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La extraña fiesta en jueves, seña de una semana 'diferente'

El Real Zaragoza interrumpe sus entrenamientos a 3 días de recibir al Numancia, en el adiós a la liga en La Romareda, hecho inusual en un momento donde lo futbolístico está ya en segundo plano.

Víctor Fernández, Roberto Cabellud (izda.) y José Luis R. Loreto (dcha, de espaldas), el cuerpo técnico del Real Zaragoza charla durante el entrenamiento del miércoles.
Víctor Fernández, Roberto Cabellud (izda.) y José Luis R. Loreto (dcha, de espaldas), el cuerpo técnico del Real Zaragoza charla durante el entrenamiento del miércoles.
Daniel Marzo

Que, en términos futbolísticos y competitivos, al Real Zaragoza le hizo 'clic' el cerebro en la tarde del sábado pasado, cuando tras el 0-0 entre el Rayo Majadahonda y el Córdoba significó su salvación definitiva en la pelea por eludir el descenso a Segunda B, nadie lo puede ocultar. En el ámbito propio, el que se refiere a la preparación de sus partidos ligueros, hay un antes y un después del reciente viaje a Málaga, en donde el cuadro aragonés perdió 3-1, marcador adverso que acabaría siendo nulamente pernicioso gracias a la carambola de Majadahonda. 

Los dos partidos que restan, este domingo en La Romareda ante el Numancia (20.00) y el colofón del año lectivo, en Tenerife una semana más tarde, son para los zaragocistas citas descafeinadas, de menor enjundia -infinitamente- que todo lo reciente, ante el Sporting de Gijón, lo de Almendralejo, el choque contra el Deportivo de La Coruña, el viaje a Córdoba... Un enorme listado de 'finales' como ha debido acometer el equipo desde que el descenso empezó a ser amenaza seria, allá por diciembre. 

El plan de trabajo de Víctor Fernández para esta semana deja, en la fecha de este jueves, un detalle que destila ese cariz 'diferente' del presente en el vestuario blanquillo. El Real Zaragoza no se entrena. Tiene fiesta. Algo inusual, imposible de concebir en tiempos pasados recientes, cuando solo restan 72 horas para recibir al Numancia. 

Resulta natural el sentimiento de relajación mental cuando se culmina con el éxito pretendido una encomienda de alta dificultad. Y ahí están los protagonistas del Real Zaragoza sobre el césped cada fin de semana, justo en esa estación. Llega el duelo ante los numantinos y, de repente, se dan cuenta de que ya no hay vértigos, ni pesadillas nocturnas, ni mareos al mirar la clasificación, ni presión ambiental externa al salir a la calle cada día. 

Esta fiesta en jueves habla por sí sola. Si la vida hubiese seguido en juego, como en el último semestre de ciénagas y seísmos en torno al equipo zaragocista, es de todo punto imposible pensar que la plantilla hubiese guardado un extemporáneo día de asueto a estas avanzadas alturas de la semana. Ahora, todo es ya distinto. El pulso se ha calmado. Los ansiolíticos se han guardado en el cajón de la mesilla. Ya no hacen falta relajantes musculares para conciliar el sueño. 

Quedan 10 días de competición que, felizmente, han mutado en su perfil de exigencia para los zaragocistas. Son ya un anexo secundario al global de la temporada y no, como se temió hasta hace nada, un incandescente volcán en erupción con el riesgo de perder la categoría y la vida si no se hacían los deberes convenientemente. 

El Numancia aún tiene su salvación por dilucidar, pues viajará a La Romareda a falta de un punto para cuadrar su permanencia. Esto obliga al Real Zaragoza a seguir enchufado a la competición por lealtad, por profesionalidad, por honradez, por deportividad en relación al resto de clubes implicados en la zona baja de la tabla. Mucho más en los tiempos que corren en el fútbol español, con el 'caso Oikos' en plena efervescencia a escasos kilómetros. Este matiz ya se encargó el vicepresidente zaragocista, Fernándo Sainz de Varanda, de recordárselo a la plantilla en la mañana del miércoles.  

El Tenerife, en el último encuentro liguero, bien podría estar en las mismas circunstancias, aunque en su caso es posible también que llegue salvado por completo, en virtud de los marcadores de la penúltima jornada. Así que, estas dos cuestiones relativas a los adversarios de turno son las únicas -de índole mayor- que aferran al Real Zaragoza a seguir dando su mejor rendimiento sobre el campo en los dos partidos desustanciados que le han quedado por dirimir, una vez lacrado su pasaporte para seguir en Segunda División un año más. 

De eso, nadie va a poder dudar. Pero, en el día a día, en los ritmos vitales de los jugadores y técnicos blanquillos, el énfasis en la preparación previa de cada uno de esos dos duelos no va a ser el mismo que en los meses previos. Las cabezas necesitan aire puro. Los músculos, mucho más. El estrés del pánico origina efectos secundarios nocivos de los que conviene limpiarse progresivamente. Y en eso está el Real Zaragoza ahora. Por eso, este jueves, fiesta. Aunque sea algo atípico. 

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