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El récord de penaltis errados que afea a Luis Suárez

Es el primer futbolista en la historia moderna del Real Zaragoza –desde principios de los años setenta– que falla cuatro penas máximas en una misma temporada

Luis Suárez, en la acción del penalti lanzado en el minuto 9 en el partido del sábado ante el Fuenlabrada, que le paró Biel Ribas.
Luis Suárez, en la acción del penalti lanzado en el minuto 9 en el partido del sábado ante el Fuenlabrada, que le paró Biel Ribas.
Toni Galán

Luis Suárez, delantero colombiano de 22 años, un ídolo este año entre el zaragocismo por sus goles –14 en 27 jornadas– y su seductor modo de acometer la labor de ariete en la vanguardia del Real Zaragoza, ha caído en un inesperado cepo, se ha quedado atrapado en unas arenas movedizas con el paso de las semanas por su falta de destreza manifestada en los lanzamientos de penalti. Anteayer, en La Romareda frente al Fuenlabrada, marró el cuarto de los siete que ha ejecutado en lo que va de liga. Los otros tres errores precedentes habían sucedido en Soria, en casa ante Las Palmas y en La Coruña.

Con este récord negativo, Suárez pasa a ser el jugador con más fallos desde los once metros en una misma campaña en la época moderna del Real Zaragoza, computando desde principios de los años 70 del siglo pasado, es decir, casi medio siglo de ligas en Primera y Segunda División, las últimas.

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Atrás deja a otro reciente ‘9’ blanquillo, también querido por la afición: Borja Iglesias, que llegó a fallar tres penaltis (seguidos, además) hace dos temporadas, en la 17-18, en esta época aún vigente en la categoría de plata: lo hizo ante Tenerife, Córdoba y Lugo, todos ellos en La Romareda. El gallego, ahora en el Betis, en la élite, ya había superado un hito, el de los dos penaltis fallados por temporada (cifra razonable, estándar en la mayoría de clubes y jugadores, cuando se da un año cruzado desde los once metros) de otros pretéritos lanzadores zaragocistas, que parecía difícil de superar. Pero el Real Zaragoza ha hecho un doble salto en el ranquin: en dos años, Borja Iglesias alcanzó la extraña cifra de tres penaltis desaprovechados y, ahora, Luis Suárez ha llegado a la anómala y llamativa cantidad de cuatro. Un exceso.

Las viejas referencias, lógicas

Hasta junio de 2018, cuando Iglesias rompió los moldes que, sorprendentemente, Luis Suárez ha hecho saltar en añicos poco después, los ‘peores’ años del Real Zaragoza durante décadas señalaban a un breve ramillete de especialistas que habían llegado, como mucho, a fallar dos penaltis por curso. O sea, cifras lógicas, naturales, fuera de la exageración que ahora impregna aquí cualquiera análisis del tratamiento de los penaltis.

Fue el caso de Soriano, también en Segunda, en la 2002-03, la del ascenso con Paco Flores (falló en Badajoz y en casa con el Albacete), en un año donde se repartió los penaltis con un infalible Yordi:tiraron 10 entre los dos.

Y, un tiempo antes, en la 94-95, el año de la Recopa, con Santi Aragón como protagonista de dos pifias, ambas en La Romareda ante Sporting de Gijón y Athletic de Bilbao. Con antelación, el canario Juanito también erró dos penaltis seguidos en la liga 89-90 (ante el Celta y en Gijón). Algo que, el especiaslista más prolífico de la historia, Juan Señor, había repetido hasta cuatro veces en un póquer de ligas encadenadas: 85-86, 86-87, 87-88 y 88-89. Eso sí, sus fallos puntuales formaban parte de un serial muy provechoso para el equipo: el internacional tiró hasta 36 penas máximas en liga, durante siete años, con 25 goles y 11 errores, un 70 por cien de tino.

En una de esas ligas con cierta mala puntería de Señor, le acompañó quien era su alternativa puntual, el uruguayo Rubén Sosa, que también marró dos en la 87-88, cuando el equipo hizo una de sus peores estadísticas en penaltis: falló cuatro de nueve, el escalón más cercano al actual (cinco de 12 a falta de casi medio torneo, asemejable al récord absoluto, el de hace dos años, con cinco errores en 11 penaltis tirados). Más atrás, solo asoma el caso de Radomir Antic –en su fase como jugador–, que erró dos penaltis en la liga 78-79: uno en el Camp Nou de Barcelona, otro en casa ante el Hércules.

El mando de los entrenadores

Viene a cuento citar al serbio –entonces yugoslavo– pues, en su caso, pese a ser un consumado maestro en el arte de los penaltis, fue defenestrado en esa tarea en el Real Zaragoza por su paisano Vujadin Boskov, el entrenador, que ordenó –con refrendo público ante la prensa– que, a partir de ese momento del doble yerro seguido de Antic, fueran Pichi Alonso, Juanjo o Lasa los ejecutores. Era el técnico el que marcaba las pautas sobre quién lanzaba todo, también las faltas y los golpes francos.

Tres años antes, el entrenador Lucien Muller, por no definir las cosas con claridad, se había visto desbordado con la pelea entre la estrella Arrúa y el recién llegado Jordao, también con vitola de líder. Después de cuatro años sin mácula en los penaltis, gracias a García Castany, Luis Costa, el citado Arrúa y, esporádicamente, Diarte y José González, uno fallado por Jordao en Málaga tras una discusión entre ambos jugadores, enlazado con otro marrado por Arrúa en Salamanca poco después con el mismo pique, acabó con un cisma interno que se llevó por delante al internacional portugués, además de al equipo a Segunda División. Todo por los penaltis y sus derivadas.

No es asunto menor este. Hay años que los puntos son oro. Y un penalti puede ser llave del éxito.

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