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Luis Suárez ya justifica su apuesta

A 7 de enero, el ariete colombiano ya suma 14 goles, el doble de los que anotó el año pasado en el Nástic, donde se le captó. La tesis intuitiva del club fue «que los 7 que marcó en Tarragona sean el doble en el Real Zaragoza», y ya está cumplida.

Luis Suárez celebra el 2-0 ante el Sporting de Gijón en la noche del pasado martes, su último tanto anotado, el 14ª.
Luis Suárez celebra el 2-0 ante el Sporting de Gijón en la noche del pasado martes, su último tanto anotado, el 14ª.
Oliver Duch

Luis Suárez es el futbolista más brillante del Real Zaragoza en la primera mitad de la temporada actual. Sus goles, su capacidad decisiva para sumar puntos a través de ellos, lo han convertido semana a semana, desde agosto, en el referente principal del equipo aragonés. El ariete colombiano suma 14 tantos tras la disputa de la 22ª jornada, justo la que atraviesa el ecuador del torneo, su mitad. Con ellos, es el segundo en el escalafón de artilleros de la Segunda División, solo superado por el veterano uruguayo Stuani, del Girona, que acumula 16. Nadie más está a su altura en eficacia ante las redes contrarias.

A estas alturas exactas de la competición, cuando el delantero sudamericano anotó anteanoche el 2-0 en la gélida noche del 7 de enero de 2020 en la portería del Sporting de Gijón, puede afirmarse con rotundidad que Luis Suárez ha justificado, con cifras y datos tangibles, la apuesta que hizo el club zaragocista cuando se decidió su contratación el pasado verano como delantero centro del remozado ataque blanquillo.

¿Por qué este recordatorio cuantitativo de la aportación al equipo de Luis Suárez? Porque, en su día, como suele suceder a menudo en el mundillo del fútbol de élite, supo a poco la figura de Suárez cuando se anunció su fichaje. Se trataba de un joven muchacho, de apenas 21 años, con una breve experiencia en categoría profesional: los 36 partidos en los que participó el año pasado en el Gimnástic de Tarragona (solo 11 completos), a la sazón equipo descendido a Segunda B tras una catastrófica temporada (fue 20º).

Luis Suárez acabó el curso precedente con ‘solo’ siete goles en su haber. Y lo hizo en un club despeñado a la categoría inferior. Y en Zaragoza, por entonces, aún dolía el fracaso de las apuestas del curso anterior para la línea delantera en La Romareda: los catalanes Álvaro Vázquez y Marc Gual. Por esto, enseguida tuvo que salir en rueda de prensa Víctor Fernández para razonar los motivos por los que se había dado el visto bueno a que el área deportiva acudiera al Watford inglés, equipo propietario de los derechos de Suárez, para solicitar su cesión esta campaña al Real Zaragoza.

«La economía tan débil con la que sale al mercado el Real Zaragoza no nos permite acudir a fichar a un delantero que acredite 20 o 25 goles en la última temporada. No nos da el presupuesto para eso», comenzó explicando Víctor, el más claro portavoz del ‘staff’ blanquillo desde la confirmación de su continuidad en el banquillo en junio pasado. Era el inicio de la pretemporada, en Boltaña.

«Estamos en la obligación de analizar delanteros y de intuir la progresión que puedan dar en el Real Zaragoza respecto de lo que han hecho en sus clubes hasta ahora. Hemos de apostar por uno que haya metido, por ejemplo, siete goles y que consideremos que aquí puede hacer el doble». Sin necesidad de ponerle nombre al personaje, era el retrato robot de Luis Suárez.

«Y si no podemos tener un delantero de 25 goles, habrá que aspirar a tener dos de 12 o 13 goles por temporada», añadió Fernández, sugiriendo que el compañero de Suárez, que acabaría siendo enseguida Dwamena, estuviera también en ese nivel anotador con el discurrir de la liga actual.

Expectativas cumplidas

Luis Suárez, por lo tanto, en fechas de Reyes y con media liga por delante, ya puede presumir de haber cumplido a la perfección las expectativas que el Real Zaragoza depositó sobre su rentabilidad futbolística como referente ofensivo del equipo. Y lo ha hecho con una celeridad asombrosa. Con una velocidad progresiva en su fútbol que tiene abrumados a propios y ajenos.

El estelar Luis Suárez de hoy en día en Zaragoza era un gran desconocido a finales de mayo, cuando anotaba sus dos últimos goles en el Nástic de Tarragona, dos tantos residuales en un equipo caótico y desmembrado, en las porterías del Córdoba y el Elche. Goles para engordar sus estadísticas, realmente raquíticas para alguien que quisiera dar un salto grande en su carrera semanas después.

Destacaba más por la anecdótica coincidencia de su nombre con el colega de Messi en el Barcelona, el uruguayo mundialista Luis Suárez, que por sus muestras goleadoras en el ámbito profesional (su pasado reciente anterior estaba oculto en la Segunda B, en filiales de segundo rango como los del Valladolid o el Granada). El año pasado, a estas alturas apenas había cantado tres goles con los granotas de Tarragona. No era titular fijo, jugaba solo ratos en un equipo de la cola de la clasificación, era un pipiolo principiante.

Ahí radica el éxito global en la historia de Luis Suárez en el Real Zaragoza. No solo cuenta el carácter del futbolista, su actitud personal para crecer sin parar en cada partido hasta hacerse un hueco en el escaparate de los que, en poco tiempo, estarán en Primera División. También es mérito de quien vio en aquel barbilampiño colombiano, que con dificultades sumaba minutos en el Nástic en su debut como profesional hasta el pasado mes de junio y que metió goles con cuentagotas, un potencial goleador de más alto vuelo válido para un Real Zaragoza aspirante al ascenso.

Víctor se quedó con la matrícula de Suárez en el partido de La Romareda (3-0 ganó el Zaragoza al Nástic). Como también lo hizo con Andrés Martín, el joven punta del Córdoba que acabó en el Rayo Vallecano. De ahí surgieron las negociaciones. Y el presente.

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