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La presencia física en la plantilla que reclama Víctor Fernández

El entrenador del Real Zaragoza solicita desde el verano jugadores con estatura y poderío aéreo, una carencia grave en las últimas temporadas que sigue costando muchos goles encajados, sobre todo a balón parado.

Una imagen vale más que mil palabras. La fotografía recoje el marcaje al hombre de Igbekeme sobre Josué Sá y el de Luis Suárez sobre Mosquera, en una falta lateral del último partido del Real Zaragoza en El Alcoraz de Huesca. Describe con claridad y rotundidad el problema que denuncia Víctor Fernández desde el pasado año en lo referente a la escasez de centímetros de estatura global del equipo y la falta de fortaleza física en los uno a uno a balón parado.
Una imagen vale más que mil palabras. La fotografía recoge el marcaje al hombre de Igbekeme sobre Josué Sá y el de Luis Suárez sobre Mosquera, en una falta lateral del último partido del Real Zaragoza en El Alcoraz de Huesca. Describe con claridad y rotundidad el problema que denuncia Víctor Fernández desde el pasado año en lo referente a la escasez de centímetros de estatura global del equipo y la falta de fortaleza física en los uno a uno a balón parado.
Rafael Gobantes

El Real Zaragoza, en el perfil global de su plantilla, no es un equipo que destaque por su poderío físico. Al contrario, predominan los fútbolistas de estatura media-baja, de cuerpos livianos, de complexión muscular y presencia no contundente en los cotejos, uno a uno, con muchos de los rivales de la Segunda División.

Esta fue una denuncia que Víctor Fernández, el actual entrenador blanquillo, ya hizo públicamente el año pasado cuando vino a relevar a Lucas Alcaraz e Imanol Idiakez (los que le precedieron en el banquillo) con el equipo metido en puestos de descenso a Segunda B y con una sangría de goles encajados a balón parado como defecto grave de difícil solución. Por eso, el entrenador aragonés, una vez decidió continuar en su cargo en junio, se empeñó en remarcar al área deportiva la necesidad y obligación de subir el ras de la talla de los fichajes que debían venir a reforzar el plantel –«masivamente», pidió Víctor sin lograr su propósito– para este curso 2019-20.

Ahí, en este contexto tan concreto y serio para la reestructuración del equipo de cara a ganar opciones de ascenso, se entendieron las contrataciones de Atienza (1,90) para el eje de la zaga, de Vigaray (1,82) para el lateral diestro y de Dwamena (1,87) para la delantera (y los apoyos defensivos en la estrategia). Torres, tipos fibrosos, rocas. Algo que apenas tenía en su reparto el vestuario zaragocista.

A Víctor, el reclutamiento de fichajes de estas características se le quedó corto en la pretemporada. Sabido es que, respecto de sus peticiones supremas a Lalo Arantegui, Fernández se quedó sin un delantero diferente y, sobre todo, sin un centrocampista de planta y brega, de recorrido y dominio aéreo (Nolaskoain, del Athletic de Bilbao, era el preferido, pero acabó en el Deportivo de La Coruña y no tuvo alternativa alguna).

Y, para que los efectos perniciosos de estas no contrataciones se dejaran notar aún más en el medio plazo en los daños que el equipo recibe a balón parado por sus debilidades físicas, los tres jugadores llegados como ‘especialistas’ para tal fin, los citados Atienza, Vigaray y Dwamena, fueron cayendo uno a uno, de manera grave –sobre todo el ghanés– por lesiones o enfermedades, hasta coincidir en el tiempo fuera de la tropa útil del entrenador.

Así que, el mal de altura, los goles recibidos en saques de esquina o faltas laterales, la poca fortaleza defensiva a balón parado, sigue siendo un déficit heredado de anteriores planificaciones del equipo que hace mucho daño al Zaragoza actual. El último gol encajado, el 2-1 que supuso la derrota en Huesca el pasado domingo, es la última muestra de esta lacra que conviene erradicar cuanto antes y como sea. Por eso, Víctor, además de insistir en el fichaje invernal –en la ventana de enero que se abrirá de inmediato– de un delantero ‘grande’ que venga a asemejarse a Dwamena y de otorgar el papel de crucial a la llegada de un medio centro de jerarquía que dote de poderío físico a la zona ancha, también introduce en su solicitud al área deportiva la necesidad de traer un defensa central con cuajo, centímetros, altura, salto. Ya lo pidió a inicios de agosto.

El equipo cuenta con varios ‘bajitos, de 1,75 hacia abajo: Igbekeme (1,69), Delmás (1,73), Ros (1,73), Soro (1,73), Blanco (1,75) y Kagawa (1,75). También por debajo del 1,80 están Lasure (1,76), Puado (1,77), Pombo (1,77), Guti (1,77), Papunashvili (1,78) y Nieto (1,79).

En el ras justo del 1,80 andan dos centrales, casos de Guitián y Clemente; Zapater; y los puntas Suárez y Linares. En 1,81 está Eguaras, poco ducho en los cabezazos. Y 1,82 da el citado Vigaray. El inédito Bikoro no aporta su 1,85, altura apreciable que reclama Víctor. Solo los porteros, Cristian Álvarez (1,86) y Ratón (1,92), junto al referido Atienza (1,90) y el otro central, Grippo (1,88), dan lo que en otros equipos es moneda común.

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