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El Real Zaragoza, de cómo hacer de la necesidad virtud

El equipo aragonés jugará este lunes de nuevo asomado al abismo, con infinidad de inputs adversos a sus intereses. Es, seguramente, el mejor momento para dar una sorpresa.

Víctor Fernández, pensativo, en el entrenamiento del Real Zaragoza antes de viajar a Cádiz.
Víctor Fernández, pensativo, en el entrenamiento del Real Zaragoza antes de viajar a Cádiz.
Aránzazu Navarro

El Real Zaragoza afronta un partido de su liga, la Segunda División, en la noche de este lunes en Cádiz (21.00). Eso dice el calendario global. Ahora bien, después del epígrafe abstracto, ya con 8 meses de torneo consumidos, el sentido común del fútbol dice que lo del Carranza no es, en puridad, una encomienda de su liga real. El Cádiz está a una pelea y el Zaragoza a otra bien distinta, incluso opuesta en su sustancia. Unos pugnan por la cabeza, los otros en el fondo de la tabla. 

Los gaditanos, si vencen a los zaragocistas, se ubicarán en el puesto 4º de la tabla. Parten de la 6ª plaza en el inicio de esta jornada que ya concluye. Mientras que los blanquillos llegan sentados en una butaca de la cola, su lugar habitual desde octubre, en el escalón 16º. El Cádiz contemporáneo arrancará el partido con 52 puntos, el Zaragoza con 37, o sea, existe una brecha de 15 entre la órbita de unos y otros. Lo dicho, dos ligas bien distintas. 

El Cádiz, con 41 goles marcados, es de los más certeros de la competición. Son 7 más que los anotados por los zaragocistas, que llevan 34. En su portería, el portero local Cifuentes solo ha recibido 26. El cuadro aragonés ha recogido de sus mallas 39. Es decir, 13 más. 

Los amarillos han ganado 14 partidos hasta hoy. Los blanquillos, solo 9. Los andaluces únicamente perdieron en 8 duelos, mientras que los zaragocistas fueron abatidos por sus rivales en 13 de sus envites. Son dos dinámicas bien dispares, alejadísimas desde muy pronto en el discurrir de la liga. 

Ya en términos más generalistas, los números denuncian que el Real Zaragoza, en los tres cuartos de competición ya quemados, no ha sido capaz de vencer a ningún rival de los de arriba. Ni de los que están ahora (Osasuna, Granada, Albacete, Málaga, Deportivo de La Coruña, el mismo Cádiz, Mallorca, Almería...) ni de los que, en su momento, se enfrentaron a él en posiciones de privilegio (Alcorcón, Las Palmas, ambos en la primera vuelta). Normalmente, pues, a los aragoneses les han quedado grandes siempre este tipo de zapatos, tipo Cádiz. 

Para que los vectores perniciosos sean más abundantes, llueve sobre la trayectoria zaragocista de este año el mal fario andaluz. Anécdota que, por persistente, acaba siendo tendencia. No hay manera de que los aragoneses dobleguen una sola vez a la múltiple escuadrilla de rivales de Andalucía de la categoría. El Granada le ha ganado los dos, en La Romareda (0-2) y Los Cármenes (1-0). El Málaga, venció en Zaragoza por 0-2. El Cádiz lo hizo también en el estadio municipal, por dos veces, pues hubo otro duelo de Copa del Rey (en ambos casos lo hizo por 0-1, un día con gol de Lekic y otro con tanto de Manu Vallejo). El Almería también le derrotó en los dos duelos dirimidos, 2-1 en el sur y 1-2 en La Romareda recientemente. Y hasta el colista Córdoba se permitió el lujo de no perder en Zaragoza, llevándose en su día un 0-0 en los estertores de la era Alcaraz. 

Los antecedentes recientes en Cádiz, otro nicho de análisis, asustan. En las dos últimas temporadas, las dos comparecencias del Real Zaragoza en el Carranza fueron sendos dolores de muelas, unas pesadillas difíciles de olvidar: 3-0 hace dos campañas, 2-0 en la pasada. Ni una ocasión clara de los aragoneses e infinidad de oportunidades locales, que pudieron acabar con goleadas de escándalo en ambos casos. 

O sea, que si uno fuese a tener en cuenta estas cosas, mejor quedarse en casa y ver una película de amor en la noche del lunes laborable, otro más, el tercero seguido (parece una broma de mal gusto de la LFP con el Real Zaragoza). Pero no es cuestión. Hay siempre asideros para todo. 

Así que, como dice el adagio, cuando las cosas siempre caminan por el mismo sendero y predisposición (el que sea, bueno o malo), cada vez está más cerca su volteo y su cambio radical de tendencia. Y a eso es a lo que el Real Zaragoza y todo el zaragocismo debe aferrarse en este duelo en el Carranza. 

El equipo zaragozano no ha dado una sola sorpresa este año en sus marcadores. Ha sido un equipo muy de sota, caballo y rey. Predecible, de fácil pronóstico. Derrotas normalmente ante los favoritos rivales, como por ejemplo en las tres últimas salidas a Pamplona (1-0), Granada (1-0) y Mallorca (3-0). Víctorias en días donde los perfiles de los adversarios más se ajustaban a su potencial, en cada momento del torneo. Por esto mismo, también va siendo hora de que, un día, este Real Zaragoza ofrezca un resultado de impacto, de esos que llaman la atención para bien de los suyos y varapalo para los otros. 

Cuando la liga ya encara su esprint final, parece un buen momento para romper moldes. Para dejar a todo el mundo boquiabierto con beneficio zaragocista. Para que no vuelva a repetirse la inercia de la fácil adivinación previa de lo que va a pasar en una visita blanquilla a uno de los de arriba. Para reventar quinielas. Para driblar a la mayoría en ese asunto moderno de las apuestas. Para arruinar apriorismos fatalistas de los afectados por la desazón crónica. Para que en Andalucía sepan que el Real Zaragoza sabe conjugar el verbo ganar en presente de indicativo. 

Quedan ya pocos lugares y rivales para obtener ese tipo de victorias que suponen valores añadidos en momentos de máxima necesidad, como la que vive hoy el Real Zaragoza. Y Cádiz se antoja, por todos estos múltiples factores citados, un lugar idóneo para lograr una. Así estamos. Este es el presente que vive el zaragocismo. Para qué lo vamos a negar. Es de necios. 

Un brindis, con fino de Sanlúcar de Barrameda, por un triunfo zaragocista. Como en tiempos pretéritos. Cuando venir a Cádiz era sinónimo de puntuar, de ver un gran partido del Real Zaragoza, cuando el fútbol era distinto. En todo. Ea.

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