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Oviedo, la visita a un colista catatónico, ¿ventaja o incoveniente para el Real Zaragoza?

El equipo aragonés jugará el domingo que viene en el Carlos Tartiere ovetense el partido de la 8ª jornada. Los carbayones son últimos, con solo 2 puntos sumados de 21 disputados, con nuevo entrenador y sin reacción.

Dwamena, Grippo y Nieto buscan posición en un córner a favor del Real Zaragoza en el partido de este sábado ante el Lugo.
Dwamena, Grippo y Nieto buscan posición en un córner a favor del Real Zaragoza en el partido de este sábado ante el Lugo.
José Miguel Marco

El Real Zaragoza, tras empatar sin goles en casa ante el Lugo este sábado, ya debe empezar a preparar con detalle la próxima cita liguera. Y esa estará ubicada en Oviedo, el próximo domingo, 29 de septiembre, a las 18.30, en el estadio Carlos Tartiere. 

Lo que en años atrás era una cita de alto nivel, con los asturianos siempre en zona de aspirantazgo a la pelea por el ascenso, es este año algo anormal: el Oviedo ha comenzado el curso de la peor manera posible. Los azules están en una crisis galopante. Viven en un estado catatónico, con los nervios desatados y la mente obnubilada.

De tal modo que el Real Zaragoza se apresta a visitar al colista. Al 22º clasificado peor de los últimos muchos años en Segunda. Este Oviedo actual solo ha sumado 2 puntos de los 21 disputados. Ha perdido 5 de sus 7 partidos y, en los otros 2, apenas logró empatar. La victoria ha sido para ellos un imposible por ahora.

En este calvario de los carbayones ya ha caído por el camino su primer entrenador, el argentino Sergio Egea, que apenas duró media docena de jornadas ante tal panorama con olor a crisantemos en camposanto. Le ha sustituido el técnico de su filial, Javier Rozada. Un debutante, desconocido en las alturas, que no ha podido obrar reacción alguna: este joven preparador astur, de 37 años y con pasado únicamente en el Lealtad de Villaviciosa y el Oviedo-Vetusta, se estrenó en las últimas horas en Ponferrada, cayendo por 2-1 en El Toralín sin poder levantar el vuelo rasante y torpe que manifiesta un equipo bloqueado.

Este es el rival que aguarda al Real Zaragoza. Y, como siempre pasó desde hace décadas en tales circunstancias, la afición blanquilla ya tiene su pregunta primera a mano: ¿Es este tipo de rival una ventaja para el equipo zaragocista o, por el contrario, encontrárselo en tal estado acabará siendo un inconveniente?

Es la disyuntiva eterna de un equipo, el aragonés, con cierto completo de 'equipo aspirina' a lo largo de su historia. Tradicionalmente, nunca ha gustado ir a los campos de los colistas muy colistas. Esos donde la obligación de ganar es innegociable para el Real Zaragoza porque así lo dicta la clasificación, el mal color del de enfrente y, en este caso, la privilegiada marcha propia, con el equipo de Víctor Fernández en el puesto 3º de la tabla (pese a que le falta un partido, el suspendido ante el Fuenlabrada), invicto y con 14 puntos de 18 dirimidos en su caso.

En la historia hay de todo en cuanto a datos estadísticos. Victorias zaragocistas, cumpliendo por lo tanto con los pronósticos y las obligaciones morales. Empates ramplones que, en tales coordenadas, siempre suelen saber a poco. Y, lo peor, un ramillete de rapapolvos con forma de derrota que generaron la natural sensación de bochorno y decepción propia del accidente. Eso sí, en el primer plano cerebral de la afición siempre quedan a mano los recuerdos de lo anormal, de lo feo, de lo malo: los fiascos cuando se ha ido con el aura de favorito a jugar al campo de un colista muy hundido y devaluado.

Víctor Fernández ya sabe que, además de lo habitual, de las rutinas semanales en la preparación del siguiente duelo que marca el calendario, esta vez tiene trabajo extra: el mental, el psicológico. En Oviedo habrá fútbol, habrá balón, habrá pizarra... pero sobre todo cabeza e inteligencia en el manejo de los tiempos

Los ovetenses recibirán al Real Zaragoza con un grado de presión brutal, apabullante, con una atmósfera de difícil respiración para ellos. No ganar a los zaragocistas puede suponer para ellos alcanzar un estado de desesperación tremendo, mucho más cuando octubre aún no habrá comenzado. Con esa ansiedad e hiper responsabilidad del Oviedo tendrá que saber jugar el Real Zaragoza. Es un día para listos. Para expertos. Para gente con el pulso calmado. Será un partido nada ordinario. Las hechuras deportivas y clasificatorias de los asturianos así lo propician. 

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