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La pesca en equipos descendidos, banco habitual del Real Zaragoza de Segunda

Luis Suárez, que va a llegar del Nástic, se sumará a una larga lista de fichajes zaragocistas -desde la caída de Primera en 2013- captados en clubes que perdieron su categoría, un paradigma del difícil del presente.

Luis Suárez se va e en velocidad de Javi Ros en el partido Nástic de Tarragona-Real Zaragoza de la temporada que ahora concluye (ganó el cuadro aragonés 1-2 en el Nou Estadi).
Luis Suárez se va e en velocidad de Javi Ros en el partido Nástic de Tarragona-Real Zaragoza de la temporada que ahora concluye (ganó el cuadro aragonés 1-2 en el Nou Estadi).
HA/Diari Mes

El Real Zaragoza está a punto de rubricar uno de sus primeros fichajes para el curso que viene: el delantero colombiano Luis Suárez, que llegará después de descender a con su equipo, el Gimnástic de Tarragona, de Segunda a Segunda B, en una temporada donde los granas han ocupado el puesto 20º, el antepenúltimo.

No es una maniobra de mercado nueva. Al contrario. Es bastante habitual en el proceder del club aragonés desde que bajó a la división de plata en 2013 y se despeñó, no solo deportivamente (ahí sigue, camino de 7 temporadas encadenadas), sino financieramente a causa de la catastrófica gestión del agapitismo, anterior propiedad a la actual, que tuvo que llegar en 2014 a toda prisa para evitar la liquidación y la desaparición del viejo club zaragozano.

Luis Suárez se sumará a una larga lista de fichajes ejecutados, por las diferentes direcciones deportivas, procedentes de clubes recién descendidos o, con descensos en sus currículum particulares muy recientes. De hecho, no es el primero que tiene esa vitola en la escasa lista de incorporaciones hecha por Lalo Arantegui hasta este 20 de junio: el medio centro ecuatoguineano Bikoro, anunciado por el responsable del área deportiva hace pocos días, llega del Teruel, que acaba de bajar de Segunda B a Tercera División tras ser 17º  en su grupo liguero. O sea, en un nivel todavía inferior al de Suárez (el curso anterior, este singular jugador también bajó con el Lorca FC de Segunda a Segunda B).

El año deportivo recién acabado, Arantegui también capturó refuerzos en el mismo banco de equipos despeñados en sus respectivas ligas. El central Álex Muñoz y el delantero M. Gual vinieron del Sevilla Atlético, 22º y colista de Segunda que se fue irremisiblemente a Segunda B.

El centrocampista Igbekeme arribó a Zaragoza desde el Gil Vicente de Barcelos portugués, penúltimo en la Segunda lusa y descendido a la tercera categoría del país vecino. El punta colombiano Medina fue fichado del Leonés Itagüí de la liga cafetera, a la sazón el colista y posteriormente descendido. Durante el curso, el cuadro aragonés se reforzó con el delantero Linares, que vino del Reus, descendido en los despachos y eliminado incluso de la liga. Y también con Dorado, procedente del Rayo Vallecano, que ha descendido de Primera a Segunda como último clasificado, el 20º. 

Con anterioridad, este mismo perfil de fichajes lo ostentaron jugadores como el pivote Eguaras y el extremo zurdo Oyarzun, ambos contratados tras dejar el Mirandés descendido de Segunda a Segunda B como colista, el 22º en la tabla. (Eguaras ya había descendido el año anterior con el Sabadell). El central Grippo llegó del Vaduz de Liechtenstein, último en la Primera División de Suiza y, por ello, despeñado a la categoría inferior de aquella modesta liga. Durante el torneo, la dirección deportiva también trajo a Alfaro, un extremo del Barcelona B de la división de bronce que, meses antes, estuvo en la plantilla del filial azulgrana que bajó desde Segunda siendo 20º en la tabla. 

En la anterior fase de gestión futbolística del Real Zaragoza, con Narciso Juliá al frente, también se acudió al banco de descendidos para potenciar el vestuario blanquillo. Aquí vino Xumetra, del Levante que había sido último en Primera (el 20º) y acababa de caerse de la élite. Antes, los chavales del filial culé, el Barcelona B, Bagnack, Dongou y, más tarde, Campins, llegaron al Real Zaragoza con un descenso aún caliente de Segunda a Segunda B en las filas catalanas, siendo los últimos aquel año (puesto 22º). El lateral zurdo Casado vino a La Romareda tras descender de Segunda a Segunda B con la Ponferradina (lo había hecho el año anterior con el RM Castilla). Hasta el portero Irureta fue fichado del Eibar, club que, en su estreno en Primera, descendió deportivamente a Segunda (fue antepenúltimo, el 18º), pero se salvó in extremis de tal golpe a causa del descenso administrativo del Elche. 

Si se da otro paso más atrás en los capítulos deportivos que el Real Zaragoza va acumulando en Segunda División desde 2013, se llega a la fase inicial de los actuales propietarios, con Ángel Martín González como director del área deportiva. Y ahí, cuando el vestuario fue encontrado prácticamente vacío, con eco sin apenas días para recomponer una plantilla con la que comenzar la liga 14-15, ya fue el mercado de descendidos el que se rastreó con las redes de fondo.

Así vinieron el delantero Eldin Hadzic, del Hércules que, como 22º y colista, acababa de descender de Segunda a Segunda B. Y también un trío de piezas que se habían ido por el sumidero a Segunda B en las filas del RM Castilla, filial madridista, como 20º clasificado: el central uruguayo Cabrera, el extremo Jaime y el delantero centro Willian José.

Asimismo, el mediapunta Ruiz de Galarreta llegó a Zaragoza desde el Mirandés, descendido en los terrenos de juego de Segunda a Segunda B (fue el 19º) y repescado in extremis cuando La Liga descendió en los despachos al Murcia. Precisamente, de ese descenso administrativo de los murcianos llegó otro jugador, Dorca, con la misma escarapela por lo tanto (el centrocampista ya venía de descender el año previo con el Racing de Santander, también a Segunda B). Y el lateral diestro Marc Bertrán, que acababa de bajar de Primera a Segunda con el Osasuna (18º clasificado). También el repescado lateral Diogo retornó a Zaragoza desde un descenso: el del Huesca, de Segunda a Segunda B, como 21º en la tabla.

Incluso se puede terminar y completar el repaso histórico llegando al mismo instante del reingreso del Real Zaragoza en Segunda, en agosto de 2013. Entonces, aún con Agapito Iglesias al frente del accionariado y con Jesús García Pitarch como comisionado en una singular labor multidisciplinar aquel año. El ejecutivo valenciano también pescó algún refuerzo de este perfil, casos del mediapunta Lucas Porcar, que se había ido de Segunda a Segunda B con el Xerez, colista y 22º en el escalafón de plata; y del delantero centro chileno Henríquez, que llegó procedente del Wigan inglés, despeñado de la Premier League a la segunda categoría de Inglaterra como último. 

El método, por encima de personas y responsables deportivos, es pues algo recurrente. Se trata de una necesidad. De una derivada del problema, profundo, de cariz económico que envuelve al Real Zaragoza de nuestros días. Algo impensable en tiempos de bonanza o de normalidad financiera (o sea, de una docena de años hacia atrás), pero que se ha acabado convirtiendo en un hábito forzoso. Quienes han de armar las plantillas en las circunstancias que concurren están en la obligación de exprimir al máximo cada céntimo de euro. Y también de buscar futbolistas por profundidades que, en tiempos pretéritos, hubiesen sonado extrañas, algo estrambótico. Son lugares y figuras en las que es necesario hilar fino, tener un buen olfato, poseer una intuición soberbia

Intentar armar plantillas ganadoras, de ascenso (en el caso del Real Zaragoza), a base de futbolistas que vienen de niveles inferiores y de años malos con sus respectivos equipos es un arte de orfebrería que tiene grandes riesgos, por motivos obvios. Ahí viene moviéndose el actual club aragonés desde 2013, por fuerza, porque los escaparates de género más bonito, más sugerente y más natural respecto del pedigrí del Real Zaragoza histórico, quedan normalmente a desmano en cuanto a precios, métodos de financiación y ofertas racionales para la economía blanquilla. 

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