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Brea, cuña final para el remate de la plantilla que quiere Víctor Fernández

La mala imagen ofrecida por el Real Zaragoza en el amistoso ante el rival de Tercera División, que lo goleó este miércoles por 4-2 contra pronóstico, arma de razones al entrenador para redondear el equipo bajo su ideal.

Once inicial del Real Zaragoza en la aparatosa derrota por 4-2 ante el Brea de Tercera División este miércoles, 21 de agosto: arriba, Ratón, Eguaras, Clemente, Bikoro, Jesús Álvarez, Papunashvili; abajo, Lasure, Blanco, Delmás, Linares e Igbekeme.
Once inicial del Real Zaragoza en la aparatosa derrota por 4-2 ante el Brea de Tercera División este miércoles, 21 de agosto: arriba, Ratón, Eguaras, Clemente, Bikoro, Jesús Álvarez, Papunashvili; abajo, Lasure, Blanco, Delmás, Linares e Igbekeme.
Javier Macipe

Brea 4-Real Zaragoza 2. Final del partido amistoso del miércoles 21 de agosto de 2019. En un choque festivo, de desagravio zaragocista con el club breano por haberle arrebatado a su entrenador, Loreto, a mitad de la temporada pasada cuando Víctor Fernández llegó como tercer flotador a la desesperada al club blanquillo tras la destitución de Alcaraz (este ya había suplido poco antes a Idiakez), el modesto equipo de Tercera División le pintó la cara al bloque profesional de un modo que se digiere mal siempre en estos casos en el fuero interno del grande. Y así ha sido.

De puertas afuera, se quita hierro al accidente. Aún más, se intenta pasar página y no dedicarle muchos segundos al análisis o las consecuencias de este aparatoso marcador adverso. Se buscan enseguida subterfugios y excusas para justificar semejante goleada (el césped, las ausencias, la motivación...), con yerros monumentales en defensa, con actitudes de jugadores impropias de un momento tan importante del verano, cuando aún se está cerrando el mercado y la plantilla no está definitivamente perfilada al gusto de Víctor Fernández.

Pero, de puertas adentro, el cabreo es de órdago a la grande. Es lo que procede. Dolió lo suyo este 4-2 en el pequeño campo de Piedrabuena. Por inusual, por fuera de sí, por imprevisto, por feo de ver. Y, sobre todo, porque hizo una serie de retratos personalizados, tanto a jugadores del primer equipo como a los apoyos del filial que allí acudieron, que no dejan en buen lugar a sus protagonistas afectados. Las cosas pasan... y pasan. No se pueden obviar. 

¿Se puede positivizar esta derrota por 4-2 en Brea en un Real Zaragoza que aspira a vivir un año ilusionante y de altos vuelos en Segunda División en su 7º episodio consecutivo fuera de Primera? La respuesta es sí. 

Brea fue, a 11 días del cierre del mercado estival, la cuña final para el remate de la plantilla que quiere Víctor Fernández. Nunca vino mejor un partido tan atípico puesto en una fecha tan extraordinaria, ya con la liga en marcha, entre la 1ª y la 2ª jornada ligueras, con el retrogusto dulce de la victoria inicial por 2-0 ante el Tenerife el pasado domingo. Brea, aunque parezca una abolladura fastidiosa que necesitará reparación de chapa y pintura inmediata en la carrocería zaragocista, puede y debe ser un bien para el futuro inmediato.

La primera y honda lectura es que, tras el equipo básico con el que cuenta Víctor en el inicio de la temporada, hay un salto hacia atrás cualitativo y de engranaje con sus tesis futbolísticas en el segundo escuadrón. En Brea no jugó ninguno de los titulares ante el Tenerife. Ni viajaron los Cristian Álvarez, Vigaray, Atienza, Grippo, Nieto, Ros, Guti, Soro, Kagawa, Luis Suárez o Dwamena. Y quienes fueron alineados en Piedrabuena fueron Ratón; Delmás, Jesús Álvarez, Clemente, Lasure; Eguaras, Igbekeme, Bikoro; Papunashvili, Blanco; y Linares. 

Estos, en la inmensa mayoría de los casos (solo Blanco demostró un nivel, no solo aceptable pese al rango menor del partido, sino notable alto), no afrontaron el entrenamiento con rival ajeno como era menester. Y en varios casos no era la primera vez, sino la segunda: lo de Brea fue la continuación, en cierto modo, del último amistoso en Tudela antes de la liga, hace 10 días, donde el Zaragoza ya cayó 1-0 ante un rival de Segunda B (derrotado, por cierto, tanto por el filial, el Aragón, como por el Ebro, por 1-0 en fechas cercanas).

La maniobra de cierre de la plantilla: clave de futuro

Fernández pide un '9' veterano que suba el ras de solvencia en la delantera. Y, sobre todo, un '6' de poso y trayectoria larga en el fútbol de verdad, un centrocampista de retén y salida que, asimismo, pueda ayudar al eje de la defensa si es preciso. Ambos tienen nombres y apellidos, asoman en un recortadísimo listado que ya rige en el interior del club hace unos días. 

Brea apuntaló la petición de Víctor. La plantilla, a expensas de la segura salida de Pombo, que no cuenta, está aún incompleta para el entrenador. Le hacen falta esas dos piezas. Y, si es preciso, soltar lastre con futbolistas que hoy tienen rostro de prescindibles, de no indispensables. 

Las salidas del mediocentro Bikoro (sería cedido) y Linares, ya reseñadas recientemente, no serían mal evaluadas por el cuadro técnico porque, su diagnóstico del verano, dice que pueden llegar a participar poco en lo sucesivo si el equipo engrana como se pretende. 

Y, del resto, como Brea demostró (redundó, en varios casos), preocupa el bajo nivel de rendimiento de tipos como Eguaras, Delmás, Papunashvili o Lasure, muy por debajo todo el último mes y medio del mejor nivel que han llegado a mostrar en su cresta de solvencia en el Real Zaragoza. No quedaron bien parados, tampoco, los muchachos del Aragón, con serias lagunas en su aportación, salvo el delantero Ahmed, que dejó destellos de esos que gustan ver en un debut. Los defensas (Jesús Álvarez o David Vicente) no sumaron bonus precisamente. 

Brea no es un test donde se deba incidir para sacar conclusiones definitivas en nada ni con nadie en particular. Pero Víctor Fernández y sus colaboradores tampoco son de despreciar evaluaciones tan concretas como las vistas en Tudela y Brea. Una cosa es una cosa y dos son dos. Y, a solo 11 días para clausurar el mercado de fichajes, estos indicios son muy útiles para verificar lo que el equipo necesita para cimentar su éxito en lo que se avecina. Estas dos últimas derrotas en bolos menores, con el segundo vagón de jugadores del primer equipo como principales protagonistas y las piezas de apoyo del filial en danza, han venido de perlas a Víctor Fernández. Hay muchas lecturas que extraer y, a raíz de eso, decisiones que tomar de aquí al 2 de septiembre. 

Por más que faltaran los titulares del domingo ante el Tenerife, en Brea jugó un 11 inicial y, durante más de una hora la mayoría de ellos, que bien podría actuar cualquier domingo en un partido de liga si se dieran bajas, expulsiones o bajas formas de los ausentes este miércoles. De hecho, si se mira el pasado reciente, ahí había una inmensa mayoría de piezas que han sustentado el Real Zaragoza titular de los últimos dos años en diferentes fases de las ligas respectivas: Ratón. También Lasure o Delmás. Por supuesto, Papunashvili y Eguaras. Y, asimismo, Igbekeme. Les acompañaron Linares, el emergente Blanco (el mejor con diferencia, el único que se salva del suspenso global) y jugadores que deberían haberse reivindicado de otro modo, casos de Bikoro o de los jóvenes centrales Clemente o Jesús Álvarez. 

¿Que lo de Brea es difícil tomárselo en serio, como algunos flotadores quieren hacer ver ante el 4-2 tan doloroso que aún se rumia en los adentros del vestuario? Pues sirva el ejemplo contrario: en 2013, el Real Zaragoza de Paco Herrera acudió allí mismo, a Brea, a jugar el partido de las peñas. Lo hizo bajo mínimos, justo antes de la 1ª jornada en Alicante, y el técnico llamó a última hora al lateral zurdo del filial Diego Rico, que no había hecho siquiera la pretemporada con la primera plantilla. Y el '3' burgalés, que entró en juego tras el descanso, lo hizo tan bien aquella tarde de agosto en Brea, donde el Zaragoza casi sin titulares ganó 0-4 (lo suyo, lo natural), que acabó dando el salto arriba de un solo golpe

Hoy Rico juega en la Premier League. Brea fue su trampolín. Lo de este miércoles de agosto, 6 años más tarde, significó un efecto inverso a aquel. En lo general y en lo individual. 

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