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Pombo "no está fino, desgraciadamente no está a su mejor nivel", según Víctor

El entrenador del Real Zaragoza desnuda la realidad del mediapunta canterano, que va a concluir una temporada accidentada por motivos diversos, algunos ajenos a él.

Pombo, serio, con Biel y detrás Delmás.
Jorge Pombo, en primer término, con gesto afectado. Junto a él, Pep Biel. Y detrás, Delmás.
Aránzazu Navarro

Jorge Pombo lleva un año tortuoso dentro del campo. Su temporada futbolística, en contraposición con la pasada, en la que terminó por despuntar como jugador emergente y diferencial en el ataque del Real Zaragoza tras un tiempo de maduración en la primera plantilla, está terminando por ser irregular, llena de altibajos, de idas y venidas anímicas de la mano de todo el equipo.

No es cuestión solo de él. La mala marcha del cuadro zaragocista en esta campaña liguera, fruto de los errores en la composición de la plantilla desde los núcleos de responsabilidad sobre ello, también ha afectado a jugadores que debían dar un paso adelante en su segundo año de confirmación en el equipo: caso de Pombo, pero también de Lasure, de Delmás... Y, en el caso de estos canteranos, los dimes y diretes permanentes, interminables, relativos a sus respectivas novaciones de contrato (promovidos desde dentro) han ayudado al despiste mental de cada uno de ellos en momentos determinados. 

Pombo, que sigue sin firmar el cambio de condiciones de su contrato pese a que desde la dirección deportiva se viene atornillando subrepticiamente al '8' desde hace largo tiempo (declaraciones de Lalo Arantegui en diciembre incluidas, en rueda de prensa sonora), se ve últimamente en el ojo del huracán. No juega bien, no está a la altura de sus mejores días, se le nota alterado, sin engranar con el entorno. Eso, en un jugador de sus dotes técnicas, es más visible hacia el exterior que en jugadores más grises, más del montón, más planos en su aportación al equipo. El no es así de normal. Es más brillante, diferente. 

Ahora, cuando la liga toca a su fin y encara la recta final del torneo, con el Real Zaragoza metido en problemas clasificatorios en la zona baja de la tabla, se echa en falta más que nunca a jugadores como el mejor Pombo. El de los pases, el de los goles, el de los desmarques, el de la presencia permanente en el ataque del equipo. Y Víctor Fernández, en su rueda de prensa previa al partido contra el Nástic de Tarragona de la jornada 32ª, lo dejó claro, cristalino.

"¿Que cómo veo a Pombo? Pues como tú. Lo veo que no está fino. Y es un chico que lo tenemos que recuperar. Lo dicen las sensaciones. Lo dicen las cifras. Lo dicen los registros", respondió a una pregunta desde la bancada de los periodistas en la matinal del viernes, alusiva al descentramiento que emite el futbolista canterano hace muchas semanas.

El propio entrenador, por lo tanto, admite que Pombo está fuera de sintonía. Que no rinde porque sus circuitos, su solvencia física y técnica no está siendo acorde a las prestaciones que tienen su cerebro y su motor futbolístico. "Es importante que lo recuperemos como jugador del mejor nivel. Desgraciadamente, ahora no está a ese mejor nivel", redundó Víctor Fernández con hondura de diagnóstico. Con lamento. 

A Pombo, las circunstancias de su envoltorio han acabado por fagocitarlo, por devaluar su rendimiento. Tristemente, muchas de esos organismos que han generado la fagocitosis de su fútbol parten de núcleos interiores desde los que no deberían surgir nunca causas tóxicas para los jugadores del propio equipo. Es un modo de administrar los colectivos humanos que, en el caso del Real Zaragoza, está teniendo muchas más contraindicaciones que beneficios globales. Pombo, indudablemente, es un paradigma notorio de ello. Uno de tantos.

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