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Dos goles del Real Zaragoza a domicilio en 33 minutos, tantos como en los 11 viajes anteriores

El Real Zaragoza, además de ganar su primer partido de la temporada fuera de casa el domingo en Málaga, también cambió de raíz su tendencia anotadora, que era paupérrima en los cinco primeros meses de liga.

Celebración del 0-1 en Málaga, anotado por Igbekeme.
Celebración del 0-1 en Málaga, anotado por Igbekeme.
Guerrero/LOF

El domingo pasado en Málaga, en el primer triunfo puro del Real Zaragoza fuera de casa en esta temporada –aparte se evalúa obviamente el logrado en Alcorcón en los despachos tras la alineación indebida de los madrileños– el equipo aragonés dejó un indicio cristalino de su recuperación futbolística en esta pobre temporada. El dato habla por sí solo: por primera vez en cinco meses el equipo anotó dos goles a domicilio (solo lo ha hecho tres veces más en casa, ante Las Palmas (2-2), Girona (2-2) y Logroñés (2-0). Pero, siendo esto clave para que se diera la victoria en La Rosaleda, el detalle estadístico es aún más contundente por su valor en un año tan raro.

Los dos goles obrados en campo malagueño, firmados por Igbekeme y Vigaray, anotadores inhabituales, que se consumaron en una horquilla de 33 minutos (el nigeriano abrió el marcador en el 11 y el lateral madrileño amplió la ventaja en el 44), igualaron la cosecha goleadora de todo el equipo en las 11 jornadas precedentes jugadas en campo ajeno.

A cero, sin anotar, se quedó en su momento el Real Zaragoza en sus desplazamientos a los campos del Alcorcón (0-0), Leganés (1-0), Mirandés(1-0), Tenerife (1-0), Espanyol (2-0), Castellón (1-0), Almería (1-0), Sporting de Gijón(1-0) y Albacete (1-0). Nueve partidos de ceguera anotadora, más de 810 minutos en partidos completos, casi 20 horas de juego en total lejos de La Romareda, si se cuentan todas las jornadas ya acometidas. Una barbaridad sin precedentes. Un mal grave que ha llevado al equipo a una situación extrema de salud deportiva, metido en zona de descenso muchas jornadas y llegando a ser el último (22º) en dos momentos de lo que va de liga. 

Enmedio de ese desierto solo se cantaron dos goles fuera de casa, dos oasis, uno inútil de Narváez en Ponferrada (derrota por 2-1) y otro de Iván Azón en Cartagena que dio un punto (1-1). El domingo, en Málaga, en media hora se logró lo mismo que desde septiembre. Y, además, sirvió para ganar. Otro asidero más para la esperanza. Por detalles como este ha de iniciarse la resurrección. Es indispensable. Innegociable. 

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