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Abraham, un ex en el Nástic: ¿Cuál fue el último partido como zaragocista?

El lateral zurdo, de 33 años, fue blanquillo 5 campañas (una, cedido al Eibar), en Primera y en Segunda. Su adiós, sin jugar ese día, fue el Palamós en el 6-2 con el Llagostera.

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Abraham, difuminado en el centro de la fotografía, con el 24 en el pantalón, al final del partido Llagostera-Real Zaragoza (6-2), en Palamós, su último día como blanquillo.
Jordi Ribot/ICONNA

Abraham Minero jugará este lunes en La Romareda nuevamente. Ahora, a sus 33 años, es el lateral zurdo habitual del Nástic de Tarragona, rival del Real Zaragoza en esta crucial 32ª jornada de liga, con el descenso y la permanencia en juego para ambos equipos. El carrilero catalán es un enganche con la historia reciente del zaragocismo, pues en su trayectoria figuran nada más y nada menos que 5 temporadas como futbolista del Real Zaragoza, una de ellas, la cuarta, cedido en el Eibar (con los vascos en Primera y el equipo aragonés en Segunda, singularmente).

Abraham está muy a mano en el archivo de los aficionados zaragocistas. Su presencia suena a reciente. Fue un fichaje del agapitismo, en 2011. Y su presencia en la capital de Aragón se prolongó hasta junio de 2016. O sea, hace nada. Un verbo.

¿Recuerda cuál fue el último día que Abraham se vistió el uniforme zaragocista? Pues fue en Palamós, el día de la vergüenza ante el descendido Llagostera, aquella inexplicable e inexplicada goleada por 6-2 que dejó a los aragoneses fuera de la Promoción de ascenso en un día en el que servía el empate y, ganar al rival desahuciado, era acabar la liga en la 4ª posición. 

Abraham Minero estuvo en ese desastre, aunque para ligero alivio suyo no jugó un solo minuto. Con su dorsal '24' en la indumentaria, estuvo todo el tiempo en el banquillo y no fue utilizado por el entrenador, Lluís Carreras, en tan señalada tragedia histórica para el zaragocismo. En cualquier caso, Abraham fue uno de los miembros de aquel vestuario que fueron barridos en absoluta mayoría por parte de los dirigentes del club, la actual propiedad. La limpia fue masiva y afecto a Abraham de lleno tras su lustro cumplido como jugador blanquillo.

No fue un jugador de éxito, pese a tan larga estancia (extraña, por otra parte, en tiempos de alta volatilidad de los futbolistas). Llegó del filial del Barcelona, de Segunda B, junto a su compañero Edu Oriol. El Zaragoza estaba en Primera División tras haberse salvado en el famoso partido del Levante en Valencia. Lo entrenó, de entrada, el mexicano Javier Aguirre. Luego, al ser destituido, cogió el timón Manolo Jiménez. En su debut en la élite, Abraham jugó en esa liga 22 partidos. 

El año siguiente, por ende, vivió el descenso a Segunda que sigue sin rectificarse. El de Jiménez como técnico y mánager general de los estertores de Agapito Iglesias al frente de la SAD con mando en plaza verdadero. Ahí, Abraham jugó 35 partidos. Tuvo más protagonismo en tan nefasta campaña, en la que el Real Zaragoza bajó como último clasificado. 

En Segunda División, en su  3ª campaña en la entidad zaragozana, Minero fue sujetado por García Pitarch, director general llovido del cielo de los rectores del fútbol español para acabar con el agapitismo, pese a que su ficha era de las más altas de la plantilla de plata que dirigió Paco Herrera y remató Víctor Muñoz ese año. Participó en 24 partidos, pero no tuvo la vitola de titular habitualmente.

De cara a la 4ª temporada, ya con la nueva propiedad (la de hoy en día) y con las arcas en precario, a Abraham se le buscó acomodo fuera del Real Zaragoza. Fue en Eibar, en un Primera División, condición que era indispensable para poder pagar sus emolumentos, que quedaban fuera de las posibilidades zaragocistas (al margen de que, deportivamente, su presencia no se consideró nunca indispensable). No vivió por lo tanto el 'casi ascenso' de Las Palmas, con Ranko Popovic en el banquillo. Él estaba en Ipurúa.

Y, finalmente, su adiós al Real Zaragoza tuvo lugar en el 5º año de contrato. Fue repescado por el equipo aragonés, tras un ajuste de ficha ostensible, y formó parte del equipo de Popovic en el verano y, al final, con Carreras. Hasta lo de Palamós. Jugó en 21 partidos, sin relevancia especial. El último sobre el césped, en la jornada 40ª, en El Alcoraz de Huesca, aquel 1-1 en la recta final del campeonato. 

Fueron, en definitiva, 102 partidos de liga, entre Primera y Segunda, en los que el nombre de Abraham Minero asomó en las alineaciones del Real Zaragoza contemporáneo. Ahora, cuando abril de 2019 comienza, el futbolista catalán llega a La Romareda con el Nástic de Tarragona, en dificilísima situación propia al borde del descenso, y con la intención de meter en problemas serios a sus ex, un Real Zaragoza que habita en la latitud más baja de las últimas 70 temporadas. Minero sabe bien lo que son los apuros y el frenesí en La Romareda y sus alrededores.

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