Real Zaragoza

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El Real Zaragoza acaba el curso en Tenerife con una nueva derrota, por 1-0

Los aragoneses acaban en el puesto 15º la liga tras desaprovechar su dominio en la primera parte y hundirse tras el descanso ante los canarios.

El Real Zaragoza finalizó la liga 2018-19 con una nueva derrota para su casillero de fiascos, por 1-0 en el campo del Tenerife. Se trató de un choque descafeinado en el que los canarios, en la segunda parte, se aprovecharon del hundimiento general del cuadro de Víctor Fernández, que en la primera parte fue mejor pero falló siempre en ataque. Un final acorde a una temporada fea y deficiente en todos los aspectos deportivos del equipo, que ocupa definitivamente el puesto 15º, con 51. Y no cayó al 16º gracias a que, in extremis, Las Palmas logró empatar en Soria, evitando así que el Numancia superase también a los aragoneses.

Durante el primer tiempo, el equipo zaragocista se mostró mucho más implicado en el juego que un deslavazado y relajado Tenerife. Los locales salieron al césped en modo relax absoluto, como si hubieran apagado el interruptor de la competición el pasado miércoles cuando volvieron de Lugo con la salvación bajo el brazo. Y eso patrocinó un evidente dominio del balón de los aragoneses, que llegaron con asiduidad a las inmediaciones al área canaria, aunque siempre faltó el último pase, el tino rematador de Gual (esta vez el punta referencial), la puntería de una segunda línea fofa todo el año. O sea, un resumen en frasco pequeño de lo que ha sido el calvario de temporada en el Real Zaragoza.

M. Gual tuvo el 0-1 nada más empezar, en el minuto 3. Remató el catalán a bocajarro en el área pequeña, una segunda jugada tras un córner en el que ya habían estado cerca de batir al portero Galván tanto Verdasca como Soro. Pero Gual apuntó a donde estaba Pombo, delante de él, y el tanto se fue al limbo, por encima del larguero. Increíble. Hubo que esperar, tras diversos escarceos mal hilvanados en el área chicharrera, a que el reloj marcase el minuto 16 para ver otra ocasión clara de los tomates (rojo total, el del Zaragoza en Tenerife, su gemelo en uniforme oficial). La tuvo Pombo, tras un pase de Lasure al interior del área. El ‘8’ se revolvió y remató duro, raso, encontrándose con una buena respuesta de Galván, el habitual suplente bajo palos del cuadro isleño, esta vez titular.

Entretanto, los tinerfeños aburrían a las ostras. Con desgana, con su público más preocupado de sacudir la badana a su directiva por el año penoso que el equipo les ha ofrecido, los locales eran incapaces de generar una sola jugada potable de medio campo en adelante. La zaga aragonesa vivió todo el tiempo en un balneario. Un leve escarceo de Nano, en el minuto 12, echando fuera, fatal, un centro al primer palo de Cámara, era la única llegada al área de Ratón hasta que, en el minuto 28, llegó un córner a favor de los chicharreros. Es decir, una jugada a balón parado sobre el área zaragozana, una especie de penalti desde el lateral para la ineficaz zaga del Real Zaragoza este año. Y, claro, Jorge Sáenz cabeceó solo a placer lo que parecía el 1-0. Menos mal que Ratón pudo ejecutar un paradón bajo palos y evitar el tanto de los anfitriones.

La respuesta a esta enorme opción de gol del Tenerife fue doble por parte zaragocista. Pombo, en el 30, volvió a tener un balón franco en el área de Galván, pero su remate final se le marchó muy cruzado, alto, fatal, cuando todo era mucho más sencillo por posición. Y en el 38, Soro probó suerte prácticamente desde el mismo punto del área local. Esta vez, el portero le rechazó el chut con ambas manos y abortó el primer tanto de la noche.

De repente, como si el Real Zaragoza se empezara a rasgar en sus costuras al no ser capaz de sacar ventaja de su claro dominio de la situación, de nuevo el Tenerife fue capaz de gestar una clara acción de gol dentro de su enorme espesura. En una contra llevada por Malbasic, el ariete Nano remató abajo y Ratón tuvo reflejos para tocar la pelota y enviarla al poste izquierdo, salvando un gol claro. Así que, cuando llegó el descanso, tras otro disparo del exzaragocista Montañés que atajó Ratón, las conclusiones eran muy claras y reflejaban los males de todo el año, de los 10 meses de calvario vividos por el Zaragoza de este proyecto fallido: por un lado, los partidos pueden durar 3 días y no marcar un solo gol pese a tener oportunidades y, por otra parte, la defensa aragonesa tiene unos agujeros de queso gruyere por los que cualquiera, aunque esté mustio (caso del Tenerife), encuentra siempre huecos para hacerle mucho daño.

Víctor Fernández había cambiado en este partido los laterales, dando retorno a los titulares Benito y Lasure. Había recuperado a Eguaras en la medular. También a Pombo y Gual arriba. Y, sobre todo, había metido a Nieto como interior, en una segunda línea extraña con Guti, Soro, el citado Pombo… Fue un experimento con claroscuros, una especie de 4-1-4-1, convertido en ataque en 4-1-2-3, para sacar poco caldo de cara al futuro. Algún ruido en determinadas jugadas, pero pocas nueces. Ninguna, por ser exactos.

El segundo tiempo arrancó con un cambio de central en el Tenerife, quedándose en la ducha Alberto y entrando Carlos Ruiz. Y, lo peor para el Real Zaragoza, lo hizo con el gol que abría el marcador a favor del Tenerife. Salió con la tostada en la mente el equipo de Víctor Fernández. Y el tanto de Nano procedió, cómo no, de un saque de esquina. Qué desastre más mayúsculo es el Zaragoza en la defensa de la estrategida del adversario. Sacó el córner Milla, en el minuto 47; cabeceó Jorge Sáenz hacia el marco (como en la primera parte) y Nano desvió en el área pequeña la pelota hacia la red. Muy sencillo para los canarios. Tan sencillo que un par de minutos después lo volvieron ha repetir, con la zaga tomate mirando al cielo y silbando. Lamentable. Esta vez no hubo gol porque, además, había fuera de juego.

El 2-0 pudo llegar en el minuto 50. O sea, con inmediatez. Agarró la pelota el goleador Nano en la línea de tres cuartos, empezó a correr a toda velocidad, dejó atrás primero a Verdasca; después rebasó como un avión a Dorado, y se plantó ante Ratón. Lo vio tan sencillo el tinerfeñista que rompió el balón con su derechazo y se le marchó por encima del travesaño. Definitivamente, el Real Zaragoza ágil (aunque torpe en ataque) de la primera parte se había quedado en la caseta. Apagón total de los de Fernández. Persianazo en toda la regla. Del mismo tenor que el que sucedió en Málaga hace dos jornadas. Enorme. Inexplicable.

No hubo reacción alguna de los zaragocistas. Al contrario, Malbasic amagó de nuevo el gol en el 58, tras una jugada personal con cuatro regates en carrera que denunciaron la pasividad de la defensa aragonesa. El remate del balcánico, raso, lo atajó bien Ratón. Víctor empezó a mover el género desde el banquillo. P. Biel suplió a un desdibujado y desubicado Nieto a falta de media hora. Buscaba la brújula extraviada en el intermedio. Y el balear, en el minuto 66, al poco de entrar en el campo, pareció que la encontraba. Lanzó una falta desde el pico del área, con su rosca habitual, y el balón pego en mitad del palo izquierdo de Galván. Ahí pudo estar el 1-1. Fue, pasados ya los primeros 20 minutos de la reanudación, el primer tiro a puerta de los zaragocistas. Poco más hay que añadir para definir lo que estaba sucediendo.

El Tenerife bajó el diapasón en la recta final. Se dedicó a lo sentimental. Despidió a su capitán, Cámara, que deja el club tras infinidad de años. También hizo homenaje en el cambio de Nano. Las sustituciones fueron como pequeñas ceremonias, ante el consentimiento arbitral. El partido se rompió del todo, si es que no estaba ya lo suficiente. Entretanto, M. Gual se empeñaba en disparar al muñeco cada vez que le llegaba un balón a sus pies, estuviera donde estuviera, para desesperación suya y, sobre todo, de sus colegas de ataque, Pombo y Soro mayormente (algún reproche le cayó por ello). Víctor lo mandó al vestuario a falta de un cuarto de hora, tiempo que le dio en punta a Linares en busca de un golpe de inspiración que trajera la igualada.

En el minuto 78, los locales perdonaron, en un doble remate a bocajarro, la sentencia del duelo. Primero Naranjo y después Tyronne -recién salido al campo- marraron un balón franco en el área servido por Malbasic tras irse en velocidad de un desintonizado Lasure. El Zaragoza estaba en la Luna a esas alturas del lance. Decepcionante final de partido, en definitiva, de campaña. Víctor aprovechó para darle la alternativa a Torras, medio del filial, que se estrenó así como profesional en vez de Guti en los últimos 8 minutos del curso. Dato para las efemérides y para el album de la dirección deportiva. Soro dispuso de la última jugada de peligro en el área de Galván, en el 87, pero su remate raso, cruzado, le salió muy flojo y lo paró sin problemas el arquero canario.

El partido, el vía crucis de año, la temporada 2018-19 embocó su esprint final en el Heliodoro (era, de facto, el último partido en disputarse) con una moraleja cristalina en la actitud del Real Zaragoza. El duelo en el Heliodoro, su desarrollo, fue un extracto perfecto de 42 jornadas, de toda una liga, de 10 meses terribles de fútbol y aconteceres. Los zaragocistas terminaron la temporada con una derrota, la enésima. Sin marcar gol. Haciendo aguas atrás ante un rival que tenía escasas ganas de ganar por su relajación mental evidente durante todo el primer tiempo. Fue un sello de lacre al curso que deja muchos mensajes para los responsables del ámbito futbolístico del club. Deberán saber descifrarlos. Todos. Que son infinidad. Punto final al calvario. Vacaciones. A desconectar. Y a buscar luces de ilusión por algún sitio. El sexto año consecutivo en Segunda da paso al séptimo. Ahí estaremos.

Ficha

CD Tenerife: Galván; Cámara (Luis Pérez, 62), Jorge Sáenz, Alberto (Carlos Ruiz ,46), Héctor Hdez.; Milla, Javi Alonso; Montañés, Malbasic; Naranjo y Nano (Tyronne, 70).

Real Zaragoza: Ratón; Benito, Dorado, Verdasca, Lasure; Eguaras, Raúl Guti (Torras, 82); Pombo, Soro, Nieto (P. Biel, 59); y M. Gual (Linares, 73).

Árbitro: Domínguez Cervantes (Comité Andaluz). Amonestó a Héctor Hernández (64),

Goles: 1-0, min. 47: Nano.

Incidencias: Noche agradable en Tenerife, con 23 grados, en un día de sol y brisa del Atlántico. El Zaragoza vistió completamente de rojo. El césped presentó un aspecto correcto. En las gradas, alrededor de 11.000 espectadores.

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