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El 6 de 6 del Real Zaragoza a falta de 5 jornadas, providencial para la salud

Tras caer 0-1 con el Deportivo quedó obligado a ganar, al menos, 2 de sus últimos 5 partidos para cimentar la salvación. El manejo de los tiempos ha sido el mejor: ganó los 2 más inmediatos.

Noche del sábado, 4 de mayo. Desolación y máxima preocupación en los jugadores y aficionados del Real Zaragoza tras concluir el partido ante el Deportivo de La Coruña en La Romareda con derrota por 0-1.
Noche del sábado, 4 de mayo. Desolación y máxima preocupación en los jugadores y aficionados del Real Zaragoza tras concluir el partido ante el Deportivo de La Coruña en La Romareda con derrota por 0-1.
Guillermo Mestre

El clima de paz interior que reina en todos los rincones del zaragocismo desde la medianoche del viernes, cuando acabó felizmente el partido ante el Sporting de Gijón en La Romareda con victoria por 4-2, es, probablemente, el mejor momento anímico vivido desde los inicios de temporada. Aquellos días, allá por septiembre, cuando aún todo el mundo soñaba con pasar un año en lo más alto de la tabla y aspirar al ascenso a Primera División por estas fechas de finales de mayo.

Pese a que las matemáticas están obligando a esperar para poder aseverar con total certeza que la permanencia en Segunda es un hecho y que, por lo tanto, ya no existe riesgo alguno de descender a Segunda B -peligro, miedo y congoja que ha atenazado a todos los sectores del Real Zaragoza durante meses en el transcurso de la liga 2018-19-, este tercer fin de semana de mayo está siendo un balneario para la mente, una sauna relajante para los aturullados zaragocistas, de todo tipo, cargo y condición, que temieron unas últimas jornadas llenas de tensión, histeria y riesgos letales en la clasificación.

Por eso, ahora se viven horas de sosiego. De inicio de una profunda reflexión que no tiene fondo, por tanto como hay que analizar y rectificar. Este es un pasaje de la temporada para darse cuenta de lo mal que se ha estado, de lo mal que se ha pasado y de lo mal que se pergeñaron las cosas hace 13 meses para que el resultado haya sido el ofrecido por el equipo en un curso en el que las aspiraciones eran justo las inversas a las que han acontecido. 

Para que esto haya desembocado así, ha sido decisivo el acierto y la buena aplicación del equipo en los dos partidos reciente, en Almendralejo y frente al Sporting en La Romareda. El manejo de los tiempos, protagonizado por el cuadro técnico y la plantilla de jugadores como principales actores de la película (lo mismo que en otras fases de la liga ellos fueron los culpables máximos, ahora es de ley otorgarles el mérito contrario), ha sido sobresaliente. El mejor posible. El ideal, en deseado, el perentorio.

Cuando en la noche del sábado, día 4 del presente mes de mayo (hace únicamente 13 fechas), el Real Zaragoza consumó su derrota por 0-1 ante el Deportivo de La Coruña en La Romareda, la desolación y máxima preocupación entre los jugadores y aficionados se apoderó de toda la envolvente del zaragocismo. Ese patinazo grave y los resultados de muchos de los rivales de la cola de la clasificación agravaron el presente y el futuro inmediato del Zaragoza, cuando solo restaban 5 jornadas por disputarse, o sea, los últimos 15 puntos de la liga por repartirse. 

El Real Zaragoza, en esos instantes de blandura muscular y canguelo, con solo 4 puntos de colchón con el descenso fatídico (que marcaba el Lugo, con el que el 'golaverage' particular está perdido), quedó obligado a ganar, al menos, 2 de sus últimos 5 partidos para poder cimentar la salvación. En plena depresión, la tarea se presentó como una cuesta arriba interminable y de enorme dificultad mental y futbolística, por los antecedentes de una temporada fea y defectuosa. Lo de Almendralejo quedó presentado como una final. Un partido clave de bóveda. Un antes y un después.

Pero, de ese laberinto de dudas que presidió el discurrir de los días posteriores, los que unieron la citada derrota ante el Dépor y el siguiente choque, en el campo del Extremadura (fueron 7 días duros y crudos de administrar en todos los ámbitos), el Real Zaragoza ha salido por la vía rápida, ha encontrado la salida a la primera, burlando espejos y efectos nocivos con una agilidad brillante: ha sido capaz de cumplir su objetivo parcial en un santiamén, ganando esos dos partidos que necesitaba sin perder un solo minuto, los dos más inmediatos, los dos primeros: en Almendralejo (0-3) y al Sporting en casa (4-2).

La suma de 6 puntos de 6 dirimidos en apenas 6 días ha disuelto cualquier tipo de padecimiento extremo en la recta final del campeonato. Lo que era obligado ganar en el campo, con 5 partidos por delante, técnicos y futbolistas lo han logrado sin demora, sin echar a perder una sola bala: pim, pam. Y ya está. Un rendimiento providencial para la salud, tanto de ellos, como de todo su alrededor. 

No hubiera sido lo mismo tener que ganar esos dos partidos, esos 6 puntos que ya están en las alforjas, en los choques que faltan a partir de ahora, cuando solo quedan ya 3 partidos por jugarse. Y pudo haber sucedido. Era lo que todo el mundo temía como una tronada de granizo: la posibilidad de alcanzar las jornadas postreras (Málaga, Numancia y Tenerife) con la vida por resolver.

Los 6 puntos necesarios, a efectos finalistas, daba igual dónde sumarlos. Si era ganando las dos últimas jornadas al Numancia y en Tenerife, igual hubiesen servido (a toro pasado). Pero las cuestiones cardiacas, los insomnios, las tensiones arteriales y la verborrea diaria no hubiese generado el medio ambiente de serenidad que se respira hoy entre el zaragocismo. A nadie escapa este detalle sustancial. 

Por eso, el procedimiento llevado a efecto para cerrar los 50 puntos es digno de ser celebrado (mal que pese, por ver al Real Zaragoza sumido en este fregado tan desagradable y alejado de sus galones y su historial en el fútbol español y continental), por tanta salud como ha ahorrado y aliviado a sus correligionarios, que son legión. 

Si del descarrilamiento global de temporada que se ha vivido en lo deportivo se sale, al menos, con las constantes vitales mínimamente dañadas entre todos los zaragocistas, algo se habrá ganado en este último mes del torneo. Pero conviene tomar nota de lo sufrido, de los porqués, de los quiénes y prevenir de cara al futuro que ya está ahí mismo. Una recaída en los mismos males, en los mismos errores, en las mismas patologías, será difícilmente asumida por el organismo del zaragocismo. Que no es de piedra ni de acero inoxidable. Tampoco estólido.

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