con el ascenso a Primera en las temporadas de bonanza y que en los años de secano ha sostenido con sus milagrosas intervenciones al equipo en la categoría de plata. Es de los pocos que –casi– nunca falla. Un futbolista de categoría superior que decidió echar raíces en Zaragoza, una ciudad que le quiere y le respeta. Que le ha acogido como a esos jugadores a los que hace propios para siempre.

Sin embargo, lo de anoche en el Anxo Carro de Lugo supone el capítulo más milagroso de la historia deportiva de Cristian. Un episodio prodigioso, divino, que canoniza al argentino como mucho más que el portero del Real Zaragoza. Su asombroso gol –mezcla de oreja, cara y, sobre todo, corazón– sostiene al Real Zaragoza en su agónica pelea por la permanencia en Segunda y evita una derrota que hubiera tenidos tintes dramáticos por el rival y el momento del campeonato.

"Siento una felicidad enorme"

"En la vida había vivido una situación así. Vi que entraba la pelota y no sé cómo fue. Creo que le di con la cara, tocó al defensa y entró. No sé muy bien qué pasó. Es mi primer gol. Estoy en un sueño2, aseguró radiante de felicidad tras el encuentro, con los ojos todavía vidriosos. La piña en la que le abrazaron todos sus compañeros tras el pitido final habla de la importancia del gol del rosarino y de su influencia en el grupo. 

"Se ve cómo se sufre y cómo al final del partido estaba todo el equipo junto y abrazado. Todos sabemos de la importancia de lo que nos estamos jugando y que estos momentos son claves. Queda muy poco y tenemos que alejarnos definitivamente de la zona de peligro", abundó en su discurso antes de subrayar que el Real Zaragoza no merecía irse de vacío de Lugo. "Siento una felicidad enorme, muy grande. Siento mucha satisfacción porque hemos podido lograr el empate que creo que merecíamos, por volumen de juego y por situaciones de gol, ya que hemos tenido las más claras", abrochó el portero instantes después de consumar su obra maestra como portero del Real Zaragoza, un gol, como tantos otros que ha evitado con sus paradas, que puede ser media permanencia a final de mayo.

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