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Víctor Fernández, semana de diván y ejercicios espirituales

El entrenador del Real Zaragoza, nada más concluir con derrota la cita de Granada, anunció tiempos nuevos, cruciales, de sufrimiento y máxima atención para huir del descenso.

Victor, nervioso en el banquillo Granada
Víctor Fernández, nervioso en la banda durante el doble cambio que llevó a cabo en Granada a falta de 8 minutos.
Miguel Ángel Molina

Víctor Fernández se prepara para afrontar una nueva fase de su tercera etapa como entrenador del Real Zaragoza. La más delicada. La que requiere un mayor trabajo de orfebrería desde el mando del banquillo, del vestuario del equipo. La liga se le ha complicado a falta de 13 jornadas para el final. Y esto es la Segunda División. A solo 4 puntos del descenso, con una racha fatal de un punto sumado únicamente de los últimos 12 disputados, a Fernández le ha sobrevenido algo que él mismo, a veces con pocas ayudas alrededor y con pocas entendederas desde fuera del grupo, se ha encargado de advertir durante muchas semanas: ojo al peligro de la zona fatídica de la clasificación.

La derrota de este domingo en Granada, que aún escuece y sangra por cercanía temporal, ha abierto la caja de los miedos con el mismo ruido que cuando el propio Víctor llegó a relevar a Lucas Alcaraz tras perder 3-1 en La Coruña a mitad de diciembre y todo el mundo se asustó al ver al equipo hundido en el fango. 

Numéricamente la cosa no está tan mal como entonces... pero se parece progresivamente desde hace 15 o 20 días. Tras lo de Riazor, el Zaragoza se metió en el puesto 20º. Ahora, después de Los Cármenes, se halla en el 18º. No es mucha la distancia, un par de escalones. El matiz, relevante, es que el 20º significa morir y el 18º se queda en puertas.

Por eso, el actual Real Zaragoza aún está a tiempo de rectificar, de reaccionar y ponerse a salvo in extremis. Pero, en plena caída en la tabla, con numerosos detalles que anuncian la reaparición de los problemas de fábrica que porta el equipo desde el verano pasado, Víctor avisó de que vienen curvas y que habrá que saber trazarlas para no irse fuera del carril.

“Nuestro partido va a ser ya el del sábado ante el Elche. Este sí que va a ser ya del nivel de exigencia de cuando llegué el día del Extremadura. Este partido hay que afrontarlo igual que cuando vine el primer día”, comenzó anunciando a los cuatro vientos Fernández en la sala de prensa de Los Cármenes. Marcó un antes y un después de este nuevo patinazo en campo granadino. 

Y, de inmediato, quiso presumir de su olfato, de sus consolidados (por veteranía y experiencia) criterios técnicos respecto del perfil que tiene hoy en día su Real Zaragoza. Lanzó un recordatorio a los que no le han hecho mucho caso en sus pronósticos, a quienes han ido en dirección contraria queriendo ver al Zaragoza en la pelea por la Promoción de ascenso a estas alturas de liga cuando eso era, desde la inmensa mayoría de los puntos de vista posibles, una quimera.

“Ahora, todo el mundo es ya consciente de esto que pasa. Algo que yo he anticipado desde hace muchísimas semanas, desde hace dos meses y medio que llevo aquí. Ahora todos ven que nuestro objetivo es… el que es. Y que no podemos aspirar absolutamente a nada”, subrayó con martillo y cincel Víctor Fernández en Granada. 

“El objetivo es solo uno: ganarle al Elche y alejarnos un poco más de la zona de peligro. Es muy complicado porque los de atrás van arreando fuerte y nosotros tenemos muchos contratiempos”, dejó, esta vez con la esperanza de que nadie le vuelva a contradecir, dicho con toda la contundencia del mundo. 

Víctor Fernández, al recordar sus primeras horas tras fichar por el Real Zaragoza el 18 de diciembre, sugiere ahora unos días de diván, de ejercicios espirituales. De psicología, con gotas de psiquiatría si es preciso. Va a ser más importante resetear las cabezas de los futbolistas (y de los no futbolistas) y acercarlas al problema real que entrenar sobre el césped los asuntos técnicos (por otra parte, de difícil, si no imposible, solución).

“Nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo y no pensar en lo que hacen los demás, los de abajo. Ahora mismo, el equipo está mostrando un nivel que no le corresponde. Tenemos mejores sensaciones que resultados y eficacia. Todo esto, con las bajas y percances que se acumulan, nos hace más difícil afrontar el reto que tenemos por delante. No me preocupan los demás, me preocupa… nosotros”, enfatizó Víctor.

“El aspecto anímico, si pierdes, te debilita, te erosiona, te desgasta. Es evidente que llevamos tres semanas hablando desde esta misma lectura. Y tenemos que mejorar muchísimo en el aspecto de eficacia, de efectividad, en el aspecto de ser más vivos en el juego”, prosiguió en ese sentido relativo a lo mental.

En esa primera semana a su llegada antes de Navidad, Víctor Fernández incidió sobre todo en hablar mucho con el vestuario. En intentar modificar su autoestima, su visión debilitada como bloque futbolístico (así lo recogió, tras el bimestre negro con Alcaraz). Trabajó más la palabra y la oratoria pedagógica que lo táctico. Y algo así debe repetirse de aquí al sábado, cuando el Elche llegue a La Romareda.

“El plan a partir de ahora es… trabajar, seguir trabajando. Y esperar que, algún día, también tengamos un golpe de fortuna. Que nos equivoquemos y… nos adelantemos en el marcador. También hay que esperar algún golpe de fortuna. Y no bajar los brazos y seguir peleando”, instó Víctor tras lo de Granada, mirando con súplicas también al cielo, en busca de la complicidad de esos imponderables que tanto tienen que ver, a favor y en contra, en el ámbito del deporte profesional cuando las cosas vienen torcidas. 

Después de más de 10 minutos de repaso sincero de lo que se confirmó en Granada, Víctor Fernández concluyó con una aseveración-deseo, más fundamentada en la intuición que en la certeza: “Lo vamos a sacar adelante. Lo vamos a sacar porque… el equipo me transmite esas sensaciones, sin lugar a dudas”, acabó su análisis del presente. Vienen días de alto valor de cara al futuro próximo del Real Zaragoza SAD.

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