Despliega el menú
Real Zaragoza
Suscríbete

real zaragoza

Real Zaragoza: la hora de levantarse

El fútbol y las sensaciones competitivas han abandonado al equipo de Víctor Fernández y cuestionan sus aspiraciones de ascenso directo, aunque la clasificación y el calendario le mantienen abierta esa puerta. 

Real Zaragoza-Rayo Vallecano

Con el Real Zaragoza de por medio rara vez hay término medio, y la desesperación, ansiedades y urgencias históricas después de siete años carbonizándose en Segunda División precipitan todavía más las reacciones más tremendas, encendidas y apasionadas, en un sentido u otro, como un péndulo emocional que recalienta los juicios y envalentona los análisis.

La depresiva derrota contra el Rayo Vallecano no es más que la constatación de la indigestión del Real Zaragoza en el torneo nacido tras el coronavirus. Una grieta abierta en el poderoso cascarón de acero con el que navegaba hacia Primera en marzo, destrozado ahora por una crisis de fútbol, credibilidad y confianza derivadas de los defectos con los que, desde el principio, se enfocó y se gestionó el reinicio de la competición.

El fútbol y las sensaciones competitivas cuestionan más que nunca el ascenso directo, y la sucesión de bofetadas de la última semana ha profundizado la impotencia y frustración de un equipo al que no se le ha adivinado respuesta ni proposición de soluciones futbolísticas. A día de hoy, solo los más creyentes intuyen un ascenso por la vía rápida y no faltan los argumentarios que destierran el play off, observado ahora más como un castigo que como un premio. Estas miradas catastróficas, pesimistas, no son otra cosa que un elemento más de lo que se conoce como “ser zaragocista”, un atributo indisociable de su identidad.

Pero el fútbol, más en Segunda División, siempre concede oportunidades y reválidas. El juego nos dice que el Zaragoza está en fase de derrumbe, pero la clasificación y el calendario -las cuatro jornadas que aún restan por delante- indican que el equipo aún está a tiempo de todo y le mantiene abierta la puerta de un ascenso directo que conviene no cerrar de forma prematura por mucho que el corazón sufra esa tentación. De momento, empatado a puntos con el segundo, tiene las visitas a Tenerife y a Albacete, y las citas en casa contra Oviedo y Ponferradina para remendarse, a la espera de un fallo del Huesca o varios del Cádiz. 

Del mismo modo que en octubre, tras ser goleado en Gijón, se abrió un periodo de necesaria reflexión interna y aconsejable serenidad general del que surgió un Zaragoza renovado e imponente; ahora, el equipo aragonés debe moverse en esas mismas coordenadas para levantarse. Entonces, los plazos por delante eran mayores, pero entonces el Zaragoza no estaba empatado con el segundo clasificado a cuatro jornadas del final. Y es a este punto al que debe agarrarse el conjunto aragonés ahora mientras su cuerpo técnico halla las soluciones que restauren su armazón competitivo.

Desde el reinicio de la competición, los datos laceran al Zaragoza. Ha perdido en un mes casi tantos partidos (5) como hasta el parón de marzo (6). Tiene números de descenso tras el reinicio y es el conjunto más goleado, con 13 tantos en 7 partidos, cuando había encajado 30 en los 31 previos. Su estadio es una cornada sin costura: cuatro derrotas consecutivas (Alcorcón, Almería, Huesca y Rayo), algo que no sucedía en liga, entonces en Primera, desde la temporada 95-96. Como se ve, son los registros propios de una crisis de fútbol. Nada desconocido, por otra parte, en el Zaragoza de los últimos tiempos.

Sin embargo, la clasificación sigue manteniéndolo muy vivo. El fútbol se apoya en momentos fraguados desde los estados de ánimo. Si el Zaragoza estuviera ahora tercero en la tabla, a cuatro jornadas del final, habiendo recuperado cinco puntos de desventaja en un mes en lugar de habiendo dilapidado un colchón parecido -tal y como ha sucedido-, las lecturas serían otras, y las baterías emocionales del equipo rendirían a plena carga, por mucho que el punto de anclaje con la competición sea el mismo. Es por ahí por donde debe arrancar la reconstrucción.

El fútbol son estados de ánimo (victorias, rachas de resultados, goles…), pero también dinámicas de juego (táctica, estrategia, planteamientos, herramientas colectivas, preparación física, trabajo motivacional…) Hay veces que una sola victoria alimenta todo lo demás. Todo puede cambiar con un triunfo. También ahora.

La autocrítica y el análisis interno del equipo es el punto de partida de todo. El Zaragoza, en las últimas semanas, incluso de manera oficial, ha desviado esta labor hacia terrenos poco constructivos y controlables por sí mismo como la queja arbitral, el lamento de las bajas, el infortunio de las lesiones… Los mensajes de Víctor Fernández apenas han contenido el jugo futbolístico que, por ejemplo, siempre suele aparecer tras las victorias. Después de la derrota contra el Rayo Vallecano, el técnico no solo insistió en ese discurso fatalista, sino que lo acentuó al hablar abiertamente de que “solo con la aportación futbolística será muy difícil”, de que el objetivo (aun teniéndolo a mano) “está muy difícil, no imposible, pero sí muy difícil” o del relieve que tuvieron los fallos individuales en el desenlace de la derrota. Unas palabras que, como sus gestos en el banquillo o sus reacciones y gestos en los últimos días ante los accidentes que viene sufriendo el equipo, exponen a un Víctor poco confiado, abatido, sin la seguridad que todo vestuario debería observar en un líder en un momento así. Síntoma, por otra parte, de la carga emocional y sentimental que administra el entrenador, consciente, como zaragocista, de lo que realmente hay en juego.

El parón ha derribado de un soplido el castillo de naipes edificado por el entrenador. Tampoco conviene olvidar que muchas de las carencias desnudadas en el último mes ya estuvieron ahí hasta el parón. Lo que hasta entonces al Zaragoza le caía de cara, ahora le cae de cruz. Ha vivido muchos partidos al límite y en muchas ocasiones Luis Suárez iluminó las sombras. Pero, ante todo el Zaragoza, siempre fue un bloque con coraza competitiva, con una identidad clara y un manual de instrucciones bien definido por Víctor desde que Puado se incorporó a la delantera, Soro apareció como falso extremo derecho y Guti y Eguaras se anudaron en el doble pivote. El Zaragoza demostró hasta marzo que tenía recursos (entrenador y jugadores) para subir a Primera. Ahí están los resultados hasta entonces. El objetivo, ahora, es reactivarlos, con análisis, templanza, poniendo el foco en lo táctico, en lo físico y en lo motivacional. No es sencillo, pero es posible: el Zaragoza aún puede subir a Primera.

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión