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La intranquilidad de Víctor entre la 'tranquilidad' general por la salvación

"Pues yo no estoy tranquilo... estoy de los nervios", dijo Fernández al abandonar La Rosaleda en la medianoche del viernes, sin poder atar aún matemáticamente la permanencia en Segunda del Real Zaragoza

Víctor Fernández, en un gesto que no necesita explicaciones, en el partido de este viernes en Málaga durante la segunda parte.
Víctor Fernández, en un gesto que no necesita explicaciones, en el partido de este viernes en Málaga durante la segunda parte.
José Bretón

Fue ganar al Sporting de Gijón la semana pasada por 4-2 en La Romareda, verse con 50 puntos tras haber hecho el doblete vencedor en unos pocos días después de superar al Extremadura en Almendralejo por 0-3, y colegir automáticamente entre el zaragocismo que el objetivo último de la defectuosa temporada 2018-19, lograr eludir el descenso a Segunda B, estaba ya en el bote. Esa noche pos Sporting todo el mundo durmió ya a pierna suelta. Se rebajó la tensión arterial y cayeron las pulsaciones cardiacas en todos los rincones del día a día del club aragonés. Si uno solo de los cuatro partidos que repercutián a posteriori, en el pasado fin de semana, sobre la clasificación blanquilla salía bien, la permanencia en Segunda sería un hecho matemático. Pero no fue así.

Lugo, Majadahonda, Tenerife y Numancia no ayudaron en la carambola. Y los 50 puntos del Real Zaragoza se quedaron aún en insuficiente renta para sentirse liberados del máximo riesgo. Eso sí, al quedar aún 3 jornadas por delante, a nadie le generó ninguna duda el problema concreto: la salvación va a llegar por pura decantación en cualquier momento. O por la propia faena bien hecha de los zaragocistas (el primer intento, en Málaga, salió mal), o porque los demás fallen en un lugar u otro. 

En la noche de este viernes, tras caer 3-1 en Málaga, en ningún momento se abordó el asunto de la permanencia y el descenso. Es como algo ya superado. No hay sensación de histerias e inquietud, como hasta el doblete Extremadura-Sporting de Gijón, en el que el 6 de 6 sumado por el Real Zaragoza trajo toneladas de salud a todos los implicados seguidores y ejecutivos de la entidad. Antes, enseguida se miraba a la clasificación. Ahora, parece que ya no es cuestión mayor, pese a que aún no se ha cuadrado la caja. 

Víctor Fernández, el más pragmático de los pragmáticos zaragocistas desde su llegada en diciembre, puso el contrapunto a esta extraña conducta generalizada en la última semana en la burbuja blanquilla. "Pues yo no estoy tranquilo... yo qué sé. Estoy de los nervios. ¡Vamos a ver!, que yo veo que sí, que estamos peleando todos los partidos, que somos capaces de competir contra cualquiera a base de fútbol, como aquí en Málaga. Ahora bien, el objetivo, que virtualmente da la impresión de que está logrado, aún no es así", se sinceró en la sala de prensa, también un tanto sorprendido por que se dé por consumado algo que todavía no lo está. Aunque lo pueda estar pronto y la lógica diga que es muy difícil que así no sea.

"Yo espero, el lunes cuando me levante... o el domingo por la noche cuando me acueste, tener la plenitud y la paz interior que necesito. Ver que ya hemos conseguido matemáticamente la salvación y que ya podemos respirar y pensar en otras cosas. ¡A ver si ocurre!", apostilló pidiendo al cielo que todo esto se acabe ya con concreción, sin dudas, sin resquicios mortales todavía abiertos, por improbables que parezcan. 

Es, en definitiva, la descripción de una singular situación anímica que vive el zaragocismo en los últimos 8 días: se da por salvado, aunque no sea así aritméticamente, porque tiene tantas ganas de sentirse librado del peligro letal (tras largos meses de padecimientos) que ya no le pide el cerebro seguir haciendo cábalas. 

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