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El Real Zaragoza, de presunto reo a juez ante Numancia y, quizá, Tenerife

Cambio radical de escenario: el equipo aragonés, solucionada su delicada situación en la huida del descenso a Segunda B, puede ser decisivo en el éxito o fracaso de sorianos y canarios en las dos últimas jornadas.

Cristian Álvarez, Eguaras, Delmás y Guitián, junto al árbitro Trujillo Suárez, en el momento de la conclusión del último partido del Real Zaragoza, en Málaga el pasado viernes, con derrota por 3-1.
Cristian Álvarez, Eguaras, Delmás y Guitián, junto al árbitro Trujillo Suárez, en el momento de la conclusión del último partido del Real Zaragoza, en Málaga el pasado viernes, con derrota por 3-1.
José Bretón

El Real Zaragoza ha pasado de presunto reo a juez. De ser uno de los principales sufridores de penas en la actual Segunda División a ostentar el rol de posible jurista que decida el descenso a Segunda B de otros. 

La obtención de la salvación matemática de la permanencia en la categoría por parte zaragocista, fraguada a mitad de tarde del sábado al patinar el Rayo Majadahonda en su campo ante el Córdoba (0-0), marcador que dejó en anécdota la derrota aragonesa el viernes en Málaga por 3-1, es el resorte que genera indefectiblemente esta metamorfosis en el perfil del Real Zaragoza de cara a las dos últimas jornadas, las que aún restarán por jugarse cuando acabe este fin de semana.

Los blanquillos han de enfrentarse el próximo domingo en La Romareda al Numancia de Soria. Y cerrarán el torneo 7 días más tarde en el Heliodoro Rodríguez de Tenerife. O sea, dos de los compañeros de viaje en el vagón del terror que, a estas alturas, aún no han solucionado sus problemas, como sí ha certificado ya el Real Zaragoza. 

A falta de saber lo que harán este domingo los tinerfeños, que juegan en la isla ante el Oviedo, y teniendo ya claro que el Numancia sumará los 3 puntos porque le corresponde su turno ante el descalificado Reus, ambos rivales pueden llegar a sus duelos finales contra el Real Zaragoza en situación de necesidad, de agobio. De entrada, es seguro que así será el próximo domingo en La Romareda (20.00), pues el Numancia llegará con 47 puntos, mirando al retrovisor y viendo al Majadahonda a 5 de distancia de ellos, aún amenazante. Lo de Tenerife, en el epílogo de la liga, bien podría quedar descafeinado y desactivado según venga la mano... pero eso todavía no puede aventurarse. De momento, cabe barajar un partido de alta tensión para los chicharreros en ese 8 o 9 de junio bajo el Teide. 

En cualquier caso, suceda lo que suceda con estos adversarios, cuestión que es ya tangencial a los intereses más nucleares del Real Zaragoza después de muchos meses compartiendo miedos e inquietudes, a los muchachos de Víctor Fernández el devenir de los acontecimientos les ha provocado un cambio radical de desempeño en las dos últimas jornadas ligueras.

Por un lado, van a ser 15 días sumamente agradables para poner punto final a, eso sí, un curso deficiente y con paladar de fracaso global. Y, por otra parte, el Zaragoza va a tener que responder con profesionalidad y rigor a lo meramente competitivo, pues de su actitud y gestión de esos dos partidos dependerá parte del futuro de otros. Y, como por aquí se ha padecido en los últimos meses respecto de muchos otros, es de ley contemplar que cualquier equipo va a darlo todo sobre el césped en pos de una competición leal y honrada.

En este sentido, es digno de loa el partido que el Córdoba desarrolló el sábado por la tarde en Majadahonda. Los andaluces, ya descendidos matemáticamente, fueron capaces de empatar, 0-0, en campo madrileño (acabaron incluso con 9 hombres, por una expulsión y una lesión con los cambios agotados), un resultado que permitió que el Real Zaragoza pudiese respirar hondo de manera definitiva y gritar al aire su salvación sin esperar al final del campeonato. Porque, para que el favor llegara a La Romareda de parte del Majadahonda, hay que considerar que fue el Córdoba quien lo hizo posible realmente, con un partido serio y responsable pese a su desahucio ya efectivo. 

Algo así esperarán de los zaragocistas en las dos últimas jornadas los que aún están con el agua al ras de la boca, con síntomas de ahogamiento ahí abajo en la tabla. Ahora, los blanquillos ya no son presumibles víctimas del descenso a Segunda B ni compañeros del corredor de la muerte de los Tenerife, Numancia, Lugo o Extremadura. De repente, han pasado a ser sus aliados en unos casos, sus jueces directos en otros. Curioso volteo de la situación.

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