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El Real Zaragoza, media liga en el vagón de cabeza

El equipo de Víctor Fernández ha cuajado una primera mitad de curso con nota alta: dos veces pisó la zona de ascenso directo, 17 semanas los puestos de Promoción –como en la actualidad– y solo dos salió del lugar ansiado

Los futbolistas del Real Zaragoza, en el último partido de 2019 en La Romareda, celebran el primer gol en el 2-0 ante el Racing.
Los futbolistas del Real Zaragoza, en el último partido de 2019 en La Romareda, celebran el primer gol en el 2-0 ante el Racing.
Oliver Duch

El Real Zaragoza ha cerrado la mejor primera vuelta en los siete años que lleva habitando, de manera consecutiva, la Segunda División. Sus 33 puntos así lo dicen. Su 5ª posición en la tabla así lo sustenta. Nunca, desde aquel fatal descenso de junio de 2013, había llegado al parón navideño tan solvente. Jamás en estos últimos siete campeonatos de plata concatenados había rematado la primera fase (mojón en el camino que esta vez ha coincidido con exactitud con el cambio de año natural) tan arriba en la clasificación y con tanto granero lleno.

El gráfico adjunto describe una trayectoria regular de los muchachos que dirige Víctor Fernández, el gran catalizador anímico de este vestuario heterogéneo, plagado de juventud e inexperiencia, de canteranos expuestos a la enorme presión natural que envuelve a este club histórico que anda fuera de sitio por herencias casi letales de un pasado tóxico. Estamos ante un Real Zaragoza que, pese a sus inevitables carencias en una división llena de equipos veteranos, rocosos, algunos mucho más adinerados –los que vienen de Primera cada curso y los no ascendidos la campaña precedente tras bajar de la élite– y con un medio ambiente menos exigente que les permite competir con una soltura que en La Romareda nunca se dará, está sabiendo responder como ninguno otro ‘Zaragoza’ de los que le han precedido desde 2013.

Siempre ha estado entre los seis primeros clasificados, excepto en dos de las 21 jornadas dirimidas. O sea, casi siempre en puestos de opción de ascenso. Únicamente se salió del vagón de lujo de la serie B española en la jornada 13ª –tras perder 4-0 en Gijón– y en la jornada 16ª, después del chasco en casa ante el Albacete (0-1, en el partido más desgraciado hasta hoy, con un penalti fallado por Eguaras en el minuto 89 con 0-0 y el gol manchego encajado en el único tiro a puerta de los visitantes en toda la tarde, ya en el 94). En la primera ocasión cayó al 7º lugar. En la segunda, más llamativa, el bajonazo fue hasta la 10ª plaza, fruto de la enorme igualdad que ha reinado en todo este tiempo en más de la mitad de equipos entre la 2ª y la 13ª casilla clasificatoria (solo el Cádiz, disparado desde agosto como líder, ha guardado siempre su rol prevalente).

Fueron, estos dos sustos, estas dos advertencias, los dos peajes puntuales pagados por la seria y peligrosa crisis de resultados que afectó a los zaragocistas en octubre. Derivada del caso Dwamena, baja definitiva al serle detectada una patología cardiaca que lo ha alejado del fútbol. Acentuada por las lesiones claves de puntales como Cristian Álvarez, Vigaray (tres dolencias distintas) o Atienza. Un bache, un socavón hondo en el que solo se dio una victoria en un tramo de ocho partidos (la de Soria por 0-1 en la jornada 11ª) y que hizo pensar que el brillante inicio de temporada iba a resultar un espejismo, como sucedió en tiempos de Milla, hace tres campañas.

No fue así porque, a partir de la jornada 14ª, con el brillante 3-0 endosado aLas Palmas, los chicos de Víctor Fernández –con alineaciones de 24 años de media varios días, el bloque más joven de los 22 contendientes en Segunda– empezaron a renacer con orgullo, salvando un calendario lleno de aristas cortantes, ganando al Rayo Vallecano, Deportivo de La Coruña, Racing de Santander, empatando ante el Almería y el Girona...

De este modo, este meritorio final de la primera vuelta ha acabado asemejándose al brillante principio, cerrando el círculo en positivo (pese al borrón de la derrota última en Huesca por 2-1) y dejando aislado en el centro del análisis global el mal trago de aquellos cuatro tropiezos seguidos en casa ante el Lugo (0-0), Málaga (2-2), Cádiz (0-2) y Mirandés (1-2), que se trufaron con las pifias en Fuenlabrada (2-1) y el escaso empate obtenido en Oviedo (2-2) ante quien era entonces el colista.

Vino muy bien al Real Zaragoza actual arrancar el torneo como un tiro, algo que se preparó durante el verano. Era lo ansiado y se logró: cuatro victorias y un empate en los cinco primeros partidos. Una maravilla que pudo ser la perfección si no se hubiera encajado el gol de la igualada (1-1) en Ponferrada en la recta final del partido de la 2ª jornada. Ahí, el equipo era el remozado, con los fichajes de peso específico en modo decisivo. La inesperada y rara suspensión del partido de Fuenlabrada en la 6ª jornada (gastroenteritis masiva en los locales, se adujo) cortó el ritmo del Zaragoza. No le vino bien aquel leve cambio de paso y, poco después... vino lo de Dwamena y el aluvión de lesiones de los primeros espadas.

Todo mezclado, todo digerido, todo reparado sobre la marcha en mayor o menor medida, pone al Zaragoza en la 5ª plaza al inicio de 2020 y de la segunda vuelta. Con la autoestima muy reforzada en sus entrañas. Sabiendo que, con aplicación y trabajo, son capaces de pelear el ascenso. Y más si, desde el área deportiva, se matiza el equipo como es debido y solicita Víctor. El margen de mejora existe (véase los casos de Kagawa o Igbekeme). Eso es lo mejor.

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