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El Real Zaragoza, frente al entrenador más joven del fútbol profesional

El técnico Rubén Albés, con solo 35 años y una trayectoria marcada por la precocidad, ha recibido la compleja misión de salvar al Lugo del descenso.

Rubén Albés en un entrenamiento del Lugo.
Rubén Albés en un entrenamiento del Lugo.
CD Lugo

Hace unos días, el Bayern Múnich convirtió a Julian Nagelsmann en el entrenador más caro de la historia del fútbol al acordar con el Red Bull Leipzig un traspaso de 25 millones de euros. El gigante alemán se asegura así para la próxima temporada al ideólogo que viene revolucionando la Bundesliga en los últimos tres años. No ha importado que Nagelsmann tenga aún solamente 33 años ni que su pedigrí en el fútbol no le una a un pasado como futbolista reconocido -ni siquiera profesional-, a padrinos del sector o a otro tipo de relaciones tan habituales en las que el nombre lo hace casi todo por encima de los méritos. Nagelsmann pertenece a una ola de entrenadores alemanes -o del ámbito alemán- de nuevo cuño, teóricos ante todo, y construidos a sí mismos desde las capas iniciales del fútbol, dirigiendo y enseñando a niños, primero, y asistiendo a técnicos de mayor bagaje, después.

Poco a poco, el fútbol se va abriendo a este tipo de técnicos tan jóvenes, incluso más que varios de sus jugadores del vestuario, y ahora España está comenzando a vencer una de esas resistencias generacionales tan frecuentes en varios ámbitos profesionales del país. A este perfil responde Rubén Albés, el entrenador que el Real Zaragoza se encontrará sentado enfrente este viernes a los mandos del Lugo y que desafía la atávica tendencia de poner en los banquillos a técnicos de botas recién colgadas o con mucho nombre en el fútbol y poca trayectoria en las pizarras.

El club gallego, en su intento desesperado para que su cuarto técnico de la temporada rescate al equipo, le ha entregado la compleja misión a este desconocido vigués, de solo 35 años. Ahora mismo, es el entrenador más joven de toda la estructura del fútbol profesional español. Ni en Segunda ni en Primera División está al frente de un vestuario un preparador tan precoz e inexperto. No solo por su edad, sino también por su trayectoria: Rubén Albés ni pasó de los 23 años como futbolista, ni cruzó el umbral de la Tercera División gallega. Tampoco ha dirigido más arriba de la Segunda B o más allá de su papel de asistente de Miguel Ángel Portugal en el Valladolid en Segunda o de Benito Floro en una aventura marroquí en el Wydad de Casablanca.

Aun con todo el Lugo, le ha entregado las llaves del equipo. A Rubén Albés el fútbol se le ha puesto a toda velocidad en los últimos 15 meses. En octubre de 2019 fue despedido del UCAM Murcia en lo que hasta entonces representaba su principal proyecto entre manos, con el objetivo de ascender a Segunda. Luego, llegó la pandemia. Pero en junio pasado le llamó un emergente club de Rumanía, el FC Hermannstadt, que recibe el nombre alemán que tuvo la ciudad de Sibiu. Allí, Albés se convirtió en el entrenador más joven de la Primera División rumana, en un conjunto amenazado por el descenso. Salvó al equipo en unos pocos partidos, y ese es el aval que sujeta en la mano el Lugo, con la esperanza de que repita el trabajo y el objetivo. El técnico, no obstante, acordó este pasado enero su salida del Hermannstadt después de una crisis de resultados, y regresó a España. Hasta que hace dos semanas, el Lugo le brindó su gran oportunidad.

Una trayectoria precoz

Licenciado en Ciencias del Educación Física y del Deporte y máster de Preparación Física de la Real Federación Española de Fútbol, el entrenador vigués ya se convirtió en 2010 en el técnico más joven de todo el fútbol nacional, desde Primera a Tercera, cuando con solo 25 años tomó las riendas del Burjasot valenciano. Apenas hacía unos meses que había colgado las botas tras jugar en el Rápido de Bouzas, Pontevedra B o Céltiga, en las divisiones regionales gallegas, en su tierra. En esos equipos, comenzó a entrenar a chavales de categorías inferiores. Pero fue en la otra costa de España, en la zona levantina, donde se forjó como entrenador, al igual que quien este viernes será su rival, Juan Ignacio Martínez.

Es en la cantera del Valencia, con benjamines, alevines y cadetes, donde Rubén Albés entrenaría año y medio antes de pasar al Universidad de Valencia de Segunda Regional y saltar después al Burjasot de Tercera. De allí, al Catarroja. Su buena relación con el hijo de Benito Floro le instaló como ayudante principal del veterano técnico en su paso por Marruecos. Luego, volvería a la Comunidad Valenciana: fue segundo de Fran Yeste en el Eldense, banquillo que luego encabezó. También dirigió al Novelda. Eran tiempos en los que compatibilizaba su pasión con un trabajo de comercial de una compañía telefónica. 

En 2015 lo nombraron técnico del filial del Valladolid. En 2017, se fue al filial del Celta, al que casi sube a Segunda. En ese equipo, entrenaría a Sergio Bermejo, ahora rival en el Zaragoza. De allí, salió rumbo al UCAM en 2019, la incursión en Rumanía y el mayúsculo reto en el Lugo. Le acompaña, como escudero, Toni Madrigal, aquel verdugo del Barça en la famosa eliminatoria copera contra el Novelda.

Profundo estudioso del fútbol, con una formación académica a la medida del deporte en el que busca hacerse sitio, Rubén Albés no es muy distinto a entrenadores que hace varios años representaban una excepcionalidad, con escaso currículo previo en el fútbol profesional: Víctor Fernández, Juanma Lillo… Técnicos de elite forjados a sí mismos, de abajo-arriba y no de arriba-arriba, pisando banquillos nobles a edades muy tempranas y haciéndolo con éxitos… Ahora, ese perfil de entrenadores comienza a ganarse una mayor cuota en la rueda de los técnicos. Una nueva tendencia parece marcar un cambio general en el fútbol. Rubén Albés tiene ahora abierta la puerta del Lugo para demostrarlo.

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