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El Real Zaragoza recurrirá la tarjeta amarilla a Vigaray por la redacción del acta

Ávalos Barrera, el árbitro de Albacete, narra la acción del zaragocista sin ajustarse a la realidad pues lo acusa de «derribar a un contrario de forma temeraria».

Momento en el que Vigaray se anticipa a la chilena de Fuster y despeja... el árbitro y el VAR vieron penalti finalmente.
Momento en el que Vigaray se anticipa a la chilena de Fuster y despeja... el árbitro y el VAR vieron penalti finalmente.
J.M. Moreno/LOF

La mala praxis arbitral de Rubén Ávalos Barrera, el colegiado de Igualada (Barcelona) que tan gravemente perjudicó al Real Zaragoza en Albacete en la noche de este viernes, no solo ha quedado plasmada sobre el césped del estadio Carlos Belmonte para la historia. También tuvo su continuidad en su vestuario, cuando redactó el acta del partido, documento oficial que refleja lo acontecido en cada duelo en términos numéricos, nominales y, asimismo, disciplinarios.

Ávalos obliga al Real Zaragoza a recurrir la tarjeta amarilla que mostró a Carlos Vigaray en la fatídica acción del penalti que se inventó el juez futbolístico catalán y que acabaría siendo cimiento básico de la derrota por 1-0 de los aragoneses ante el último clasificado. Lo que narra no se ajusta a la realidad. No aconteció tal cosa en el minuto 21, instante fatal en el que Vigaray despejó anticipándose por alto a Fuster con la pierna derecha.

Captura de la parte del acta donde Ávalos describe las tarjetas mostradas.
Captura de la parte del acta donde Ávalos describe las tarjetas mostradas.
RFEF

El árbitro justifica la tarjeta, que acabó mostrándole en el 25 tras sus dudas y consultas con el VAR, «por derribar a un contrario de forma temeraria en la disputa del balón». Es un formulismo que suelen seguir todos los colegiados últimamente, como un latiguillo, una letanía que sirve para todo. Pero, en casos como el que concurren, suponen una distorsión superlativa de una realidad que, por sí sola y por sus consecuencias finales, ya es lo suficientemente tóxica para el Real Zaragoza. Así que esta redacción del acta añade unas gotas más de cicuta al asunto, en términos de ciencia ficción, de describir un acontecimiento de manera alterada, irreal, inexacta, alejada de la verdad.

A nadie escapa que Vigaray no derribo a nadie. No se sabe qué vio Ávalos, o que decidió escribir al respecto, sin reparar en la profundidad de sus argumentos de cara al análisis posterior del Comité de Competición. Fue, en todo caso, una jugada de ‘plancha’, en la que Fuster ejecuta –mal– una chilena y Vigaray se le anticipa por encima con la pierna elevada y sin contacto. A Fuster no lo tira al suelo el lateral zaragocista. No hay acción temeraria ni en sueños. Es un modo de relatar la jugada que causa hilaridad, enfado, sospecha.

El área jurídica del club preparará mañana las alegaciones que inicien el expediente ante Competición. Y, si es necesario, se irá después al recurso ante Apelación. El daño sufrido sobre el campo ya no tiene remedio, por grave que sea. En los despachos, lo de Vigaray, cuestión menor pero de honor, sí que aún puede arreglarse mínimamente.

Ávalos y Pérez Pallas, la pareja

Las últimas horas han sido de resquemor en el seno del zaragocismo. Ávalos es reincidente. En la liga 18-19 se estrenó con los aragoneses expulsando sin razón a Eguaras en El Sadar al inicio de la segunda parte, con 0-0 y dominio blanquillo. Acabó ganando el Osasuna por 1-0 en superioridad. El año pasado anuló un gol de VAR a Puado en el 0-0 final ante el Fuenlabrada, por una mano discutible ocurrida mucho antes del tanto.

Y no se queda al margen de la amargura el gallego Pérez Pallas, que actuó en el VAR el viernes. Descendido hace dos años por sus malas actuaciones, se reenganchó al videoarbitraje.

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