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Son de otra liga

El Leganés, un club recién descendido a Segunda, es hoy por hoy un adversario superior en todos los órdenes al Real Zaragoza, que ayer naufragó en Butarque.

Foto del partido Leganés-Real Zaragoza, jornada 7 de la Liga Smart Bank
Foto del partido Leganés-Real Zaragoza, jornada 7 de la Liga Smart Bank
AGENCIA LOF

Por desgracia, el Real Zaragoza de hoy está lejos, muy lejos, de un equipo como el Leganés, un club recién descendido a Segunda División y que cuenta con un músculo financiero más que poderoso en la categoría. Solo por el citado descenso, la entidad madrileña ingresó este verano 18 millones de euros en concepto de ayuda de La Liga, una cantidad que prácticamente triplica el límite salarial del equipo aragonés. Económicamente hablando, el Leganés compite en otra liga muy distinta a la del Real Zaragoza.Y lo económico, claro, se traduce después a lo deportivo. En lo que acontece sobre el terreno de juego. El equipo que prepara José Luis Martí cuenta en su plantilla con futbolistas diferenciales en la categoría. Jugadores que deciden partidos, como lo hizo ayer José Arnáiz, un talentoso centrocampista que viene de enlazar dos notables temporadas en Primera –con Osasuna y el propio Leganés– y que ahora, obviamente, cuenta con calidad más que suficiente para marcar diferencias en Segunda División.

Aunque los madrileños no hicieron ayer un partido sobresaliente –tampoco fue notable, de hecho–, su actuación fue más que suficiente para superar en prácticamente todos los órdenes del juego al equipo que prepara Rubén Baraja. En disparos a puerta, llegadas al área, córners... y goles. Aunque tuvo el balón durante varios tramos del partido –en posesión sí fue superior el Zaragoza (48%-52%)–, los aragoneses fueron incapaces de desarbolar al Leganés, mucho más sólido en defensa que el conjunto de Baraja. Aunque a los equipos del técnico pucelano se les presupone, por encima de todo, la solidez defensiva, este Real Zaragoza ya ha recibido cinco goles en cinco partidos, tres de ellos en los últimas dos jornadas.

El Real Zaragoza defendió bien en Alcorcón y ante el Albacete en La Romareda, pero en sus últimos dos compromisos –Málaga y Leganés–, ha abierto la puerta hasta el punto de que acumula dos derrotas seguidas. Ya no es un bloque sólido y solvente. No concede mucho, pero sí encaja lo suficiente como para no puntuar. Ahí tiene un problema Rubén Baraja. Y más, teniendo en cuenta su escasa llegada al área rival y su incapacidad para acertar con finura en las limitadas oportunidades que genera. En Butarque, apenas remató una vez entre los tres palos. Así es difícil, muy difícil, ganar un partido. Jugó Vuckic en punta, entró Chavarría de extremo, fueron titulares Bermejo y Zapater en el centro del campo... pero los problemas para producir flujo ofensivo fueron los mismos que en anteriores jornadas. Tampoco la entrada de Jair, que se marchó tocado en la segunda parte, mejoró las prestaciones de la defensa. Diferentes rostros pero idénticos males.

La búsqueda de Baraja

Así, perdiendo la solidez mostrada en el inicio de liga y con los mismos problemas para encontrar los caminos al gol, es harto complicado sumar de tres en tres. Con la temporada aún en fase embrionaria, todavía no es tiempo para encender las alarmas, pero lo cierto es que Baraja necesita encontrar un mecanismo para optimizar a su equipo. Aunque juegue ante un adversario de otra liga, tiene que ofrecer una versión mucho más competitiva, que le acerque un par de pasos más hacia la victoria. En apenas 72 horas visitará el estadio de La Romareda el Sabadell, un adversario que aún no ha puntuado y que, justo al contrario que el Leganés, sí que es un equipo de la liga del Real Zaragoza. No por puntuación, si no por presupuesto y posibilidades de su plantilla. Ahí, esos días, es donde el Real Zaragoza tiene prohibido fallar.

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