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Víctor no seguirá al frente del Real Zaragoza

El técnico aragonés comparecerá en próximas fechas ante los medios de comunicación. El club le ha dejado la puerta abierta.

Víctor Fernández, pensativo mientras observa el entrenamiento del equipo.
Víctor Fernández, en un entrenamiento del equipo.
Tino Gil/Real Zaragoza

Después del duro golpe que ha supuesto la capitulación en el 'play off' de ascenso a Primera División, con el Elche como verdugo, los principales ejecutivos del Real Zaragoza quieren que sea Víctor Fernández quien primero tome la palabra en el área deportiva. Aun no disponiendo de un contrato que le vincule con el club más allá de la campaña recién concluida, los directivos del club han abierto para él una especie de hoja en blanco, para que sea el propio Víctor quien escriba acerca de su futuro inmediato.

Será después cuando hablen Lalo Arantegui, director deportivo, y José María Barba, secretario técnico, acerca de las ideas básicas que alumbrarán de un modo u otro el siguiente proyecto, la octava temporada seguida en Segunda División.

Víctor Fernández, en todo caso, no seguirá al frente del banquillo del Real Zaragoza. Tampoco en la estructura del club. En la mañana de este lunes, a partir de las 12.00, se ha reunido con sus futbolistas en los terrenos de la Ciudad Deportiva, el espacio en el que han compartido más horas de trabajo y experiencias. Sus palabras han sonado a despedida, a un adiós que va más allá de la conclusión de la temporada recién acabada.

Cerca de los sesenta años, Víctor Fernández ha vivido una etapa particularmente intensa y de desgaste al frente del equipo de su tierra y amores, donde ha logrado los mayores éxitos de su carrera profesional. Este año, precisamente, ha celebrado el veinticinco aniversario de la conquista de la Recopa de París. Le hubiera gustado dejar al Real Zaragoza en el lugar que cree que merece, en la Primera División; pero una multiplicidad de factores se han cruzado en el camino para negarle ese destino.

Desde el pasado mes de marzo hasta aquí, desde que se decretó el confinamiento en España y se paralizó la competición de Liga, el técnico del barrio Oliver de la capital aragonesa ha atravesado por unos meses especialmente adversos, sobre todo porque entendía que su equipo podía ser uno de los grandes perjudicados del parón al que obligó la pandemia.

Fue, de hecho, una de las primeras voces relevantes que se levantó contra las reglas de la nueva normalidad: contra el fútbol en vacío, sin público en las gradas, y con un carrusel de cambios a lo largo de los partidos que entregaba ventajas a los clubes más poderosos, con mayor fondo de armario.

Víctor siempre entendió que el hecho de jugar sin el apoyo de la afición en La Romareda podía convertirse en un grave hándicap, tanto por la presión ambiental que soportaban los rivales como por el respaldo que recibían sus jugadores desde la grada.

El tiempo confirmó sus presentimientos. Tras el regreso a la competición, el equipo se perdió en campo propio. Extravió las claves de cómo interpretar los partidos de casa. En La Romareda fue perdiendo la importante renta de la que disponía, de cinco puntos de ventaja sobre sus más inmediatos perseguidores, en ese momento la Sociedad Deportiva Huesca y el Almería. De siete encuentros disputados en el estadio de La Romareda con las normas del nuevo fútbol, únicamente supo sacar adelante uno, el jugado frente a La Ponferradina. Los duelos directos que libró en esa fase de la competición contra el Huesca y el Almería le hicieron un daño especial.

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