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En el VAR del Real Zaragoza-Almería debía estar Jon Ander González Esteban

El árbitro vasco fue el designado para arbitrar desde la sala VOR de Madrid, junto al juez de campo, Ais Reig, el partido de La Romareda. Pese a haber jugadas revisables, el VAR no existió nunca, sorprendentemente.

Linares y Luis Suárez piden a gritos un penalti por mano de un defensor del Almería en un centro de Blanco en la recta final del partido (Aguza dice con el dedo que no). Fue una de las jugadas polémicas que el árbitro no revisó con el VAR.
Linares y Luis Suárez piden a gritos un penalti por mano de un defensor del Almería en un centro de Blanco en la recta final del partido (De la Hoz dice con el dedo que no). Fue una de las jugadas polémicas que el árbitro no revisó con el VAR.
Toni Galán

A Saúl Ais Reig, árbitro del Comité Valenciano (alicantino, de Muro de Alcoy), no se le vio en toda la tarde veraniega del sábado 20 de junio echarse mano al pinganillo de su oreja, ese gesto ya habitual en todos los jueces del fútbol cuando quieren trasladar a los futbolistas y a los espectadores (ahora únicamente televisivos) que una jugada o acción está siendo revisada en Las Rozas (Madrid) por el árbitro del VAR, en la sala VOR (no es un juego de palabras) donde otros colegiados específicos escudriñan con imágenes cada momento de posible conflicto en el partido en cuestión.

Ais Reig, un tipo siempre ofuscado con el Real Zaragoza por esas cosas insondables que tiene el fútbol desde siempre (él sabrá), fue de sobrado en las diversas jugadas que, en los nuevos modos que ha adquirido este deporte últimamente, suelen llevar a otros árbitros a consultar con los privilegiados del VAR, a contactar a menudo vía auricular y micrófono, para no comerse errores gruesos. El levantino pasó olímpicamente del VAR.

¿O quizá fue al revés, y el VAR terminó por pasar de Ais Reig? Allí, en el estudio de televisión de Las Rozas, estaba designado el vasco Jon Ander González Esteban, asistido por otro valenciano, Rubén Ortega Gil. Se trata de un árbitro debutante en Segunda esta temporada pese a tener ya 35 años, natural de Baracaldo (Vizcaya), que solo se ha cruzado con el Real Zaragoza en el partido contra el Extremadura en la primera vuelta (3-1 en La Romareda). 

O bien Ais Reig ninguneó a González Esteban o bien González Esteban tenía un día de desgana y no quiso trasladarle a Ais Reig por línea interna nada destacable de lo bastante analizable que aconteció en La Romareda entre Real Zaragoza y Almería. Algó faltó en ese canal de comunicación. Porque, parece ser, de lo que nadie duda es de que al otro lado de las cámaras arbitrales, en Las Rozas, debía estar González Esteban. Y, parece ser, tampoco sucedió algo imprevisto en términos técnicos que impidieran el buen funcionamiento del videoarbitraje. No hubo vacíos de señal, ni cortes por causas ajenas a la voluntad de nadie. 

La cosa es que el codazo de Maras que abrió la cabeza, a la altura de un ojo, a Atienza se quedó sin sanción, sin roja, sin amarilla y, lo más singular, sin que se invirtiera un solo segundo en amagar una revisión, en advertir de que se estaba haciendo. Y un agarrón a Delmás en el corazón del área en la pugna por rematar un saque de esquina, claro y evidente, tampoco mereció del VAR una pequeña reseña. Ni una mano de un zaguero almeriense en un centro de Blanco en la recta final del partido, que pidieron con vehemencia Linares, Luis Suárez y demás zaragocistas en el área. 

Y, dentro de este extraño comportamiento árbitro-VAR de este sábado en el duelo de La Romareda, también llamó la atención, desde bien pronto, que los linieres (ahora 'asistentes') actuasen en dirección contraria a lo que manda el nuevo fútbol del videoarbitraje: aguantar, incluso en demasía y con cabreos en las gradas, hasta el final de una jugada para levantar el banderín señalando fuera de juego por si el lance acaba en gol y no genera choque y conflicto con el VAR en caso de haber errado la apreciación inicial del juez de línea. 

En este importante duelo en Zaragoza, los dos de las bandas que acompañaban a Ais Reig, sus paisanos Saenén Álvarez y Campo Hernández, iban a su bola, como en los viejos tiempos. Veían algo parecido a un fuera de juego y levantaban el banderín a la primera, daba lo mismo que metieran la pata hasta el garrón. Así lo hizo el de la primera parte en sendos órsays pitados a Soro... que no eran por un metro. Clarísimas sus posiciones correctas que, sin embargo, con evidente precipitación para lo que manda el nuevo reglamento, el linier consideró erradamente, evitando, en una de ellas, que Soro encarase solo hacia la portería del Almería. ¿Por qué este cambio tan drástico de criterio en un día tan crucial? ¿Alguien puede explicar esta conducta?

Hubo de todo y nada se revisó. Pasaron cosas serias que otros días han supuesto tarjetas rojas, penaltis señalados y goles válidos pese a ser anulados previamente. Ayer, en La Romareda, Ais Reig y, ojo, también González Esteban (en el VAR), dirigieron un arbitraje como poco extraño. Visionar el partido en diferido, con calma, es un ejercicio cristalino de estas anomalías. Ese ejercicio ya está hecho. 

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