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El mestizaje que deja el Reus en el Real Zaragoza en 3 años de relación

Hasta el verano de 2016, el eliminado rival catalán no tenía ningún vínculo pasado con el club aragonés. Desde entonces, Natxo González, Benito, Ángel Martínez, Jorge Díaz y Linares han hecho de nexo de unión puntual.

Natxo González, Benito, Ángel Martínez (arriba, de izda. a dcha.); Jorge Díaz y Linares (abajo), cinco operaciones ejecutadas entre el Reus y el Real Zaragoza en dos años y medio de relación en Segunda División.
Natxo González, Benito, Ángel Martínez (arriba, de izda. a dcha.); Jorge Díaz y Linares (abajo), cinco operaciones ejecutadas entre el Reus y el Real Zaragoza en dos años y medio de relación en Segunda División.
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Cuando llega este fin de semana de abril y se confirma en la práctica que el Reus no va a jugar en La Romareda por su descalificación fulminante de la liga por su desastrosa gestión societaria, se apelotonan en el pensamiento los vínculos que el modesto club reusense ha establecido en los tiempos modernos con el Real Zaragoza a través del mestizaje con varias de las piezas importantes que han dado forma a su breve paso por el fútbol profesional. 

Hasta el verano de 2016, cuando el Reus logró el histórico ascenso a Segunda División por primera vez en su centenaria historia, la intersección entre el club rojinegro y el histórico Real Zaragoza había sido nula en lo personal, en lo referente a jugadores o entrenadores. Décadas y décadas de nada. Apenas una eliminatoria de Copa del Rey a finales de los 70 del siglo pasado y algún amistoso suelto, de esos de verano, por aquella época lejana. Pero siempre fueron dos mundos muy alejados, el Reus Deportiu y el Real Zaragoza. 

La mezcla de transacciones, el cruce de miradas de tú a tú, llegó justamente a mitad de 2016. Hace nada. Ni siquiera tres años naturales.

La más sonora, la del fichaje por parte zaragocista del entrenador Natxo González en junio de 2017, figura de singular perfil que fue elegida por los responsables deportivos del Zaragoza (Lalo Arantegui y, sobre todo, José Mari Barba) fruto de una vieja relación personal que encontró el lugar y el momento adecuado al protagonizar el técnico de Vitoria (con residencia puntual en Cambrils desde largo tiempo) el ascenso del Reus desde Segunda B y sostener la permanencia en Segunda en el año de su estreno. El resto del episodio, por reciente y estruendoso, no es necesario rememorarlo. Aún escuece su huida desleal hacia el Deportivo de La Coruña hace 11 meses, con la liga aún por concluir y la Promoción de ascenso por jugarse (por cierto, ya no está en el club gallego, del que fue despedido recientemente).

De su mano, en la pretemporada de 2017, hace año y medio largo, vinieron los laterales titulares de aquel Reus triunfante: Benito, el derecho; y Ángel Martínez, el zurdo. El primero aún sigue en Zaragoza. El segundo no cuajó y salió de la mano del área deportiva a través del grifo que acaba en Grecia (Asteras Trípolis).

En sentido inverso, desde Zaragoza hacia Reus, hubo una operación de menor repercusión pero que le vino de maravilla, entonces, al equipo aragonés: después de una cesión fallida al Numancia, fue en la localidad tarraconense donde logró colocar al uruguayo Jorge Díaz, fichaje extraño de Ángel Martín González, director deportivo en su día del Real Zaragoza, y que no tenía sitio en el Real Zaragoza por falta de adaptación, de calidad y de rendimiento, sobre todo estas dos últimas cuestiones, ya sospechadas desde su misma contratación desde el Albacete. Díaz rescindió con el Zaragoza y encontró acomodo en el novedoso Reus, donde tampoco acabaría arraigando pese a tener a su familia por la zona de la Costa Dorada. Ahora está, curiosamente, también al otro lado del grifo griego, en el Panetolikos de la liga helena, un buen recaudo.

Y, por fin, en este corto pero activo periodo de mixturas entre Reus y Real Zaragoza, aún queda cerca y caliente la operación de Linares en el pasado mercado de enero, el invernal. Linares fue uno de los refuerzos del equipo aragonés en su desesperada y recortada en lo económico intentona por apuntalar un equipo que se iba al pozo de la clasificación. El ariete, camino de los 37 años, fue pionero en abandonar la atribulada plantilla rojinegra cuando ya se vio claro que el club catalán iba camino de la desaparición del fútbol profesional de manera tan rotunda como inmediata. Fue una operación fácil de captar para los responsables del área deportiva zaragocista, a placer pues el futbolista iba a quedar liberado gratis y sin cortapisas de ningún tipo, y que solo tuvo que lidiar las naturales trabas jurídicas iniciales de un proceso tan novedoso en el mundillo del balompié de verdad en España. 

Tangenciales a estos casos podrían citarse también otros, de menor rango y muchas más carambolas a la hora de establecer vinculaciones entre Reus y Real Zaragoza. Por ejemplo, la figura de Miramón, un todoterreno rebotado de la Ciudad Deportiva zaragocista en su juventud y que reapareció en el ámbito de plata en la élite futbolística nacional de la mano del Reus. Tanto que, ahora mismo, está a punto de concluir su curso con la SD Huesca, en la Primera División. 

También terminó en el Reus, tras un fugaz paso por Zaragoza, el lateral Campins, aquella rareza que trajeron Narciso Juliá y Albert Valentín en enero de 2016 al equipo aragonés procedente del Barcelona B y que tan poco jugó después, fruto de su musculatura de cristal. Campins ha estado temporada y media en Reus, tras quedar libre del filial culé y pasar un tiempo en el limbo. Ahora, en el post mortem rojinegro, este jugador está en la liga de Hungría, en un club llamado MOL Vidi.

Y, si se hila finísimo en el análisis, también asoma el delantero centro Edgar Hernández, una de esas apuestas del filial zaragocista en torno a 2008, entonces Zaragoza B, que no salió bien en la Ciudad Deportiva del momento y salió a dar vueltas por el mercado de Segunda B y Segunda por el Sabadell, Sant Andreu, Celta B, Alicante... y Reus, con el que también fue parte de la fase exitosa de su ascenso y primer mantenimiento en la serie de plata. Este muchacho, ya con 32 años, juega ahora en el Sabadell de Segunda B.

Hasta 2016, nada unió al Reus y al Real Zaragoza. Desde 2016 hasta 2019, en aluvión, llegaron todas estas referidas intersecciones en sus vidas cotidianas en el mismo ras de competición. A partir de ahora, quizá se vuelva a la nada que rigió durante décadas y décadas. El tiempo dirá, una vez que cada uno de los clubes parece tomar destinos dispares. Los de Reus, a la fuerza.

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