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El laberinto Pombo

El Zaragoza asume que el canterano, declarado transferible, tiene muchas opciones de iniciar la pretemporada con el equipo ante la ausencia de soluciones claras para su salida.

Jorge Pombo, en la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza
Jorge Pombo, en la Ciudad Deportiva del Real Zaragoza
Toni Galán

Víctor Fernández ya es consciente de modo directo y personal de que el mercado de Segunda en general y del Real Zaragoza en particular es otra historia. Con sus singularidades, limitaciones, dificultades… Es otro mundo, un ecosistema que debe conocerse y debe aceptarse desde todos los prismas de la realidad concreta del club aragonés. Es un mercado que hay que sudarlo y sufrirlo a largo plazo, tanto en las incorporaciones como en las salidas. Si quince diez días el técnico deslizaba públicamente que esperaba una buena tacada de fichajes en los días siguientes, la vida propia del mercado ha rebajado esas declaraciones. El Zaragoza, desde entonces, apenas ha podido cerrar el fichaje de Luis Suárez y la salida de Alberto Benito.

Desde luego, las incorporaciones concentran esfuerzos y multiplican frentes, pero buena parte del diseño y remate de la plantilla depende de las salidas. Con Benito ya colocado en el Albacete, el Zaragoza tiene vía libre para encontrar otro lateral derecho, con Pipa (Espanyol), como opción más clara y sugerente. Ahora, le toca el turno a los otros jugadores prescindibles: Verdasca, Álex Muñoz, Raí…, pero, sobre todo, Jorge Pombo. Por sus circunstancias, representa el frente más delicado de todos. Víctor Fernández autorizó su salida si el club le encontraba un relevo de perfil semejante y matizado: un extremo o atacante adaptable a banda. Entonces, el Zaragoza ya tenía atado a Etinof, cuyo fichaje fallido por causas médicas ha dejado sin cubrir esa necesidad de hombre ofensivo, con desborde y llegada por fuera. El Zaragoza trabaja en ese perfil como un asunto de máxima prioridad, pero no podrá lanzarse a por un segundo extremo hasta que se solucione la salida de Pombo.

Y aquí surge uno de los puntos calientes del verano zaragocista, un tema que por sus propias características y por los juegos de estrategia de ambas partes amenaza con dilatarse a lo largo y ancho del mercado de fichajes. Hasta el punto que todos los implicados asumen y entienden que lo lógico es que, dentro de 10 días, cuando arranque el trabajo del pretemporada del equipo, siga sin resolverse.

A Pombo le queda un año de contrato, desestimó la oferta de renovación presentada por el Zaragoza durante la temporada, protagonizó algún episodio muy contestado dentro del vestuario y el rendimiento descendente de su nivel de juego dejó, finalmente, como resultado que el club le abriera la puerta de salida. Un club que, desde los despachos con los tiempos y modos de la negociación a las decisiones tácticas de los diferentes entrenadores, no dio con la tecla en la gestión del caso.

Con este contexto, Víctor Fernández autorizó a la dirección deportiva a encontrar una solución en forma de salida si su rol se relevaba con otro fichaje. A Pombo se le comunicó que tenía luz verde para buscarse equipo, pero, a su vez, el Zaragoza espera obtener una contraprestación económica. No se plantea dejarlo libre. Y aquí surge el punto de fricción. En el mercado se sabe que Pombo no cuenta y que el Zaragoza desea quitárselo, se conoce que es un futbolista con solo un año de contrato, se sabe que su rendimiento ha sido decreciente y que su fútbol presenta dudas y aristas aún para el máximo nivel. Es decir, en los mercados que podrían pagar algo por el futbolista. Al Zaragoza han llegado sondeos de ligas con poder adquisitivo pero con nulo atractivo deportivo para el jugaror. En Primera División, si Pombo tuviera salida y cotización, ya se hubiera producido algún movimiento sólido. Y queda, así, la Segunda División, un mercado en el que apenas hay dinero, y en el que Oviedo o Cádiz han mostrado interés. De este modo, salvo cambios en el guión previsto esta próxima semana, Pombo se presentaría en los primeros entrenamientos del Real Zaragoza. Y a partir de ahí, con los contadores a cero, todo puede pasar.

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