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Málaga, primer paso hacia la orilla

El Real Zaragoza juega este domingo (16.00) en La Rosaleda en pos de su primera victoria fuera de casa. Los de Jim visitan al peor local de la liga con el fin de huir de la zona de peligro.

Acabado el mercado de invierno de fichajes, dejado atrás pues el siempre -más o menos- desconcertante mes de enero, el Real Zaragoza inicia este domingo en Málaga su cuenta atrás frenética en una liga torcida desde el principio a la que tiene que ponerle remedio para no escurrirse por la canalera y caer de bruces en el piso de abajo, un asunto que asusta por su intrínseca gravedad para la vida y el futuro de la SAD. La Rosaleda, campo histórico, precioso tras su remodelación, con sabor a los grandes días en Primera, es la primera estación de paso en los 19 partidos que restan para acabar el presente torneo 20-21, el de la covid-19, el más anómalo de la historia del fútbol español. Es la primera de las 19 finales que ha de jugar el equipo aragonés. La primera de un febrero que nace lleno de exigencias, de riesgos también.

Visita el Real Zaragoza al peor local de la liga actual. El Málaga es un evidente caos cuando juega como local: solo ha ganado dos partidos, al principio de todo, 1-0 al Alcorcón y al Sporting de Gijón, a este en tiempos de Pilares, en octubre. Ha llovido (y ha nevado) lo suyo desde entonces. Va para cuatro meses que los malacitanos no son capaces de resolver un partido a su favor a orillas del río Guadalmedina, en el estadio del barrio de Martiricos. Sabiendo el tradicional papel de ‘equipo aspirina’ que ha sido el Zaragoza en casos así, da un cierto repelús citar este dato… pero es necesario para hacerse una idea del perfil del adversario al que se visita. Por este lado del análisis apriorístico, los de Juan Ignacio Martínez ‘Jim’ saben que tienen ante sí una magnífica oportunidad para romper en mil pedazos la otra parte de la estadística que salta a la vista de cualquier observador antes de este duelo en la ciudad andaluza: el Real Zaragoza es, con diferencia, el peor visitante del torneo.

O sea, se juntan el hambre con las ganas de comer. Porque, en efecto, el Zaragoza está en los sótanos de la clasificación, entre otras muchas cuestiones perniciosas para sus intereses, porque fuera de casa solo ha logrado sacar dos empates desde que esto empezó en septiembre: 0-0 en Alcorcón y, más recientemente, 1-1 en Cartagena. En el primer caso, en el sur de Madrid, la alineación indebida de los alcorconeros acabó dándole la victoria en los despachos a los blanquillos por un postizo y normativo 0-3. Pura y preocupante anécdota porque, desde aquel día aún de verano, todo fueron patinazos, decepciones y fiascos, uno tras otro, en cadena letal. Esto es lo que Jim quiere empezar a mutar desde ya mismo, este domingo en Málaga. Sabe que sin puntuar como visitantes no hay solución. Que ganar todo en La Romareda, como está sucediendo en el último mes y medio, es un método que un día u otro tiende a romperse, por la estructura propia de esta liga igualada, sin público, mentirosa en el formato del espectáculo futbolístico.

El primer reto este domingo en Málaga es anotar goles en la portería albiazul. Porque el Real Zaragoza es un murciélago cuando sale de casa, un bloque que no ve, ciego en su vuelo, que no vislumbra adonde ataca, que se mueve por el campo a gritos orientativos, sin tener clara la referencia de las porterías rivales. A saber: además del citado 0-0 en Alcorcón, perdió 1-0 hasta siete veces, en Leganés, Miranda, Tenerife, Almería, Castellón, Gijón y Albacete. Y por 2-0 en Barcelona con el Espanyol. No marca, inanición absoluta de gol. Solo dos ha celebrado lejos de La Romareda, uno inútil, en otra derrota, por 2-1 en Ponferrada; y el otro, in extremis, acontecido en Cartagena para igualar al final y evitar el enésimo 1-0 que ya se barruntaba. Y es que, hasta ahora, al Zaragoza se ha tumbado de un solo golpe como forastero. No les ha hecho falta demasiado a los de enfrente para llevarse los tres puntos en litigio. Tal ha sido la debilidad colectiva de un equipo al que Jim debe y quiere rehabilitar.

Málaga será el primer test para ver si el nuevo -y tercer- entrenador zaragocista del año lectivo está siendo capaz de encontrar sustancia en el corazón de la plantilla. Para ello, en este incipiente febrero, contará ya con los tres fichajes invernales en tiempo y forma de ser utilizados con consistencia: el central Peybernes, el delantero Alegría y el centrocampista Sanabria. Veteranía, trayectoria y hambre por el triunfo traen, respectivamente, cada uno de ellos a este necesitado grupo humano. Sobre todo, por ser lo males del equipo los que son, de Alegría se espera mucho, todo. Sus goles, sus remates, su presencia en el área, sus dejadas de cabeza… algo que rompa con las carencias brutales de los cuatro meses y medio previos.

El Real Zaragoza parte en esta 24ª jornada de la cornisa del abismo en la clasificación, con solo 23 puntos en el puesto 18º. El pelotón de desesperados corre a la heroica ya en busca de la orilla, de escapar del despedidero, de la alcantarilla última que succionará a cuatro de ellos en mayo hacia el infierno de la categoría inferior. El Málaga, rival de esta tarde en horario sobremesa (oasis raro entre tantos días laborables en horario nocturno, como gusta ubicar a La Liga los partidos de los aragoneses), también se esperaba que fuese uno de ellos, que a estas alturas estuviera más abajo en su rango clasificatorio. Pero los de Pellicer están rindiendo por encima de lo presumible y de lo que sus problemas societarios auguraban. Tienen 31 puntos los de la Costa del Sol, 8 más que el Real Zaragoza, en el puesto 12º. Un mérito enorme para un club descabezado (el jeque Al Thani fue apartado del gobierno de la SAD hace unos meses, sustituido por un administrador judicial), que compite bajo una sanción por saltarse a la torera el límite salarial dos años seguidos tras su descenso de Primero y que, por ello, solo tiene 18 fichas profesionales. Si el Zaragoza logra ganarles este domingo en La Rosaleda, quién sabe si la espiral negativa acaba acudiándoles y, dentro de un par de meses, el Málaga anda metido también en asuntos de descenso.

Este es otro objetivo del Real Zaragoza en los próximos partidos de febrero. No solo se trata de alejarse del peligro propio, sino de inmiscuir en problemas a otros que ahora viven un poco mejor. El Málaga, como lo será en breves el Oviedo, es uno de esos rivales a los que cabe dar caza a medio plazo si las victorias llegan por fin lejos de La Romareda. Un sueño, una necesidad. Ojala que una realidad.

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