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Lapetra: "Hay que aplicar toda la energía positiva para evitar el descenso a Segunda B"

El presidente del Real Zaragoza, en una profunda entrevista, detalla el sentir de Consejo de Administración en estos momentos cruciales, y explica las cuestiones deportivas, societarias, económicas y accionariales que están aconteciendo en este punto de marzo, a 75 días del final de la temporada. 

Christian Lapetra, presidente del Real Zaragoza, en la sede del club en la mañana de este miércoles 17 de marzo.
Christian Lapetra, presidente del Real Zaragoza, en la sede del club en la mañana de este miércoles 17 de marzo.
Guillermo Mestre

¿Qué ambiente, qué ánimo se respira en los últimos días en los despachos del Real Zaragoza ante las difíciles circunstancias que concurren en este final de liga?

Estamos con mucho ánimo, con ganas enormes de poder resolver positivamente el problema clasificatorio y acabar manteniendo la categoría, algo por lo que, por desgracia, nos está tocando luchar este año. Las cosas no han salido como esperábamos en verano, es evidente. Tomamos decisiones drásticas en su momento y esperamos que sean las definitivas y supongan seguir un año más en Segunda División. Estamos preocupados, sí, pero también muy encima del problema para darle solución. 

Quedan solo 13 partidos, 10 semanas y media, 75 días para conocer el veredicto de la competición. ¿Aumentan visiblemente los nervios, el miedo, en los dirigentes porque el margen de error es casi nulo?

Es cierto que, conforme van quedando menos jornadas y tu objetivo de mínimos no lo consigues consolidar, es inevitable pensar que tenemos problemas serios. Pero consideramos que hay que ser razonables con esta situación y dejar un espacio de trabajo al equipo, con la menor presión que sea posible alrededor. 

Pero la solución, como el problema, está en los propios jugadores y los técnicos. Este año no hay público. Esa presión externa apenas la sienten, no es la habitual.

Ellos ya saben que no están compitiendo a la altura que se esperaba, que no están en el nivel donde se pensó que iban a moverse, que no están clasificados en el lugar para el que la plantilla estaba hecha. Y los jugadores saben que existe muchísima responsabilidad para todos, que han de ser conscientes de lo que nos jugamos en estos partidos, como lo somos los dirigentes de la SAD. Esto tendrá que ser suficiente para que los implicados valoren en su justa medida lo que tenemos entre manos. Si no se puede ganar un día, no hay que perder. Esto se puede decidir al final por un simple punto. Quedan 39, y todos valen lo mismo, son de oro.

¿Qué darían los directivos del Real Zaragoza hoy por saber dónde estará el equipo el 31 de mayo, cuando la liga haya acabado?

Esto es algo muy importante, poder conocer cuanto antes dónde vamos a vivir el año que viene. Seguro que daríamos algo grande porque nos ayudaría de manera crucial a tomar las decisiones de futuro, que ahora han de esperar. Pero esto nos viene pasando en los últimos años, unas veces porque hemos aspirado a subir a Primera, otras, como ahora, porque ha habido que sufrir hasta el final para lograr la permanencia. Todo lo que sea adelantarnos a los acontecimientos, tanto en lo económico como en lo deportivo, facilitaría mucho las cosas. 

¿Son estos dos próximos los dos meses más transcendentales de la historia del Real Zaragoza, que cumple ahora mismo los 89 años de vida?

Si lo queremos ver así, puede ser que sí. Un descenso a Segunda B no es deseable nunca, pero menos en las circustancias en las que vive el Real Zaragoza en la última década. Por eso hay que aplicar, hay que focalizar toda la energía en positivo para evitarlo. Estamos ante dos meses de profunda importancia para lo que venga. No sé si los más trascendentales, porque cuando vino esta propiedad a coger el timón de la SAD recordemos que al Real Zaragoza le quedaban 20 horas de vida, se moría inexorablemente. Esta valoración del presente nos la dirá el futuro, cuando pase un tiempo. 

El mes de diciembre, con los despidos de la dirección deportiva y la llegada del tercer entrenador, y con el ruido externo de la posible compraventa de la SAD, ha sido el momento de peor digestión de la actual propiedad en siete años?

Probablemente, diciembre haya sido el momento más duro desde que estamos al frente del Real Zaragoza. Aquella situación, en la que el equipo llegó a ser el último clasificado, estaba en las antípodas de lo que se pensó cuando se hizo la plantilla. Hubo que tomar determinaciones y se hizo, siempre con la información que nos dejaba aquel momento puntual. Ahora, visto lo sucedido después, es fácil deducir que quizá hubiera sido deseable hacerlas antes, pero eso siempre es a toro pasado. Con lo ocurrido en aquellas semanas, se retrasó en cierta medida la reacción del equipo.

El ruido exterior, la aparición de presuntos compradores públicamente, ha sido un episodio nuevo, no dado hasta ahora en los siete años precedentes donde el día a día se movió en la estabilidad institucional.

En este negocio del fútbol parece que cualquiera puede hablar de cualquier cosa sin ninguna responsabilidad, no siendo consciente del daño que puede ocasionar. Todo lo que rodeó al club, a la propiedad, a los patronos, durante ese mes de diciembre no fue grato para nadie y no fue bueno para el club ni el equipo. Se dijeron muchas mentiras, muchas falsas verdades. Y, la mayoría, intencionadamente malignas, para hacer daño. Tuvimos que aplicar la templanza y, visto el paso de los últimos dos meses y medio, parece que acertamos. El equipo ha salido de la última posición, está ahora mismo fuera del descenso, y todo está apaciguado. Vamos a ver si acaba bien la historia que, en diciembre de 2020, creo que atravesó por un momento crítico en todos los sentidos.

Aquella desconcertante aparición de compradores, con hechuras y métodos que trasladaron a los observadores a tiempos anteriores a la actual era o propiedad, y todo lo sucedido a posteriori al respecto, ¿indica que el actual statu quo del consejo de administración ha terminado un ciclo y vamos hacia algo distinto societariamente?

Nosotros, desde el principio, cuando evitamos in extremis la desaparición del Real Zaragoza en julio de 2014, hemos pensado que cualquier compañero de viaje que se sumara a los propietarios sería bienvenido. Se invitó al inicio a más gente, que rehusó. Después, han asomado algunos rumores, palabras que nunca se plasmaron en realidad en la práctica. Y esto no ha cambiado a día de hoy.

Entonces, ¿cómo califica estas iniciativas, con nombre y apellidos, que emergieron en diciembre cuando el Real Zaragoza parecía descomponerse irremediablemente?

Esas aproximaciones que ha podido haber en tiempos pasados, en los años precedentes, siempre se han topado con que la situación financiera del club no es halagüeña, no seduce a nadie cuando se conoce a fondo. Ninguna de las ofertas que se han acercado al club han terminado por estar dotadas de la consistencia económica suficiente como para tenerse en cuenta. Todo esto, normalmente, se ha hecho desde la discreción y desde la responsabilidad empresarial absoluta. En diciembre, algunas personas, con apoyos de terceros, se saltaron esto de manera muy poco elegante, aprovechando un momento de mucha debilidad del equipo. En algún caso, su solvencia, debidamente analizada, indica que ellos no pueden ser el cambio ni los compañeros de viaje que se necesitan. El tiempo está demostrando que todo fue palabrería, sin cimientos de realidad. Y, en otros, los compromisos de deuda del club para el futuro inmediato ahuyentaron intenciones iniciales.

Hay solo dos salidas deportivas de este problema. Una, que el Real Zaragoza logre el 31 de mayo la ansiada permanencia en Segunda División, que haya cuatro peores. ¿Qué pasará entonces?

No habrá sucedido ninguna alteración seria al plan de futuro. Esperaremos a ver si podemos contar con público el año que viene, cosa que nos permitirá hacer una campaña de abonados en condiciones. Trataremos de seguir atrayendo a los zaragocistas, que no lo están pasando nada bien en el último año natural. Haremos una oferta atractiva para quien quiera seguir sintiendo los colores camino de la normalidad, apoyando a su equipo como siempre. También recuperaremos patrocinios, superaremos otras limitaciones. Pero la SAD se seguirá viendo constreñida por sus vencimientos de deuda, tanto con Hacienda, como con el consurso de acreedores, cuyos importes de pago son crecientes. Tanto si vamos solos, como hasta ahora, como si viene un acompañante nuevo para andar el camino, estaremos ante otra temporada dura y difícil en lo financiero, lo que complica cada año nuestro objetivo, que es subir a Primera División, el único lugar donde el club es viable. 

Y la otra opción. ¿Qué pasará si se consuma el descenso a Segunda B?

El escenario será, entonces, muchísimo más complicado. Continuaremos con esos requerimientos de pagos millonarios y perderemos los ingresos de televisión, asunto crucial en el día a día actual. Habrá una ayuda al descenso que, por ser mínima, no paliará por mucho los déficits que esto supondrá. Tendremos que buscar nuevas fuentes de ingresos, abriríamos y exploraríamos nuevas vías de obtención de dinero para compensar lo perdido. 

En esta respuesta va implícito que, si se baja a Segunda B, el Real Zaragoza sí que saldría a competir en esa categoría.

Yo no puedo garantizar nada. No sé que podrían decidir los propietarios. Lo que yo traslado es la realidad objetiva, a priori, a fecha de hoy. Lo que la gestión obligaría a hacer. Pero no sé si, al final, eso sería viable. Los propietarios lo analizarían y su conclusión la trasladarían al Consejo en un momento determinado. El desastre deportivo puede traer una cascada de consecuencias que deriven en otras decisiones posteriores. 

En las últimas horas se ha conocido la solicitud al Juzgado de una nueva modificación de los pagos de la SAD relativos al consurso de acreedores, llevándolos hasta 2030 y con un aplazamiento de cinco años si se baja a Segunda B. ¿Esta es la solución principal que buscan ante ese indeseado despeñamiento fuera del fútbol profesional?

Sí, pero no es la única. El 'decreto covid' nos ofrece esta posibilidad y la hemos llevado a cabo. Si el Juzgado tiene a bien darnos el sí, deberemos negociar con la masa de acreedores para obtener más de la mitad de su apoyo en el aplazamiento, como ya hicimos en su día. 

¿Han testado ya cuál sería la disposición de esos acreedores a un nuevo alargue en el tiempo de sus cobros pendientes?

Esperamos la aceptación del Juzgado lo primero. Pero percibimos cierto 'feeling' favorable de muchos de ellos. Nosotros, en las circuntancias que se dan ahora mismo, hemos de forzar todas las vías administrativas que tenemos a nuestro alcance. Es la vida del club la que está en juego. Esta operación seguirá adelante si seguimos en Segunda División. Y la habríamos presentado ante el Juzgado igualmente aunque estuviéramos peleando por subir el año que viene a Primera. 

¿Qué pasaría si la jueza Maria Carmen Villellas dijera no? 

Yo creo que la propuesta es razonada y razonable. Contempla un calendario de pagos que hemos adecuado a la realidad cruda y dura del club hoy en día. Desde que se puso en marcha el pago del convenio de acreedores, cualquiera de ellos puede acreditar que somos serios, que somos un club pagador. No debería el Real Zaragoza obtener el no a su propuesta. Esperamos que la respuesta sea sí.

César Alierta, el máximo accionista de la SAD, ¿está al tanto de todo en el día a día, de todas estas últimas cuestiones de máxima relevancia?

Por supuesto. Tiene a dos de sus familiares en el Consejo de Administración, uno de ellos como consejero delegado. Y además tiene a una persona de su confianza más en dicho Consejo, también como consejero delegado. César está informado puntualmente de todo lo que acontece en lo económico dentro de la entidad. 

Si pasan los meses y ese compañero de viaje que sería bienvenido en el accionariado del Real Zaragoza, por lo que sea, no llega, ¿qué sucederá?

Hay algo diferente en las últimas semanas. Hasta ahora, hemos estado durante años recibiendo alguna oferta, de un tercero al que no conocías, y al que estudiabas antes de deducir, como ha sido en todos los casos, que no era lo adecuado, lo que el Real Zaragoza necesitaba a criterio de su actual propiedad. Desde ahora, somos nosotros los que estamos trabajando en encontrar a alguien que responda a ese perfil requerido. Y eso cambian mucho las circunstancias. No es sencillo, pero el punto de partida es distinto y confiamos en encontrar ese compañero de viaje que facilite el futuro de la entidad. Ahora somos nosotros los que llevamos la iniciativa, no llegan solo los inputs del exterior.

Bajar a Segunda B metería a la SAD en un negro camino inexplorado jamás. Seguir por octavo año en Segunda, el mejor de los escenarios ahora, ¿puede mejorar las constantes vitales del Real Zaragoza con nuevos accionistas?

El 30 de junio, con la conclusión oficial de la temporada 20-21 y sus números, nos pondrá en nuestro sitio dentro de La Liga. Esto es así cada año. El Real Zaragoza, como todos los clubes tras la pandemia, va a ver reducidos sus ingresos con seguridad. Y la supervivencia, como empresa dentro de un entramado societario como es La Liga, que nos tutela al cien por cien, nos obligará a determinadas decisiones, nada nuevas. Nuestro presupuesto estará abocado a vender jugadores, su única vía de ingresos cada año. No tenemos más activos. 

Por último, ¿qué les traslada Juan Ignacio Martínez desde el vestuario sobre el compromiso del equipo en esta delicada situación?

El equipo está bien mentalmente. El entrenador ayuda mucho para que esto sea así. La plantilla está muy concienciada de las circuntancias en las que viven y de lo que se avecina en las próximas 13 jornadas. Puedo garantizar que a los jugadores no les es ajeno el problema societario que supondría para el Real Zaragoza perder la categoría. Esto tiene un doble filo: la responsabilidad puede servir de estímulo para dejarse la piel cada partido o, por el contrario, caer atenazados por tanta responsabilidad y no dar de sí lo necesario. Ellos ya saben que hay que ganar como sea los puntos, que se trata de guerras, de batallas a vida o muerte. El Real Zaragoza no puede ser menos que cualquiera de sus 13 rivales que restan.

Usted ha trasladado esto al vestuario en primera persona. 

Sí, los jugadores saben todo de mi boca, conocen el sentir de la propiedad y la hondura del problema societario que hay en juego. Hablé con ellos en las últimas horas. Con toda la plantilla; después, con los capitanes y con el entrenador. Les pedí esa responsabilidad, que fueran conscientes de lo que el Real Zaragoza se juega. Y solicité a los veteranos que no dejen caer el ánimo de los más jóvenes, pues ninguno de ellos ha vivido esta situación nunca y han de tomarla como parte de su crecimiento. No sé si esto ha de ser suficiente como para que nadie se despiste de la importancia de estos dos meses y medio que faltan para acabar la liga. Pero creo que debería bastar para no dar un solo balón por perdido, para morir en el campo, al margen de jugar mejor o peor al fútbol, que es algo secundario ya a estas alturas. Esto, en alguno de los últimos partidos, no ha sucedido como debería y por eso hemos perdido. El entrenador y los capitanes son sabedores de este parecer. 

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