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Lugo-Real Zaragoza: una mano a doble o nada

El equipo aragonés visita al Lugo (21.00), penúltimo en la tabla y en caída libre, con la permanencia en juego. Un triunfo en Galicia cimentaría la permanencia de modo firme. Otro resultado alargará la incertidumbre

Los jugadores del Real Zaragoza, en el último entrenamiento bajo el aguacero en la Ciudad Deportiva.
Los jugadores del Real Zaragoza, en el último entrenamiento bajo el aguacero en la Ciudad Deportiva.
Toni Galán

Juega en la noche de este viernes el Real Zaragoza un partido en Lugo con tintes de crucial, en especial si logra solventarlo con el deseado triunfo. Es una cita para afrontarla con optimismo, con osadía, con fortaleza mental, con desparpajo, pues en la victoria zaragocista va ímplicito un porcentaje enorme de la pretendida salvación, de la permanencia en la categoría, de la elusión del terrible descenso a Segunda B (Primera Federación, desde el año próximo).

El duelo del estadio Anxo Carro lucense (21.00/Aragón TV y Gol) junta al penúltimo en la clasificación, los locales, con un Zaragoza que no ha logrado huir del lío del descenso de manera suficiente, que aún está demasiado cerca del abismo y que necesita todavía media docena de puntos, como poco, en los últimos seis partidos que restan del torneo. Es una partida a doble o nada, sobre todo para los aragoneses. Ganar es sinónimo de regresar a casa con una renta que desprendería tintes de casi definitivo éxito. Pero no hacerlo implicaría efectos secundarios inversos, alargará la sensación de incertidumbre, de dudas y miedos, en una recta final de la liga que se presenta llena de trampas y peligros.

No es, por lo tanto, un partido más, de esos neutros o rutinarios que deja la Segunda División en su largo caminar de 42 jornadas, de nueve meses de pugnas infinitas. Lo de la noche de este viernes en Lugo son palabras mayores. Si ha sido manido el calificativo de ‘final’ en las previas de muchos de los encuentros ligueros acometidos por los zaragocistas en el último trimestre, lo de hoy en Lugo es algo superlativo en ese sentido.

Además de todas estas cuestiones genéricas, que indefectiblemente trae aparejadas un partido de este calibre a estas avanzadas alturas de la liga, de alta tensión por la transcendencia de lo que hay en juego, existen otros matices puntuales que ahondan la relevancia del envite. Uno, fundamental, que el Lugo está en plena caída libre en toda la segunda vuelta, su trayectoria es un desastre y, tras firmar hace una semana a su cuarto entrenador de la temporada, se halla en la encrucijada última: o reacciona ya o se despeña sin remedio al fracaso.

Lo que, por un lado, asoma como una ventaja para el Real Zaragoza, tiene doble filo traidor. Los galaicos suman seis derrotas consecutivas, un caos que no se queda ahí. Son 14 las jornadas seguidas que llevan sin ganar(la última vez que lo hicieron fue el 23 de enero, 2-0 al Tenerife en el mismo estadio en el que los blanquillos jugarán hoy, junto al Miño). Es su único triunfo en los últimos 19 partidos. Y, por semejante decadencia de los rojiblancos, han pasado de vivir en la pelea por la promoción de ascenso durante toda la primera vuelta a, claro está, ser penúltimos y tener pálida su tez, como un cadáver.

Juanfran, Nafti, Luis César Sampedro... los tres entrenadores que acabaron capolados por una dinámica tan horrible han dado paso al inexperto Rubén Albés, apuesta final del singular club gallego para tratar de arreglar este enorme desaguisado. Un aficionado, representante de peñas y demás hinchada, megáfono en mano, se presentó hace un par de días en el entrenamiento del Lugo para leer, voz en alto, un comunicado de apoyo –y reproche– a una plantilla que paró en seco su trabajo para oir con atención la soflama.

Este es el envoltorio que se va a encontrar hoy el Zaragoza en la ciudad amurallada. Una situación desesperada de este Lugo que es compañero de viaje zaragocista en Segunda desde hace ocho años, cuando los blanquillos descendieron para quedarse atascados sine díe. Juan Ignacio Martínez ‘Jim’ y sus muchachos tienen ante sí a un adversario malherido, lo que obliga aún más a saber manejar sus reducidas artes futbolísticas en pos de tres puntos claves. No se puede fallar. Y eso carga de responsabilidad a un grupo de por sí ya acogotado en ‘finales’ de este perfil. No supieron ganar en Castellón, ni en Cartagena, ni en Albacete, ni en Sabadell, ni el Logroño, ni en Oviedo. Antes, tampoco en Alcorcón (en el campo, se entiende). Hoy ya no hay margen de error. Es el momento de dar la talla, de responder a las exigencias.

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