Real Zaragoza

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El Zaragoza, un equipo incorregible

Viejos problemas, mismos resultados: los deslices del balón parado, la indefensión del área, y la falta de ‘punch’  castigan al equipo en Granada.

PARTIDO DE LIGA GRANADA - REAL ZARAGOZA/ 10/03/2019 / FOTO : MIGUEL ANGEL MOLINA [[[FOTOGRAFOS]]]
Jorge Pombo protege una pelota ante la acometida de Fede San Emeterio.
Miguel Ángel Molina

Podría haberse pegado el Zaragoza cinco días jugándole al Granada que nada hubiera cambiado. Ni hubiera marcado gol, ni hubiera empatado el partido. Ni mucho menos lo hubiera ganado. Si acaso, mucho más factible, habría encajado algún otro latigazo del rival en alguna pelota parada, en algún lance aislado. No fue el Granada mejor que el Zaragoza, el equipo que manejó los hilos del balón, pero no del partido. Que no es lo mismo. Los de Víctor generaron, produjeron fútbol, movieron la pelota, llegaron a los metros finales… Pero, una vez allí, le faltó precisión, remate, claridad, orden táctico en la pizarra, desborde y lucidez individual. La historia es vieja conocida, por eso extraña poco, menos cuando el conjunto nazarí se adelantó en el primer mordisco que pudo. Aquello condicionó el partido, desde el minuto cinco, el Zaragoza debió nadar en contra de la corriente, como ya es normal y ley en su vida diaria.

El Granada no fue superior, pero sujetó el partido y lo ganó porque controla todo aquello necesario para alzarse a las alturas de esta categoría, virtudes, precisamente, que ocupan el casillero de defectos del Zaragoza. Por eso, unos están donde están y otros se asoman de nuevo al abismo del descenso, con solo cuatro puntos de renta con el Extremadura.

El Granada tiene juego a balón parado, el Granada sella su área como si la vida le fuera en ello a sus centrales, el Granada no llega mucho, pero tiene ‘punch’ en la zona decisiva del campo y el Granada, por si fuera poco, sabe jugar los minutos del descuento con madurez, astucia y oficio. Al contrario, todo ello, que el Real Zaragoza.

Un equipo incorregible: sufre dolores de muelas en cada acción de balón parado (en defensa, pero también en ataque), su área solo cuenta con la vigilancia fiable de su portero (preocupante nivel de Chechu Dorado), su línea ofensiva -bien por la bajas, bien por el desorden táctico en la pizarra de Víctor Fernández, bien por la falta de inspiraciones…- no acaba el juego que produce el centro del campo, y su lectura de las necesidades de los minutos finales fue torcida, incomprensible.

Por si fuera poco, en ese periodo último, en el centro del campo, con medio ataque lesionado de cara a los próximos partidos, a Pombo no se le ocurrió otra cosa que confirmar su desconexión total con una falta innecesaria, de amarilla, cuando se sabía que sería la quinta y, por lo tanto, motivo de sanción.

Estos problemas se han acentuado en las últimas semanas. El Almería ya le cosió a goles a balón parado hace una semana (casi una veintena ha encajado así el Zaragoza esta temporada). En el momento de la verdad, en la franja del campo en la que se decide y se resuelve, al Zaragoza le faltan soluciones, le falta orden, espacios y posiciones naturales, y también claridad en las decisiones personales: se pasa cuando hay que tirar, se tira cuando hay que pasar, se pasa al primer palo y no al segundo, se pasa al segundo palo y no al primero… Ese tipo de acciones que se acumulan ya como una carga frustrante y dolorosa.

De no remediarlas, al Zaragoza le esperan unos meses de agobios y tensiones.

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