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Real Zaragoza-Ebro, atípico amistoso de sábado, a las 10 de la mañana y sin público

El equipo zaragocista no viajará a Miranda de Ebro en este día 27 de julio, tal y como estaba previsto hasta hace 10 días. El ascenso a Segunda de los burgaleses y la remodelación del campo de Anduva obligan a un parche con el rival de La Almozara, en la Ciudad Deportiva.

Igbekeme, durante la disputa del amistoso entre el Aragón y el Real Zaragoza, este jueves en la Ciudad Deportiva a puerta cerrada. El mismo escenario que acoge en la mañana del sábado otro duelo similar, ante el CD Ebro.
Igbekeme, durante la disputa del amistoso entre el Aragón y el Real Zaragoza, este jueves en la Ciudad Deportiva a puerta cerrada. El mismo escenario que acoge en la mañana del sábado otro duelo similar, ante el CD Ebro.
Daniel Marzo

Este sábado, 27 de julio, era día de viaje para el Real Zaragoza. Al hilo de las últimas pretemporadas, había señalado un partido de cercanías, de un par de horas a lo sumo de autobús y viaje cómodo por autopista, la Vasco-Aragonesa, la A-68: el destino era Miranda de Ebro, provincia de Burgos, pegado a Vitoria. Muchos seguidores blanquillos, al conocerse el plan inicial, pensaron en montar el desplazamiento de ocio, en pasar el día por la zona y, como colofón, ver al Real Zaragoza en el campo de Anduva ante el CD Mirandés, a la interesante hora de las 20.00, al final de la tarde de estío.  Pero la idea se les vino abajo hace 10 días, cuando se supo que este partido se suspendía irremediablemente. No se jugará

El motivo esgrimido, que el Mirandés, al subir a Segunda División 2 años después de su descenso último, ha sido obligado por La Liga a remodelar su viejo estadio, al que ya le tuvo que cambiar una grada completa (lateral, en frente de la Tribuna principal) para poder iniciar en la competición profesional española la temporada de su caída a Segunda B. Y para estas fechas, por lo que se ve, no se puede albergar un partido en el feudo rojinegro. 

El Real Zaragoza se movió de urgencia al conocer la mala nueva. Y pilló a todos los equipos de Segunda B -de un arco de compás razonable en el mapa- con sus partidos ya definidos. Nadie podía jugar el sábado 27: ni el Lleida, ni el Logroñés, ni el Burgos, ni el Castellón... nadie

Así que el parche reparador de la jornada de amistoso estival acabó siendo el de más cerca, el de casa, el ahora hermano CD Ebro (tras un tiempo de recelos, se firmó hace pocas fechas un convenio de colaboración y cercanía entre ambos clubes). Y, una vez solucionado entre suspiros de alivio el programa de partidos, llegó otro inconveniente a solventar: ¿dónde jugar este duelo?

Porque la resolución adoptada, la que va a ser, o sea, la de que se dirima el partido en el campo 5 de la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza (el del filial), a la intempestiva hora de las 10 de la mañana, a puerta cerrada y sin público, por más que sea extrañamente televisado en directo por Aragón TV, no deja de ser una frivolidad, un mal menor, otro parcheo sobre la marcha a un nuevo dilema surgido.

El Ebro, que este año cambia su estadio como local, dejando atrás su periodo por el minúsculo y sui géneris campo de La Almozara-El Carmen y pasando a ocupar el Pedro Sáncho, campo grande y con tribuna y graderios del recinto del Puente de Santiago, propiedad de la Federación, no tiene césped natural que ofrecer. Lo suyo es sintético. Es decir, imposible para el Real Zaragoza. 

Y, como ya sucedió hace tres años, en un caso similar, esta vez no cabe ocupar La Romareda (entonces sí se hizo), aunque sea como entonces a contrapelo, pues la resiembra del césped y los plazos de evolución del mismo no permiten jugar sobre él hasta el 7 de agosto, cuando el Alavés sea el invitado del aprontado Ciudad de Zaragoza-Memorial Carlos Lapetra de este verano. 

La tercera vía, que ya se utilizó asimismo hace 4 pretemporadas también en otro antecedente contra el Ebro, que era buscar un campo de cesped natural en una localidad cercana a la capital de Aragón, se desvaneció en poco rato, al ver que no había un lugar adecuado en fechas tan tempraneras. En su día, este bolo se jugó en La Almunia de Doña Godina. Esta vez no cabía tal paliativo.

Así que, de ser un partido sugerente y atractivo en Miranda, este primer duelo ante un Segunda B del verano ha pasado a ser algo oculto al gran público (en directo), sin demasiado aliciente por el escenario usado (es el de todos los días) y sin la ceremonia y estímulo que tiene jugar en campo ajeno, en ambiente medianamente adverso u hostil. El Ebro subirá a la Ciudad Deportiva a desayunar. Porque el ensayo es a las 10.00, casi con el alba. 

Y no habrá aficionados por cuestiones de seguridad y aforo. En un campito donde apenas caben 1.000 personas, las fuerzas de seguridad jamás van a permitir abrir taquillas cuando la estimación de posible afluencia es de 27.000 abonados de la propia entidad. Porque el campo de la Ciudad Deportiva es propio y los socios tienen todo su derecho a entrar per se. Otra cosa sería ubicar el partido en un lugar ajeno, donde la capacidad la marca el sitio elegido y sus regentes, sin preferencias de entradas gratuitas de ningún tipo. 

Esta es la historia de un partido raro. Como el libreto de actos de la pretemporada en general. No hay viaje a Miranda. Y el autobús aguardará al miércoles, día 31, donde el destino es Calahorra. Otro Segunda B. 

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