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Real Zaragoza-Ponferradina: con la vida en juego... y sin red

El Real Zaragoza recibe a la Ponferradina en La Romareda (21.00) sin más opción útil que ganar. Los aragoneses, con puntuación de colistas, están obligados a no fallar más, esta vez ante un rival de cabeza.

Imagen del entrenamiento de este jueves, el previo a jugar el Real Zaragoza ante la Ponferradina.
Imagen del entrenamiento de este jueves, el previo a jugar el Real Zaragoza ante la Ponferradina.
Toni Galán

Finales de enero y ya se oye, se palpa el silencio de la tensión en los partidos del Real Zaragoza. La derrota de hace una semana en Albacete ha hecho mucho daño en la clasificación, mucho más por que los manchegos repitieron éxito el martes en Alcorcón en el duelo aplazado en su día por la nieve y, lejos de quedar desahuciados –como lo habrían parecido de haber vencido el Zaragoza en el Carlos Belmonte–, han revivido cual ave fénix y el lío en la parte baja de la tabla es de órdago a la grande. Envite de naipes en el que los zaragocistas no llevan buena mano precisamente.

La Romareda acogerá en la noche de este viernes un choque de enorme responsabilidad en el seno blanquillo. En este fútbol de mentira, impostado, sin público ni ambiente, de plató y atrezzo postizo a todas caras, el Zaragoza comienza ya a tener la sensación permanente de jugarse la vida en cada paso, en cada disparo a puerta, en cada remate sobre su portería. Lo mismo sucede en cada decisión arbitral, bien sea en jugadas a su favor o, como el otro día en Albacete, en cuestiones que se discuten en su contra y que pueden resultar, como el penalti del inventor Ávalos Barrera y del singular ponderador Pérez Pallas, perniciosas a más no poder para la salud de un equipo que está pasándolas canutas en la competición por la errónea arquitectura del proyecto que ejecutaron los anteriores ingenieros del ramo.

Es hora de espabilar. El bofetón de Albacete, que mezcló perjuicio ajeno –con la sombra negra del árbitro en el fondo de la fotografía de situación del Zaragoza actual– y otra buena dosis de juego insuficiente para doblegar a uno de los más flojos rivales de la categoría, ha desatado el grito de las alarmas. Las mismas que ya sonaron en su momento con Baraja y que, con mayor énfasis, mostraron sus luces encarnadas en el mes y medio de Iván Martínez al frente del equipo enmedio de un maremágnum general que abrió brechas aún por reparar o cauterizar.

En lo sucesivo, en los 20 partidos que faltan para llegar al final del torneo, el Real Zaragoza ha de ganar en torno a la mitad de los puntos. Evadirse de este mandato es un gesto suicida que solo lleva al engaño voluntario. Por eso, Juan Ignacio Martínez 'Jim', ayer ya avisaba de que el espacio para cometer fallos se ha reducido a la mínima expresión. El cupo de pifias mayúsculas, de todo tipo y condición, debería estar ya agotado en el seno zaragocista para bien de todos. Desde hoy y hasta finales de mayo, han de prevalecer los aciertos, los éxitos, las buenas nuevas, los puntos, la progresión en la clasificación, con cierta cadencia y sin grandes parones en la velocidad de crucero necesaria.

El Real Zaragoza arranca la jornada con 20 puntos, antepenúltimo (el 20º). Un balance que es idéntico al de los dos que le siguen, Cartagena y Alcorcón, que solo están por detrás por el volátil factor del ‘golaverage’ o diferencial goleador. Pura anécdota a estas alturas del torneo.

La obligación de ganar es ineludible, innegociable. El equipo de Jim ha de lograrlo esta noche como sea. Todo lo que no sea acostarse a dormir con 3 puntos más será sinómimo de dificultades supremas. Se acabaron los subterfugios y los paños calientes en caso de patinazo. Ese material quedó agotado en la fatal primera vuelta acontecida desde septiembre.

Un partido desigual

El de hoy en La Romareda es un duelo desigual. Pero lo es de forma invertida a lo que se podía vaticinar al inicio de la competición. El Zaragoza, el histórico y grande de la categoría, anda atascado en lo más bajo de la tabla. En peligro de muerte. Y la Ponferradina, un modesto entre los modestos, llega en el 7º puesto, con los mismos puntos que dan opción a disputar la promoción de ascenso a Primera. Es el mundo al revés. Los leoneses tienen 14 puntos más que el Real Zaragoza (34). Una cifra, una distancia bárbara que no necesita más explicaciones.

Este fue el último partido de la liga pasada. Ganó 2-1 el equipo zaragocista que acabó 3º en la tabla y pugnó por el ascenso. La Ponferradina acabó la liga en 18º lugar, el último en la orilla de la salvación, con los mismos puntos del primero que bajó a Segunda B, el Deportivo de La Coruña, 51. Salvó el pellejo por un gol, por ese ‘golaverage’ que tanto tiene de lotería a veces. Aquello era lo normal. Lo de ahora es una aberración, algo contra natura. Es lo que hay.

Muchos nombres propios

El Real Zaragoza tiene las bajas por lesión de Ros (rodilla) y Tejero (sóleo). Y Jim ha vuelto a cargarse a Vuckic radicalmente de sus planes. Pero, más que en las ausencias, la atención estará hoy puesta en los nuevos fichajes. Alegría, que ya jugó media hora en Albacete, tendrá su espacio por primera vez en la delantera en La Romareda. Y se espera al defensa Peybernes, ya con los papeles en regla. Tal vez también se pueda ver al joven uruguayo Sanabria en la línea media, si la LFP no se pone estupenda con sus exigencias. Enfrente, la Ponfe tiene fuera de juego a Larrea y Doncel, ambos con covid; a Amo, sancionado;y a Paris Adot, lesionado. Su fichaje de invierno es Aguza, que jugó contra el Zaragoza hace 28 días con el Cartagena. Es noche de cambios.

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