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JIM: cuando el tiempo es oro

En pleno derrumbe, el Zaragoza de Baraja afrontó una maratón de un partido cada tres días, misma saturación que soportó Iván Martínez entre final de noviembre y comienzos de diciembre, con 7 encuentros condensados en 21 días. JIM ha podido apoyarse desde su llegada, en cambio, en un calendario relajado en calidad, pero, sobre todo, en cantidad: su Zaragoza juega cada 7 días.

Juan Ignacio Martínez, en el entrenamiento del Real Zaragoza este miércoles en la Ciudad Deportiva antes de hablar con HERALDO.
Juan Ignacio Martínez, en el entrenamiento del Real Zaragoza este miércoles en la Ciudad Deportiva antes de hablar con HERALDO.
Francisco Jiménez

Mathieu Peybernes todavía no ha jugado mucho en el Real Zaragoza, pero un presagio lanzado al aire el día de su presentación va tomando la consistencia de las profecías cumplidas: “La plantilla es muy completa. El hecho de no descansar tras los playoff, jugar cada tres días y empezar con mala racha es difícil de corregir. Con la idea del nuevo mister, el equipo compite mejor. Ahora, con más tiempo, vamos a empezar a trabajar más y se notará en los resultados”, esbozó el central francés en un análisis que pasó inadvertido entonces, pero que, observado con la retrospectiva de las semanas, se presenta como un dardo en el centro de una diana.

El Zaragoza es otro -mejor, recuperado, competitivo, ganador, líder en números con JIM…- y su resurrección la explican varios factores, como casi todo en el fútbol, donde pocas veces los problemas se explican con una sola causa o un solo culpable. El tiempo, como advertía Peybernes, su escasez, la velocidad a la que se valora muchas veces el fútbol, las urgencias más o menos sobrevenidas o dirigidas, ha jugado un papel elemental en la crisis del Real Zaragoza, atado de pies y manos desde agosto -por razones ajenas sobradamente conocidas- a un calendario de jornadas adverso, desigual y arbitrario.

La configuración de partidos realizada por LaLiga para el Real Zaragoza se convirtió en un muro de roca en la primera vuelta, con dos tramos, entre final de octubre e inicio de noviembre y entre los últimos días de noviembre y los primeros de diciembre, en los que el equipo fue engullido por la vorágine, un maratón que lo desarboló en plena crisis: justo cuando más tiempo era necesario, menos tuvieron sus entrenadores. Rubén Baraja cayó fulminado después de un periodo en el que el Zaragoza jugó un partido cada tres días, 7 jornadas en 21 días

Lo mismo Iván Martínez: después de su debut contra el Oviedo, afrontó tres semanas con siete partidos, es decir, el Zaragoza jugaba cada tres días. Juan Ignacio Martínez, en cambio, se ha encontrado un calendario más reposado, más natural y más racional: desde su llegada, el Zaragoza juega cada 7 días (incluyendo en el parámetro los tres próximos encuentros, ya agendados por LaLiga, contra Sabadell, Alcorcón y Oviedo).

Ni Baraja ni Iván Martínez tuvieron el contexto temporada para ensayar y probar soluciones a los problemas del equipo que sí ha encontrado JIM. El Zaragoza empezó la temporada el 26 de septiembre y jugó sus tres primeras jornadas en cadencia semanal: ganó a Las Palmas, empató pero venció en los despachos al Alcorcón y tumbó al Albacete. Justo aquí, la ola comenzó a llevarse por delante a Baraja, tras la primera derrota, el domingo 18 de octubre contra el Málaga en La Romareda

Desde ese día, hasta el 8 de noviembre, encadenó 7 partidos en tres semanas exactas, todos de liga y en una secuencia así: domingo (Málaga), jueves (Leganés), domingo (Sabadell), jueves (Mirandés), domingo (Mallorca), miércoles (Girona) y domingo (Tenerife). Por si fuera poco con la sobrecarga del calendario ordinario, LaLiga, como se ve, emplazó a recuperar el partido contra el Girona, de la primera jornada aplazada por “cortesía competitiva”, en pleno aluvión de encuentros, igual que haría después en diciembre, ya con Iván Martínez con el otro partido pendiente, frente al Almería. Rubén Baraja no ganó ninguno de esos siete partidos y sumó solo dos puntos. Se fue a la calle.

Le relevó Iván Martínez, quien se enfrentó a una agenda muy parecida, con la losa, además, de un equipo salpicado de problemas, en fase de hundimiento y necesitado de soluciones urgentes. Pero tampoco el joven entrenador aragonés dispuso de la mejor coyuntura en el calendario. Después de su debut contra el Oviedo con derrota, tuvo una semana de margen hacia el siguiente encuentro, frente a la Ponferradina, el 22 de noviembre. Y ahí se acabaron las pausas. El Zaragoza, hasta el 13 de diciembre, fecha en la que Iván Martínez sería devuelto al filial, también jugó un partido cada tres días. Sin respiro, enlazó domingo (Ponferradina), miércoles (Rayo Vallecano), domingo (Espanyol), miércoles (Castellón), domingo (Fuenlabrada), miércoles (Almería) y domingo (Sporting). En este ciclo, el Zaragoza solo ganó al Fuenlabrada y perdió todo lo demás.

En poco más de dos meses, dos entrenadores se enfrentaron a las mismas dificultades. Rubén Baraja debió gestionar una pretemporada recortada y antinatural, a toda mecha, en un equipo que, precisamente, lo que más necesitaba era tiempo, tras el cambio profundo en la plantilla y en la idea de juego.

Cuando el rumbo se torció, la emergencia se apoderó del presente del Zaragoza, con una rutina vertiginosa de partidos que apenas dejaba margen para el trabajo, el ensayo de soluciones y el análisis de los problemas. La dinámica semanal del Zaragoza pasó a ser jugar, recuperar, preparar partido, jugar, recuperar, preparar partido, jugar… Un ritmo indigerible no solo para un equipo en construcción como ese, sino también para un equipo en crisis, tan tensionado, urgido y exigido como el Zaragoza. Iván Martínez no solo se enfrentó a idénticos obstáculos desde el punto de vista del entrenamiento y la planificación, sino que, en su caso, la situación deportiva aún era más grave, es decir, la respuestas aún debían llegar de modo más veloz. Un círculo vicioso letal para el Zaragoza.

Más tiempo de entrenamiento, menos lesiones...

Y así aterrizó JIM. Pero también el alivio del calendario: un respiro ideal para que el nuevo técnico aplicará su terapia de choque. Tiempo para moldear el equipo, detectarle los problemas, pero, principalmente, para aplicar soluciones, probarlas en el campo de entrenamiento, repetirlas y trabajar, como ha dicho alguno vez el entrenador, la consolidación de “automatismos”. Tras su debut en Copa del Rey, en Torrelavega, con una versión B del Zaragoza, el técnico ha tenido dos meses y medio en los que el calendario no solo se ha relajado en términos cualitativos -si eso es posible en Segunda-, con rivales de la zona baja y media; sino sobre todo en términos cuantitativos. Con JIM, el Zaragoza ha pasado de jugar cada tres días a hacerlo cada siete, con una secuencia semanal, e incluso con ventanas de parón, como la Navidad o los quince días de distancia entre los encuentros contra el Logroñés y el Albacete -jugados ambos en viernes- debido a la Copa del Rey celebrada en fin de semana. En 2021, solo ha tenido un partido intersemanal, en Copa, contra el Alcorcón, una eliminación que, visto lo visto, ha tenido notas positivas para la reconstrucción del equipo. E incluso después de jugar este viernes contra el Sabadell deberá esperar 10 días para jugar, en lunes, contra el Alcorcón.

JIM ha podido apoyarse desde su llegada en esta normalización del calendario. Le ha ayudado a la hora de planificar, dosificar y programar entrenamientos, pero también en los recursos disponibles. No es de extrañar que, más allá de Cristian, desde la llegada de JIM, el Zaragoza haya minimizado las lesiones. La compresión del calendario en otoño condensó los minutos en tan poco tiempo que elevó los riesgos de lesiones, y así, Baraja o Iván Martínez, sufrieron bajas incesantes: Vigaray, Jair, Adrián, James, Atienza… Caídas, recaídas… En muchos casos, en futbolistas esenciales, en especial, a nivel defensivo, como Vigaray o Jair, o a la hora de elevar el nivel físico, como James… 

Ellos son ahora recursos a mano de JIM, piezas útiles y disponibles con las prestaciones al alza. A la vuelta de Navidad, el entrenador afirmó que, a partir de entonces, “se vería la mano de JIM”. “Tenemos muchos días para trabajar y de mostrar mi manera de entender el juego”, añadió. Y así está siendo, el Zaragoza va cobrando la forma de JIM justo a tiempo. Ya lo predijo Peybernes...

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