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Goles de cabeza: cero. Una carencia seria en el método ofensivo del Real Zaragoza

Los 14 goles anotados hasta ahora por los de Víctor Fernández han llegado con el pie. La escasez del juego aéreo en el modo de atacar llama la atención y se echa en falta para desatascar partidos trabados en casa.

Grippo, en un gesto muy forzado, intenta cabecear un córner ante el Lugo en la segunda parte. Detrás, aparece cayendo al suelo otro defensa, Delmás.
Grippo, en un gesto muy forzado, intenta cabecear un córner ante el Lugo en la segunda parte. Detrás, aparece cayendo al suelo otro defensa, Delmás.
José Miguel Marco

Anda atascado el Real Zaragoza en los últimos 4 partidos de liga. No ha ganado ninguno. Tres empates y una derrota es su balance parcial. Una suma de 3 puntos de los últimos 12 disputados que lo ha hecho abandonar la 3ª plaza de la clasificación que ha sido suya durante varias semanas (todo, a falta del partido aplazado de Fuenlabrada, que lo tiene sin actualizarse respecto de los demás). 

De estos partidos de ralentización y rendimiento insuficiente, tres de los cuatro han sido en casa, como locales en La Romareda. Empates ante Lugo (0-0) y Málaga (2-2); y derrota con el Cádiz (0-2). En dos de ellos, por lo tanto, se quedó sin marcar un solo gol en las porterías rivales. 

En un primer análisis de los motivos que están derivando al Real Zaragoza a este bache de resultados, que contrasta con su excelente inicio liguero en las primeras jornadas (en las que ganó 4 y empató otra), aparece un dato al que cabe darle la categoría de preocupante: el equipo de Víctor Fernández no ha marcado un solo gol de cabeza. Es estéril en ese importante arte anotador a lo largo de una temporada.

Los 14 tantos que lleva el Zaragoza en sus credenciales llegaron todos con el pie. Cuando ya se va a llegar a la jornada 11ª, o sea, se va a atravesar la linde del primer cuarto de la liga, no es normal que un equipo con aspiraciones, que ha vivido en la zona alta desde el primer día, no presente en su cosecha algún gol con la testa. No ha sido lo habitual en el Real Zaragoza durante años, lustros, décadas. Siempre, con mayor o menor profusión, ha tenido sus cabeceadores en ataque con un mínimo nivel de acierto. Pero este año no lo encuentra. Quizá tampoco lo busque mucho. 

En el juego corrido, con la pelota en movimiento y en combinación, el Real Zaragoza actual de Víctor Fernández no posee grandes dotes para centrar balones al área. No tiene hombres específicos de banda en el once titular y, solo a ratos pequeños y no siempre, aparece Blanco, su rara avis en ese apartado. Los laterales, los que más centros están poniendo un día tras otro, se han especializado en darle al muñeco las más de las veces. Es harto improbable encontrar un centro potable con un destinatario en el área que sea capaz de marcar de cabeza.

Y, en el otro lado del vínculo, tampoco el sistema táctico de los zaragocistas está diseñado por Víctor para que los delanteros, Dwamena y Luis Suárez, entren al área en busca de balones por el aire. Todo está programado para el juego raso, al pie o al espacio y en carrera o llegada desde atrás.

Asimismo, en el juego a balón parado, en la estrategia, nadie está destacando ni por dar buenos centros, ya sea de falta o desde el córner, ni por saber acometer el balón detenido a la hora de cabecearlo a gol. No da miedo el Real Zaragoza por arriba en ataque. Cero por aquí, cero por allá. Ni asistencias ni culminaciones aéreas en las porterías rivales: 14 goles con los pies, 0 goles de cabeza. 

Para la memoria reciente queda grabado el yerro de Soro ante el Málaga en tiempo añadido. Era de cabeza, solo en el segundo palo, en un córner peinado por Clemente. Hubiera sido el primer gol con la testa del curso... y paradigma de lo que son los goles de cabeza en cualquier equipo con aspiraciones: de haber entrado, era un gol de victoria, de 3 puntos, de desatasco de una defensa rocosa que ha dado mucho mal durante un partido trabado. Soro no es un consumado cabeceador. Al contrario. Lo suyo ese día fue casual. Más de pillería y posición que de altura y potencia en el salto. Pero hubiese sido igual. Lo importante es estar ahí y marcar. 

Si se repasan las ocasiones del Real Zaragoza de cabeza desde la jornada 1ª ante el Tenerife, son inmensa minoría en sus disparos a portería. Ese día, ante los canarios, no hubo ni una sola. Ejemplo que ya declaraba intenciones. En Ponferrada, el día siguiente, tampoco. Más cero. 

Ante el Elche, Atienza cabeceó un córner picado, por encima del larguero. El central ha sido el más cercano a un gol a balón parado, a un especialista en este mecanismo. Porque también lo tuvo en Alcorcón en la jornada siguiente, echando la pelota fuera por poco. En el partido con los ilicitanos, también Clemente, otro defensa central, tuvo en su frente un gol tras un saque de esquina, pero se lo paró Badía. 

Frente al Extremadura, el Zaragoza no dispuso de ningún remate por alto. Fue otro encuentro sin ensayar siquiera esta modalidad. Todo por abajo. El equipo de Víctor se olvidó del fútbol por arriba. 

En el 0-0 ante el Lugo, la desesperación creciente tal vez llevó a buscar más el bombeo de la pelota al área gallega. Ya en el minuto 2, con todo recién empezado, Dwamena cabeceó a placer un córner y falló un gol cantado. Fue el primer cabezazo serio de un delantero zaragocista en la liga... y era ya la 7ª jornada. Luis Suárez, esa misma tarde, cabeceó forzado un centro de Nieto en el minuto 21, fuera por poco. Y después, otro pase elevado de Igbekeme, sin éxito. De nuevo Dwamena, ya en la segunda parte, marró dos cabezazos en el punto de penalti que parecían más peligrosos de lo que él los convirtió. Y Grippo, otro central, no fue capaz de cabecear bien un córner en la recta final (imagen adjunta a la información). Ante los gallegos, al menos, se vio algo de intención por buscar un gol aéreo. Otra cosa fue la eficacia: nula, obviamente.

En Oviedo, nuevamente se volvió a cegar el futból ofensivo de cabeza de los aragoneses. Por completo. No hubo una sola ocasión así. Frente al Málaga, solo la recordada pifia de Soro en el minuto 91. Y hace unas horas ante el Cádiz, de nuevo es imposible refrendar un solo remate de cabeza del Real Zaragoza, ni siquiera una aproximación a ello.

Al sistema de Víctor Fernández, al perfil del equipo base del Real Zaragoza 2019-20, le falta esa pieza vital en su repertorio de abordaje de las porterías rivales: los cabezazos en ataque, el juego directo, los centros en busca de testarazos goleadores de llegadores. Ni los pretende en jugada combinada, ni los consuma en el balón parado.

Es, por lo tanto, un ataque mutilado. Tiene amputada una forma muy clásica del fútbol por la que obtener puntos y triunfos. Un recurso primordial en partidos muy concretos, los de falta de espacios, los de poca inspiración propia, los de cerrojazos de los rivales. 

Mientras el Real Zaragoza no encuentre el modo de marcar goles, de vez en cuando, a través de la cabeza de sus rematadores, su juego será menos variado, más previsible, defendible con mayor facilidad por parte de los adversarios

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