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Real Zaragoza

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El exzaragocista Paco Jémez, alma máter de un Rayo Vallecano mutante

El rival del Real Zaragoza en la noche de este lunes en La Romareda, que aspira a jugar la Promoción desde su rol de favorito fallido, no responde a patrones ordinarios en su juego y rendimiento.

Paco Jémez, en un gesto propio de su personalidad como entrenador, en la banda de Vallecas en un partido del Rayo.
Paco Jémez, en un gesto propio de su personalidad como entrenador, en la banda de Vallecas en un partido del Rayo.
EFE

En el banquillo del adversario de esta noche en La Romareda ejercerá de técnico un exzaragocista, el cordobés –nacido accidentalmente en Las Palmas de Gran Canaria– Paco Jémez. Un defensa central de carácter, que alcanzó la internacionalidad española con Camacho en su etapa en el Real Zaragoza (Eurocopa 2000 de Bélgica y Holanda incluida) y que formó parte del esqueleto principal de aquel equipo blanquillo que optó a ganar la liga 1999-2000 con Chechu Rojo en la última jornada en Mestalla y que también, poco después, fue campeón de Copa en La Cartuja de Sevilla en 2001 ante el Celta (de Víctor Fernández, precisamente).

El paso de Jémez –Paco, futbolísticamente– por el club aragonés fue de contrastes radicales. También protagonizó el traumático descenso a Segunda de la 2001-02 y, por ello, sufrió un año en la división de plata pese a su reciente vitola de fijo con La Roja. Y estuvo presente en la catastrófica eliminación europea en Polonia ante el Wisla Cracovia tras un 4-1 favorable de la ida y con 0-1 en el descanso en la vuelta. Ya no eran tiempos calmados, aquellos del final de la era Soláns Soláns, con la fuga de Rojo al Athletic, la fallida contratación de Juanma Lillo para relevar al bilbaíno, el regreso del reprochado Rojo dos años después en contra de cualquier pronóstico, el año con Flores en Segunda lleno de chispazos...

Estos pasajes vitales de Paco Jémez en el Real Zaragoza, llenos de claroscuros, de días de vino y rosas trufados con visitas al infierno, sirven para definir, en un espacio atomizado de su trayectoria, lo que luego ha sido su desarrollo como entrenador. Hace tiempo que Paco es considerado un técnico rompedor, diferente, poco dado a lo convencional. Un tipo único.

El Rayo Vallecano que ahora tutela en una segunda etapa –ya estuvo allí entre 2012 y 2016– se asemeja mucho a su talante. Y eso se verá en la noche de este lunes en La Romareda, con seguridad. Es un equipo poco predecible, de impulsos, de acciones atípicas. Y eso que Paco hace un tiempo que aparcó su costumbre de acometer sustituciones tempraneras y súbitas, hasta de dos en dos, cuando sus futbolistas no obedecían a los mandatos establecidos en la pizarra, muy de la escuela de Toshack, a quien tuvo como tutor en su paso como jugador por el Deportivo de La Coruña, antes de venir a Aragón.

El Rayo viene de perder fuera de casa –su rol hoy en La Romareda– por 3-2 en Alcorcón. Goles, muchos goles. Juego abierto, espacios, toma y daca. Y, en su anterior salida, empató en Riazor ante el Dépor 3-3. Locura de ida y vuelta, poco control del tempo de juego. Ganaban 0-2 los rayistas en el minuto 10... pero los gallegos llegaron a remontarles con el 3-2 antes de la igualada postrera. Son dos diseños de partidos propios de un cuadro franjirrojo de difícil catalogación técnico-táctica. Su portero, el internacional macedonio Dimitrievski, es un líbero, juega muy fuera del marco. Al Rayo le buscan siempre las vaselinas lejanas por ello. Paco es su motor desde la banda. Un catálogo de gestos, de gritos, de broncas, de influencia.

Este alboroto se traslada a la clasificación. Con solo 7 derrotas, es el equipo que menos veces ha perdido en esta liga. Lo suyo es empatar, lleva 19 tablas firmadas. Era favorito al ascenso, por ser un ex Primera. Pero está a punto de fallar. Solo le queda alcanzar la Promoción... ganando hoy. Mucho ojo.

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