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Todos los caminos llevan a Roma (entiéndase la salvación matemática)

El Real Zaragoza eludirá el descenso aritméticamente si gana o empata este viernes en Málaga. En caso de derrota, dependerá de otros resultados de terceros, que se espera lleguen por decantación.

Imagen del final del último partido jugado fuera de casa por el Real Zaragoza, su victoria por 0-3 en Almendralejo ante el Extremadura. Este viernes espera repetir momentos de alegría como el de la fotografía.
Imagen del final del último partido jugado fuera de casa por el Real Zaragoza, su victoria por 0-3 en Almendralejo ante el Extremadura. Este viernes espera repetir momentos de alegría como el de la fotografía.
Conrado del Castillo

Viaja el Real Zaragoza a Málaga para afrontar el antepenúltimo partido de liga con unas sensaciones algo desordenadas. La semana, alborotada en lo que excede del propio campo de fútbol, con el futuro del entrenador, Víctor Fernández, convertido en canción de la primavera entre el zaragocismo, va a llegar a un precipitado viernes de partido, porque la Liga de Fútbol Profesional se ha empeñado, hasta el último momento, en poner al Zaragoza horarios intempestivos, en días laborables y fuera del fin de semana, que aprontan su duelo ante los malagueños de manera tremenda, como ha sido habitual tantas y tantas veces en los últimos 9 meses.

Por un lado, van a Andalucía los blanquillos con la obligación matemática de sellar la permanencia en Segunda División, pues los números aún avisan de que hay una pequeña grieta por la que el equipo se podría ir a Segunda B todavía. Palabras mayores, aunque muy improbables si se atiene cualquier observador a las probabilidades de que esas carambolas a tres, cuatro y hasta cinco bandas acaben dándose. 

Por otro, acude el equipo aragonés a la Costa del Sol envuelto en las prosas y rimas que han impregnado el día a día de la entidad desde el viernes pasado, cuando La Romareda pidió voz en grito a Víctor Fernández que siguiera el año que viene en el club (y, por derivada, se lo cantó a quienes deben decidirlo, obviamente).

Y, desde las últimas horas, a esta mixtura se añade la postura de Fernández, de aguantar con calma el tirón, admitiendo reuniones súbitas al respecto con los ejecutivos del ramo dentro de la SAD, pero sin dar una respuesta aún. No en vano, la liga no se acaba hasta el 9 de junio. Y la temporada oficial, hasta el 30 de junio. 

Una cosa es que, desde la más generalizada situación de nervios e histerias que ha vivido el zaragocismo desde octubre, quien más y quien menos considere que la salvación del pellejo ya es un hecho, y otra que se deba dar por concluido el curso lectivo. Todavía hay cuestiones que resolver. Por ejemplo, una vez que la permanencia llegue, bien por méritos propios, bien por ayudas externas en momentos puntuales, dilucidar el puesto exacto en la tabla clasificatoria que es capaz de alcanzar el Real Zaragoza, pues no es asunto menor. Desde hace un trienio, la clasificación general lleva premios económicos en cada escalón, y es más rentable cuanto más arriba se ubique cada club en cuestión. No están las arcas zaragocistas para renunciar a unos cuantos miles de euros, si se pueden obtener en buena lid.

En este batiburrillo de sensaciones, que mezcla cuestiones puramente futbolísticas y competitivas con otras de índole estratégica y societaria respecto de un puesto tan crucial como es el de entrenador (con las repercusiones que, en este caso, transmite al resto de áreas relacionadas directamente), el Real Zaragoza jugará en el difícil campo del Málaga un partido de complicada calificación a priori

No es una 'final', como sí pudieron ser catalogados los dos que se jugaron anteriomente a domicilio, en Almendralejo y Córdoba, por ejemplo. Ya no urge tanto ganar, porque la faena gorda ya la ha hecho el Real Zaragoza en la última semana, sumando 6 de 6 puntos ante Extremadura y Sporting de Gijón que le han llevado al ras de los 50 y le permiten respirar con cierta hondura sin tener el pulso alterado. 

Pero tampoco es un paseo por la playa. Una derrota, al ser el partido que abre la jornada, llevaría una vez más al zaragocismo a estar pendiente de otros lugares para ver si la salvación matemática llueve por errores de terceros: el Majadahonda debería perder con el Córdoba en Madrid; o el Lugo en Almendralejo; o el Tenerife en la isla canaria ante el Oviedo. Hasta podría darse el caso de que la permanencia matemática quedase pendiente una semana más.

Y, por todo lo acontecido en las últimas 150 horas, por los efectos secundarios causados por el "Víctor, quédate" de las tribunas de La Romareda hace 6 días, este partido de Málaga llega cubierto de una pátina inesperada de expectación sobre el futuro del entrenador zaragozano, con una buena dosis de morbo.

Así tendrá lugar este partido entre el Real Zaragoza (14º clasificado) contra el Málaga (5º). Entre un equipo que considera que la salvación le llegará tarde o temprano por una de las diferentes vías posibles (la suya o la de otros varios) y otro, el andaluz, que pretende asegurarse una plaza en la fase de Promoción de ascenso a Primera, su único objetivo desde julio pasado, pues se trata de un descendido de la élite en la temporada pasada.

Por todos estos componentes, se trata del partido más extraño que va a jugar esta temporada el Real Zaragoza. Ni forma parte del bloque inicial, cuando aún estaba vigente el plan de ascenso a Primera dentro del actual proyecto. Ni se puede encuadrar en la fase de desvanecimiento que acabó con Idiakez (primer entrenador del curso), trajo a Alcaraz (segundo entrenador del episodio) y abortó cualquier opción de estar arriba. Tampoco responde al perfil de partidos frenéticos e histéricos bajo la batuta de Víctor Fernández (tercer inquilino del banquillo) para salir del furgón de cola en una contrarreloj de 5 meses de padecimientos extremos. Es una cosa rara. Salvados... pero no. En riesgo aún... pero no. Y con un ruido sonoro con Víctor Fernández como instrumento de percusión. Esto sí que no admite dudas. Es así. Sí... pero sí.

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